Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 31, 2008

LONDRES, CIUDAD IMPERIAL (I)

Años atrás, cuando todo era más fácil y en Inglaterra gobernaba John Major, estuve en Londres. Y de ese viaje conservo el recuerdo de lo que se nos había mostrado a los niños pequeños en Mary Poppins o en las primeras escenas de Peter Pan: una ciudad de deshollinadores y señores con sombrero, oscura y fría en el exterior, pero dotada con aquellas encantadoras casas con chimeneas en el tejado, casas muy acogedoras y lujosas. Y, además, era una ciudad con personalidad propia. ¿Dónde encontrar esos autobuses rojos de dos pisos? ¿Y qué hay del típico bobby de Scotland Yard? En mi memoria permanece la fascinación por ese universo que parecía tan distinto. Por cierto, conservo una fotografía en la que aparezco con un casco de bobby corriendo por las verdes praderas de Hyde Park.

Ahora que he regresado de Londres con un buen catarro, mi impresión sigue siendo la misma. A pesar de las nieblas, de los vientos y del cielo encapotado, ¡lo que daría por administrar un cálido hogar victoriano! En cierta medida, Londres puede guardar una semejanza con París por lo monumental y lo grandioso. Pero la primera es, cómo decirlo, más imperial. No hay forma de escapar de la grandeza, del conocimiento de que desde allí se regían los destinos de un inmenso imperio, lo que toda Europa miraba con envidia. La omnipresencia de Nelson y Wellington contribuye a ello, así como detalles insignificantes, como bancos en la orilla del Támesis con reposabrazos que son esfinges.

Y con toda la frialdad y pasión por lo clásico (no hay construcción que no tenga columnas, frisos, frontones y absoluta simetría), la emoción está presente en decenas de monumentos conmemorativos a los caídos en distintas guerras: Crimea, Guerra de los Boers, Gran Guerra Europea, Segunda Guerra Mundial. Los británicos saben homenajear a sus héroes.

Junto al Imperio y la guerra se halla lo siniestro. No en vano se asocia Londres con la comisión de delitos escabrosos y sangrientos, al amparo de la niebla, mientras que en la luminosa París la imaginación tiende a situar el ladrón de guante blanco. La Torre de Londres, con sus ejecuciones y leyendas, o la cámara de los horrores del Museo de Cera de Madame Tussauds son parte de ese gusto londinense por el crimen y el mal.

De todas maneras, se ha superado mucho de lo que cuenta Joaquín Merino en su libro Londres para turistas pobres. Es más, creo que en Londres se puede comer y todo.

Pero ya es momento de acabar el prólogo y anunciarles que en el siguiente escrito repasaré con ustedes los highlights de este viaje y alguna que otra anécdota.

miércoles, agosto 20, 2008

HAY MOTIVO PARA NO VER CINE ESPAÑOL

En 2004, fue lanzada una película de infausto recuerdo: Hay motivo. Se trataba de una recopilación de cortos, dirigidos por David Trueba, Icíar Bollaín, José Luis Cuerda, el Gran Wyoming, Julio Médem, etcétera, cuyo propósito no era otro que atacar al Gobierno del PP. Y por supuesto, el ataque fue todo lo furibundo que cabe imaginarse. En aquel momento, faltaba muy poco para las elecciones, el PP aventajaba al PSOE, por lo que estos cortos propagandísticos iban dirigidos a cambiar la situación. Su estreno en cines, por lo demás, supuso un fiasco.

Leyendo unas críticas al respecto, he encontrado una muy acertada. Explica que para los titiriteros, cegados por su odio a Aznar, si una persona resbalaba era porque el PP no hacía buenos suelos. Y es la verdad. En 2003 y 2004, el acoso al Gobierno fue brutal, pero nadie habló de crispación o de desgaste de las instituciones. Eso sólo vale si gobiernan los socialistas.

Además, es interesante contemplar el reverso de la moneda: en 2008, los artistas han vuelto a apoyar a Zapatero. Esta vez no hicieron una película de cortos completamente pesimista, siniestra y catastrofista, sino que se pasaron al Defender la alegría y a denunciar lo que ellos mismos habían agitado cuatro años antes, a pesar de que, curiosamente, seguimos padeciendo los mismos problemas de los que se daba cuenta en su filme. Pero ellos no tienen otro horizonte que el de la subvención y el sectarismo más insoportable.

Nunca olvidaré a José Luis Cuerda llamando a los del PP, entre tartamudeos, "turba mentirosa e imbécil" o haciendo absurdas referencias a una "teocracia estúpida". ¿Es éste el nivel de los que a sí mismos se han proclamado intelectuales y defensores de la moral nacional, de izquierdas, claro está? ¿Merecen los titiriteros recibir subvenciones para que sigan distribuyendo su propaganda socialista?

Pongamos un ejemplo. José Luis Cuerda ha dirigido una nueva película. Como ya hay muchas películas sobre la guerra civil, está ambientada en la posguerra española, o sea, más de lo mismo. Y presenta otros elementos caros a la intelectualidad socialista: el escritor comunista escondido en el armario o el cura que siente la tentación de la carne. El resto se puede adivinar. El comunista relatando a su hijo las glorias republicanas; el cura siendo amenazado por un pérfido obispo; la Guardia Civil haciendo de las suyas... Y encima el director se cree sus propias fantasías, pues en una entrevista declaraba que no era una película "partidaria". No, desde luego que no, pero le aseguro una cosa: la turba no va a ir a ver su enésimo bodrio, así que habrá de conformarse con más sopa boba estatal.

