Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 15, 2009

BERMEJO, EL CAZADOR CAZADO

El principal partido de la oposición en España está siendo sometido en estos días a una despiadada campaña de acoso y derribo. No se reduce, desde luego, a la crítica justificada hacia sus políticas y dirigentes, sino que revela una verdadera operación de demolición orquestada desde el Gobierno socialista y sus medios afines, tanto periodísticos como judiciales.

Primero fue El País, publicando por entregas y sin apenas pruebas una estrambótica, incomprensible historia de espías que implicaba a Esperanza Aguirre, el objetivo a abatir. Puesto que la información fue mal explicada y todo se lió hasta límites insospechados, al final nadie sabe si, como bromeó Carlos Semprún Maura, Ignacio González se espió a sí mismo o qué ha sucedido con los espías y los dossieres. Más que el hecho de que pueda quedar salpicada por la trama, lo que me ha decepcionado de Esperanza Aguirre es que se ha defendido tarde, además de que ha quedado patente que su equipo no es del todo fiable.

Y cuando llegaba la calma a la tempestad periodística de los espías, emergió el largo brazo de Garzón de la Audiencia Nacional y comenzó la segunda fase de la operación: ahora, además de espías, había corruptos en el PP. Y sin duda los habrá y deben ser castigados, pero la experiencia nos dicta que es preferible ser precavidos si Garzón mueve ficha durante un período electoral. Ya veremos hasta qué punto hay entramado de corruptelas y hasta qué punto intención de confundir al electorado.

La cacería en la que participaron Garzón y Bermejo vino a arruinar parte del plan. Algunos dirán que las coincidencias no existen, por lo que es altamente sospechoso que estos dos sujetos, acérrimos enemigos del PP, se hayan visto durante sus ratos de esparcimiento justo cuando el primero está instruyendo el caso. Y no es que se encontrasen casualmente, sino que, según se ha ido descubriendo, incluso cenaron juntos. ¿De qué hablarían? Bermejo jura y perjura que sólo de la naturaleza. ¿Tiene valor la palabra de Bermejinski? Él es un rabioso, un sectario, un comisario político, y resulta extraño que, en semejantes circunstancias, dejase sus ropajes de ministro en casa o en el piso oficial de los 250.000 euros de reforma.

Coincidencia o no, es igual. La torpeza es lo que cuenta. Y es legítimo que el PP, en su defensa, se aproveche de ella al máximo para salir del barreño donde le quieren ahogar. ¿Qué más da si Bermejo dio instrucciones a Garzón o si tan sólo le recitó sus pedregosos versos? El juez ya sabe qué hacer para contentar a sus amos del PSOE. Pero, recordando el dicho sobre la mujer del César, Bermejo ha metido la pata hasta el fondo y sería de tontos dejarlo pasar. Todo esto es impropio de un Estado de Derecho. Es la hora de su cese.

Incluso se debe ir más allá. Con lo del Prestige, los progresistas acusaron a Fraga de haberse ido de caza mientras las playas eran contaminadas por el vertido. Ahora que se avecina nada menos que una huelga de jueces, evento inédito en España y que puede dejar a la Justicia en estado comatoso, ¿a qué se dedica el Ministro de Justicia, cuyas negociaciones han fracasado? Pues a cazar y divertirse, a charlar sobre la naturaleza, descuidando sus competencias y responsabilidades. Un Ministro de Justicia de verdad, y no este patético y soberbio señorito, lucharía hasta el último minuto para evitar la huelga. Bermejo prefiere ir de cacería.

NOTA: Mañana viajo a Berlín, Alemania, y regresaré el lunes 23. Me despido de ustedes hasta entonces.

lunes, febrero 09, 2009

ENTREVISTA A ALFREDO VALCÁRCEL

Alfredo Valcárcel (pseudónimo de Alfredo Coll) estudió la carrera de Relaciones Internacionales en Estados Unidos y posee un diploma en Common Law. Para interesados, en febrero impartirá un curso de jurisprudencia estadounidense. Traductor de textos jurídicos, articulista y autor de la bitácora Hacia un liberalismo democrático y, en el pasado, de Destapando la hipocresía de la progresía, fue expulsado del Instituto Juan de Mariana y de Red Liberal por declararse contrario al anarquismo, por sus opiniones explosivas y por ciertos conflictos personales, dando lugar a una encarnizada discusión que ya parece cerrada. Sus decenas de artículos publicados son una importante aportación que demuestra la fuerza de sus convicciones y unos amplios conocimientos políticos, jurídicos, económicos y filosóficos. Su nuevo proyecto es la formación de un movimiento de corte liberal clásico desde Internet. Hace falta gente como él.

