Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 25, 2007

DANDO LA RAZÓN A DRAGÓ

De Fernando Sánchez Dragó se dice que es un egocéntrico y que ésta mal de la cabeza. Bueno. Él nunca lo ha desmentido. Después de su magnífica novela Muertes paralelas y de que su noticiario nocturno en Telemadrid sea el mejor de cuantos se pudieran desear, lo último de Dragó ha sido soltar unas cuantas verdades de las que escuecen. "Los españoles son uno de los pueblos más sucios de la Tierra y los madrileños ni te digo. Y los emigrantes, aún peor." Duele, ¿eh? Y, de paso, el metro de Madrid "da asco", la capital huele a infierno y sabe "a hidrocarburo". Ha sido incorrecto, muy incorrecto, pero honesto a más no pedir. Ante esto, los madrileños reaccionaron cual pueblerinos, acusando a Dragó de haberles mancillado el honor y de ser un xenófobo. ¿Es que la verdad se va a ver obligada a huir de España?

No tenía de qué disculparse Sánchez Dragó. Ya sé que tiene que velar por la audiencia y todo eso, pero aun así... Ni el fondo ni la forma de sus palabras deberían ofender a un ciudadano honrado y seguro de sí: al que es limpio y cuidadoso no le pueden molestar; al guarro y bruto le deberían hacer reflexionar. Y lo del candidato socialista Sebastián rasgándose las vestiduras junto a los paletos, en fin, lo entiendo, el Barrio de Salamanca, donde él reside, siempre ha sido muy higiénico, lo que no da a lugar a que piense en zonas más sucias, degradadas. Por lo demás, yo mismo he visto a gente orinar en el suburbano, y las calles del centro son un vertedero en ciernes. El sabor, vale, reconozco que no he lamido suelos o tragado contaminación, pero huele que apesta por doquier. Dragó no exagera ni miente.

En el siglo XVIII, cuando Madrid era una ciudad polvorienta, pobre, pordiosera y Carlos III intentó adecentarla y mejorarla, ya tuvo el buen monarca ilustrado que comentar que sus súbditos, como si fuesen niños chicos, lloraban al lavarles. ¿Hemos vuelto al llanto por el miedo a la esponja de la verdad? Si no supiera que las declaraciones de Dragó fueron manipuladas en las radios gubernamentales y que el furor popular fue menor del que se cree, hasta concluiría que los madrileños no han cambiado mucho desde los tiempos de Carlos III.

domingo, febrero 18, 2007

CASTELAR PROFANADO

Supongo que la glorieta o plaza de Emilio Castelar en Madrid se sigue llamando así por tener un monumento dedicado a ese mismo personaje, lo contrario de lo que pasa con la plaza de Cánovas del Castillo, que es conocida entre el vulgo como plaza de Neptuno, por culpa de la estatua del dios (magnífica por otro lado). Erigido por suscripción pública, este homenaje bien lo merecía Emilio Castelar (1832-1889), y otros muchos más, qué duda cabe. Fue otro monstruo político del siglo XIX: republicano liberal, cuarto presidente de la I República y ocasional rival de Cánovas, aunque dentro de una fiel amistad, durante la Restauración. Y es considerado el mejor orador español, el Cicerón español. Tras una irreprochable actuación en la República, se retiró de la política en 1888, al llegar el sufragio universal (1890).

No soy republicano, bien lo saben, mas admiro a Castelar. Posee el honor de haber protagonizado aquella famosa anécdota en la cual, respondiendo a la pregunta de qué le gustaría haber sido de no haber nacido español, dijo, seguramente convencido y orgulloso: "Pues yo, si no fuera español, me gustaría serlo". Alivia comprobar que no siempre han sido procaces y negadores de su españolidad nuestros republicanos e izquierdistas (téngase en cuenta que, en esa época, el liberalismo político puro estaba más cerca de lo que hoy conocemos como izquierdismo). Y resulta que, para asombro e indignación de mi persona, el otro día me topé con una impresentable incorrección. Se lo pueden imaginar... ¡El monumento a Castelar había sido mancillado con una bandera republicana tricolor!

Era el baldón una ofrenda floral, una corona de flores con los consabidos colores: rojo, amarillo y morado--el falso pendón de Castilla--; reposaba a los pies de la electrizante estatua de Castelar que realizase el escultor Benlliure en 1908 para el impresionante conjunto. Los vándalos que allí depositaron eso deberían saber, si no fueran tan ignorantes, que, además de que Castelar nada tuvo que ver con la II República, la bandera utilizada durante la I República no fue otra que la roja y gualda tradicional. ¡Vil profanación! ¡Viles bárbaros!

domingo, febrero 11, 2007

TRES SERIES (Y III)

Si a día de hoy preguntásemos a un aficionado a las series de animación japonesa cuál considera que es la que ostenta el podio de la popularidad, probablemente respondería que Naruto. Comparada en cuanto a difusión y estilo con Dragon Ball, la historia de ninjas obra de Masashi Kishimoto, mezcla de aventura, drama y comedia, se emite desde el 2002, no parando jamás de crecer en audiencia y en fanáticos seguidores. El protagonista de Naruto da su nombre al título de la serie, así es que todo se focaliza en él, siendo su carisma y su simpatía razones para el aplauso del público. Ciertamente, al pícaro Naruto sólo un desalmado le negaría una oportunidad. Entre su traumático pasado y su presente sonrisa, añadiendo una determinación inquebrantable, es el hiperactivo motor de la serie.