El cine español genera al año una importante cantidad de productos defectuosos, como diría Risto Mejide. Y muchos titiriteros tienen el descaro de presentarlos como aportaciones vitales a nuestra cultura, de suerte que han de ser subvencionados para que no se pierdan tantas obras maestras. Recuerden: el cine español no está en crisis por falta de ideas o talento de los artistas, sino porque los españoles no lo valoramos lo suficiente. Si a eso añadimos el sectarismo ideológico de sus creadores, su incultura y su inquina, creo que la única respuesta honorable es el boicot. Desde 2005 no he ido nunca al cine a ver una película española. Ustedes deberían hacer lo mismo.

NOTA: Estaré en Londres hasta el día 28, pero supongo que podré seguir leyendo sus espacios.

miércoles, agosto 13, 2008

JUECES DE PELÍCULA

En España estamos muy necesitados de instituciones sólidas y con prestigio, instituciones en las que puedan confiar plenamente los ciudadanos. En cambio, ellas mismas se han ido labrando una mala fama que sólo es achacable a su nefasto proceder. Así, el caso flagrante del Tribunal Constitucional, presidido por una mujer que debería haber dimitido en al menos tres ocasiones. Aquí se da una evidente manipulación política, unida a la fe inexistente de los magistrados en su cometido, pues no hacen valer su independencia y razonan no sujetándose al Derecho, sino a intereses políticos. Pero hay otros casos.

La Audiencia Nacional es un tribunal especial, con jurisdicción en todo el territorio español, que conoce de delitos especialmente graves: terrorismo, corrupción, tráfico de drogas... Esta excepción al principio del juez natural se justifica en razón de la eficacia de la AN en la persecución de tales delitos, además de que es un instrumento muy útil en la lucha contra el terrorismo nacionalista vasco. Pero si descubrimos que en ella anidan jueces que bien por cobardía, bien por simpatía con los terroristas, no hacen su trabajo como deben, dejan sueltos a los criminales y se dedican a vanos e infructuosos litigios internacionales, entonces la Audiencia Nacional pierde su sentido.

Por supuesto, me refiero a Guillermo Ruiz Polanco y Santiago Pedraz, dos buenos pájaros de la Audiencia. El primero se ha encargado de excarcelar a la etarra Beloki para que se someta a un tratamiento de fertilidad. Los jueces como Polanco son comprensivos y bondadosos... con los villanos, y no les importan los esfuerzos policiales o el sufrimiento de las víctimas. No se entiende por qué esa mujer debería salir de la cárcel para dicho tratamiento, los médicos no ven tal necesidad, pero Ruiz Polanco sabe tratar bien a los terroristas. Del mismo modo, en 2004 el terrorista Ibai Ayensa dejó la prisión gracias a las negligencias del que ya es conocido como Guillermo I el Excarcelador.

Santiago Pedraz, por su parte, ha asumido el papel de héroe mundial, despreocupándose de ETA y de cosas así, no sea que un día le pasen factura. Amparado en la muy amplia capa del principio de justicia penal universal, dedica su tiempo y nuestro dinero a la caza y captura de soldados estadounidenses y burócratas chinos. Sin embargo, es improbable que la Interpol le haga caso, así que, como ya he leído en bastantes sitios, debería personarse él mismo en el lugar de los hechos, melena al viento, y encarcelar a los malos a base de repetirles lo establecido en la LOPJ y en el Código Penal español. Como el Juez Dredd. Salvo que Pedraz sería el Juez Pusilánime.

Mi imaginación ya se ha disparado: estaría bien hacer una película de esto. El famoso juez Garzón se halla en China dando unas conferencias sobre derechos humanos. El régimen comunista, preocupado por la repercusión que puedan tener las iluminadas palabras del juez español entre sus súbditos, decide encarcelarlo para que no dé problemas. Sólo un hombre puede salvar a Garzón: su antiguo rival, Pedraz, que se desplazará a China y se infiltrará en el territorio enemigo en busca del juez prisionero. En fin, sería un refrito de Rambo III.

Pero así es el panorama judicial español. De película, pero de película mala y cutre, o sea, española (y por ende, subvencionada por todos). Y lo peor es que nadie, y esto lo digo tan serio como todo lo demás, va a hacer nada por remediarlo. Nadie.

lunes, agosto 11, 2008

DESCANSANDO EN OROPESA

He pasado las dos últimas semanas veraneando en Oropesa del Mar, localidad mediterránea conocida porque Aznar solía pasar allí sus vacaciones de agosto. Mis vacaciones ideales son así de simples: sin grandeza, lugares exóticos u originalidad, sólo una mañana de playa, paseos en la tarde y lecturas en la terraza a todas horas (esta vez ha habido una elevada dosis de Stephen King, pero también de Gaston Leroux, autor de El fantasma de la Ópera). No obstante, para compensar, a finales de mes viajo a Londres. Allí procuraré fotografiarme en las rejas de Downing Street o junto a la estatua de Disraeli.

En Oropesa ya había estado en el pasado, pero no en la zona de Marina d’ Or, tan denostada. ¿Qué vi allí? Desde luego, no devastación y horrores urbanísticos, sino orden y limpieza; extensas zonas verdes y bellos apartamentos; simpáticos turistas extranjeros y buen ambiente. Dicha empresa tiene grandes proyectos en marcha, algunos de los cuales despertaron mi ilusión, como el del restaurante temático de Alcatraz y otros muchos. Los ecologistas deben de estar muy alterados. Que se fastidien.

Mañana o pasado comentaré algunas noticias relacionadas con el Gobierno y la Audiencia Nacional. Lo que quiero decir es que hay que analizar sus rotundos fracasos. Hoy pretendía volver a poner verde a Escolar, pero entré en su bitácora y me desanimé. Descubrí que él y los suyos, siempre devotos y beatos, estaban disertando sobre cierto predicador que no conozco. Esta gente nunca desatiende su asistencia a la Iglesia. No me extraña que les guste Hussein Obama.