Pregunta.- Alfredo, usted acaba de regresar de un viaje a Estados Unidos hace poco y allí ha vivido la toma de posesión de Barack Obama, hecho acontecido en medio de un entusiasmo general. Es posible que no pueda cumplir todas sus promesas, pero hay mucha confianza en él y eso alienta a las personas de una forma especial. ¿Deberíamos los europeos fomentar esa capacidad para ilusionarse y querer mejorar que caracteriza a los americanos a pesar de todas los obstáculos que se presenten?

Respuesta.- En primer lugar, creo que hay ciertas cosas que son difíciles de importar de los EEUU para una población, o poblaciones si hablamos del conjunto de nuestro continente, forjada por los latigazos de la Historia. Los estadounidenses tienen una peculiar forma de ser con respecto a esa capacidad para ilusionarse que aquí no vamos a tener de la noche a la mañana. Lo que sí creo que se debe recuperar es un sentido de las ideologías. Desde hace mucho tiempo, se ha puesto de moda decir: "Ya no hay derechas o izquierdas". En parte, es cierto: lo vemos aquí con la oposición del PP que carece de una ideología uniforme. Están como regaderas, unos y los otros. Por otra parte, creo que podríamos fomentar una capacidad para querer mejorar las cosas cuando tengamos políticos de calidad. El problema de España casi siempre ha sido sus políticos: casi siempre hemos tenido políticos que no nos merecemos. Por eso, aquí en Madrid, lo que se debe hacer es seguir fomentando un sentido de las oportunidades y de la libertad que siempre va a ofrecer el mercado. Sin embargo, una cosa que sí podríamos fomentar, con realismo, es un sentido de la nación. Me explico. Para un liberal de corte conservador, una nación es casi como una familia y tiene un valor positivo y profundo. Alrededor de las tradiciones y el simbolismo históricos, los individuos con intereses en conflicto, pueden cooperar y hacer sacrificios para el bien común sin recurrir a una formulación artificial como un Estado impersonal y burocrático. Una identidad nacional recuperada nos da un sentido de una existencia permanente. En consecuencia, un ciudadano que ignore o descarte su nación o nacionalidad, como el hombre que abandona su familia o su fe, es un peligro en potencia porque se convierte en víctima de cualquier pasión o ideología extremista con la que se cruce. Yo siempre he dicho que liberalismo sin nación no es posible: para ser libres, también hace falta estar seguros de lo que queremos y para qué y quién lo queremos.

P.- Por otro lado, no es menos cierto que el incienso vertido sobre Obama ya empieza a saturar. ¿Se ha pasado del necesario liderazgo político a un alarmante mesianismo o culto al líder o sólo será un efecto transitorio?

R.- Es mi esperanza de que sólo sea un efecto transitorio. Esto que ocurre con Obama es lo que pasa muchas veces con actores o cantantes famosos. Insisto en que creo que el efecto será transitorio porque EEUU es un país de muchas fluctuaciones. Hubo una época en la cual Bush era considerado casi como un héroe del 11-S y, años después, ya hemos visto cómo quedó todo.

P.- El nuevo Presidente ha anunciado que cerrará el penal de Guantánamo y ya se ha puesto en marcha un plan para ello. ¿Qué razones plantea usted para oponerse a esta decisión?

R.- Para mí es una cuestión jurídica más que de seguridad aunque esto último también será un factor. Yo lo advertí y muchos liberales me atacaron. Hoy, callan, después de que Barack Obama haya dicho que, efectivamente, soltarlos es un riesgo pero que lo asume. Esos reos podrían volver a cometer atentados contra EEUU y sus intereses occidentales. Me opongo porque no creo que la Constitución de los EEUU incluye a enemigos combatientes como beneficiarios del derecho al Habeas Corpus. No existe ni una sola instancia en la historia de la jurisprudencia estadounidense o, dicho sea de paso, anglosajona, en el antiguo Imperio Británico, donde este derecho se le haya aplicado a los enemigos en tiempos de guerra. Parece que mucha gente se olvida de que estamos en guerra, nos guste o no, tanto EEUU como sus aliados. Para los musulmanes radicales, todos somos un blanco.