Mientras que en One Piece se viaja por el mundo y los cambios de escenario son continuos, en Naruto todo es, digamos, más local. Los sucesivos arcos argumentales prefieren los conflictos internos de su gran elenco de personajes (otra clave para la aceptación, ya que siempre se encuentra alguno con el que identificarse) y nula grandilocuencia: todo queda en casa. En efecto, los malvados, Orochimaru e Itachi, son, antes que amenazas del futuro, sombras del ayer. Aun así, ambas series, la de los piratas y la de los ninjas, comparten las elevadas metas de sus respectivos protagonistas. De One Piece contaba que el sueño de Luffy era llega a ser el rey de los piratas; Naruto pretende convertirse en el líder supremo de su aldea (me ahorro el nombre del cargo, que no sé si ponerlo normal o en cursiva).

Naruto ha sabido preparar su continuidad a medias. Como ya hiciese Dragon Ball en el pasado, transmutando en Dragon Ball Z cuando Goku creció, igual sucederá con Naruto. Sin embargo, esto va a ocurrir después de más de ochenta infumables capítulos de relleno (o capítulos de menor calidad, de bulto, que no aparecían en la versión en papel de la serie). Una afrenta que sus adictos y adeptos están dispuestos a olvidar, porque la llamada "segunda temporada" de Naruto empezará el día 15 y no están por la labor de perdérsela.

viernes, febrero 09, 2007

PLANES PARA EL FUTURO

Hace tiempo que estoy muy ocupado. Aunque he terminado, espero y creo exitosamente, los primeros exámenes (doy gracias por sus apoyos y ánimos), he de encargarme ahora de tediosos trabajos universitarios y de muchas cosas más. Debo dar un respiro a mi teclado (que trabaja tanto en artículos como en otras producciones literarias mías de las que es mejor no hablar) y a mí mismo, pues no quiero volverme reiterativo y bloquearme. Como la actualización semanal de este blog es prácticamente intocable e inalterable, el afloje vendrá del lado de la colaboración con Navarra Liberal, a partir de la última semana de febrero eventual (cada mes, un artículo al menos) en lugar de regular. En todo caso, seguiré publicando los miércoles. Y para Aragón Liberal tengo preparado, para el próximo viernes, el primer artículo de dos sobre la Constitución de 1876. Así es mi planificación a corto y medio plazo.

Siempre que doy informaciones del funcionamiento de este espacio no me despido sin antes contarles algún chisme o recomendarles algo, normalmente una lectura. Hoy, también. Lean esto. En efecto, los que sufríamos con el descanso de Federico Jiménez Losantos en las columnas de Libertad Digital estamos de enhorabuena, porque parece que regresa con una envidiable fuerza. Menos mal, que ya pensaba que no iba a recoger el guante de Buenafuente, un dizque periodista y humorista solamente superado en poca gracia y peor gusto por Eva Hache (ambos personajes ya han sido criticados aquí: revisen el archivo histórico).

domingo, febrero 04, 2007

TRES SERIES (II)

En un comienzo, One Piece, como serie de animación (desde 1999), fue fresca, novedosa, conociendo pronto el éxito de crítica y público. La serie de piratas y aventuras por antonomasia, encabezada por Luffy y su banda, era desbordante en cuanto a imaginación (historia, personajes, ambientes...) y sobresaliente en lo que respecta a espectacularidad visual y musical, con una animación efectista y una banda sonora impresionante. Empero, sea como fuere, la serie ha ido sufriendo a lo largo de los años una penosa degradación. Sus períodos arcaico--interesante, prometedor—y clásico--excelente, insuperable--han dejado paso a lo barroco. One Piece se copia a sí misma y se exagera, enjoya y maquilla, pero ni avanza ni propone nada nuevo, y es claro el agotamiento de sus formas y concepciones.

El simple argumento, bien aderezado, lo tiene todo para cautivar. El viaje de Luffy a través de su vasto y fantástico en busca del tesoro de Gold Roger, que lo convertirá en el rey de los piratas, es una historia, cuando menos, épica. Partiendo de la premisa básica, la tripulación (a cada nuevo miembro, un pasado más lacrimoso), el barco, las batallas a sangre y fuego contra otros ambiciosos piratas o contra la Marina, los enfrentamientos entre camaradas y... el barroquismo, cuyo síntoma se atisba ya en la mejor saga, la de Alabasta (de su villano, Cocodrilo, hablé en un viejo artículo), cuando en ella se sacramenta y se abunda en uno de los defectos de la serie, que consiste en que, pese a las violentas, sangrientas palizas que se dan, no muere ni dios. Aunque uno reviente, le ensarten o le disparen.

Ah, dios con minúscula, porque, fuera de mí el ánimo de tomar el nombre del Señor en vano, aludo al protervo ser que, con su delirante y ciertamente absurdo proyecto, acaba por implantar el exceso en la serie. El dios Enel, soberano del mundo superior de Skypea, pretende, básicamente, cargarse su reino para después viajar a una tierra aún más superior que en realidad es... la luna. Con semejante saga, One Piece ha entrado en una enajenación de la que, vistos subsiguientes arcos argumentales, no saldrá hasta su final, que vaticino lejano.