Segundo, la seguridad nacional es primordial: no hay ningún interés general más imperioso que la seguridad nacional. He declarado en repetidas ocasiones que la seguridad de una nación entera puede, en casos determinados, superar los intereses del individuo. Estoy hablando de tiempos de guerra o insurrección anárquica. El Gobierno de una nación tiene el deber de proteger a los ciudadanos contra cualquier amenaza externa siempre y cuando tenga autorización parlamentaria. Guantánamo no fue ilegal y la administración de Bush no hizo nada ilegal hasta que el Tribunal Supremo de aquel país, por el margen de un voto, fallara lo contrario. Desde ese momento, ya Bush inició los trámites para cerrar ese centro.

Y, en tercer lugar, hay que tomar en cuenta los intereses del Gobierno y esto requiere pensar más allá de si los reos beben dos o tres vasos de agua al día o si comen mal o bien. El acceso que pueda tener uno de aquellos reos combatientes y terroristas a medidas de justicia democrática no pude convertirse en un pretexto para detener o reducir la velocidad de los servicios de inteligencia. Se ha dicho mucho sobre los "derechos humanos" pero poco se ha dicho, por no decir nada, sobre el derecho a investigar y hacer justicia contra quienes quieren liquidarnos en un instante. No me queda más remedio que pronunciarme en contra del cierre de Guantánamo. La solución a esa sentencia hubiese sido promulgar otra ley congresional y establecer otro tipo de centro. Pero ya era muy tarde y el Congreso de EEUU, de momento, tiene una mayoría del Partido Demócrata.

Como recordatorio, dije en junio del 2008 que España está llena, minada de este tipo de combatientes enemigos, musulmanes radicales, y tienen capacidad de atentar en cualquier momento. Espero que sea yo el que me equivoque, al menos esta vez, y no tener que lamentar la muerte de personas inocentes, pero en ahora me temo que se prepara un gran atentado en algún momento contra algún interés occidental.

P.- Si estamos en guerra contra el terror, ¿será Irán el próximo frente o es posible el diálogo y la negociación?
R.- La cuestión iraní es complicada pero para mí se resume no tanto en dialogar por dialogar sino en el establecimiento de un plan para que abandonen, de forma definitiva, su programa nuclear. Se puede negociar pero las negociaciones también tienen que incluir la posibilidad de sanciones duras contra Irán si se estima que sólo quieren sacar provecho y tiempo de la negociación. Y no es que yo esté en contra del diálogo, pero para dialogar se necesitan al menos dos personas y está clarísimo que Irán no quiere hablar y mucho menos reconsiderar sus posturas. Eso por una parte, y luego no podemos descartar, mejor dicho, moralmente no debemos descartar la posibilidad de lanzar acciones militares en caso de un eventual fracaso en las negociaciones. Mucha gente me dice que es peligroso lanzar misiles o iniciar acciones militares en ese país. Mi respuesta es siempre la misma y creo que cualquier liberal podría estar de acuerdo conmigo en que es mucho más peligroso que una teocracia islámica tenga acceso a las armas nucleares.

P.- Desde un punto de vista económico, ¿qué principios liberales están en peligro por la crisis mundial?

R.- Creo que la mayoría de los principios están en peligro porque la crisis mundial ha generado ansiedad y cuando la gente tiene miedo, casi siempre recurren a medidas liberticidas contra los derechos económicos de los ciudadanos. Esto se traduce en, como vemos ahora en los EEUU, más proteccionismo y más regulación. Ya se baraja la posibilidad de limitar los sueldos de los banqueros; algo profundamente anticapitalista y ajeno a los EEUU.

Mi modelo filosófico es el de Lord Bacon: utilidad y progreso. Confío en el progreso ilimitado e irresistible de la ciencia aplicada y de los productos de la industria y creo necesario el expansionismo de la democracia para combatir los genocidios y las amenazas a la estabilidad. Las uniones laborales o los sectarios disidentes en el mundo anarquista forzarán al resto de la humanidad a que comparta sus particulares voluntades si el gobierno evita la fuerza y acepta negligentemente la noción de que solo puede emplear la discusión en su propia defensa. En este sentido, un principio liberal, que incluye la expansión de la libertad, es el que más sufre las consecuencias de esta oleada de proteccionismo socialista. De ahí, no podemos hablar de momento de la libertad económica, política o religiosa. De momento, sólo podemos depositar nuestra confianza en personas del futuro, que estén dispuestas a recuperar el liberalismo que hemos vivido en los últimos veinte años, más o menos.

P.- ¿Qué pueden hacer y qué no deben hacer los gobiernos a la hora de enfrentarse a los problemas derivados de la recesión?

R.- Bueno, un Gobierno no debe crear falsas expectativas sobre el empleo y sus "medidas" anticrisis. En términos más económicos, estamos viviendo una crisis de grandes proporciones en un mundo cada vez más duro y competitivo. Estamos ante una recesión generalizada y un descenso mundial en relación con cualquier actividad económica. Los premios ante nosotros son pocos y tenemos que esforzarnos si queremos ganar. Los trabajadores españoles muchas veces se quejan de los bajos sueldos: pero deben saber que el mundo no compra nada por ser americano o español o británico sino por la calidad de un producto o, por lo contrario, bueno, bonito y barato. Exigir más incrementos salariales es una de las medidas y recomendaciones más irresponsables que puede hacer cualquier ciudadano o gobierno, por muy tentador que sea. La realidad es bastante dura: los trabajadores españoles no son competitivos y no tiene nada que ver con las horas que trabajan sino porque la productividad es nula. El Gobierno debería fomentar la productividad y seguir reduciendo el sindicalismo trasnochado, propio de una época industrial que ya es irrelevante e inexistente. Los ciudadanos deberían elegir verdad y dureza y menos ilusión, que no nos lleva a ningún sitio duradero. Hay que despertar y relegar al olvido los sueños de ayer, empezar de nuevo, como incluso dijo el presidente de EEUU, Barack Obama.

Los gobiernos deberían reiniciar la lucha contra los peligros de la inflación, meterse más contra el poder de los sindicatos, y ejecutar recortes en el gasto público desorbitado que tenemos en España, por ejemplo.

Deberíamos aprovecharnos del mercado mundial y hacer que nuestros productos sean más competitivos. Eso es una tarea bastante difícil porque estamos en la Unión Europea, que ya de por sí es una institución muy poco democrática y menos aún competitiva. Eso significa, y sé que mucha no le gusta cuando lo digo porque es normal, más recortes de todo tipo. No podemos hacer nada contra el paro, pese a quien le pese. Nada, cero. Lo que sí podemos hacer es crear un ambiente más competitivo y menos inflacionista.

Permítame hablar de un ejemplo concreto. Todos sabemos que las revoluciones industriales son dolorosas. Lo sabemos de la Historia. La adaptación siempre duele y eso es algo natural y es normal que un ser humano quiera hacer las cosas como antes. Por ejemplo, muchos españoles, como los ciudadanos de otros países, no quieren mudarse ni moverse de donde están. Es una reacción natural. ¿Qué mujer puede dar la bienvenida a tener que cambiar de hogar, separarse de sus vecinos, amigos y familia, encontrar colegios nuevos para los hijos y tener que experimentar para ver cuál es el mejor panadero y carnicero de la ciudad? Pero la verdad es que los cambios forman parte de la vida real.

Los cambios de este tipo son fundamentales para nuestra supervivencia. La gran prosperidad de España a partir de los años 50/60 jamás podrían haberse realizado de no ser por el hecho de que nos tuvimos que pasar de una sociedad fundamentalmente agraria a un país industrial y de servicios. Eso sí: el Gobierno debe hacer todo lo posible para que esos cambios sean más tolerables.

Lo que no se puede hacer es pretender vivir en otro planeta, en otra realidad que no es otra que la del mercado.

P.- En Inglaterra se realizó una encuesta en la que la pregunta era qué líder político, en plena posesión de sus facultades, sería el idóneo para afrontar la crisis en aquel país. La respuesta mayoritaria fue Margaret Thatcher. ¿Cuál elegiría usted para España?

R.- José María Aznar, sin lugar a dudas.

P.- Eso si el PP no estuviese tan mal como está, claro. ¿A qué cree se debe la guerra fratricida en el PP? ¿Es puro personalismo o hay algo más, unas tribus de la derecha irreconciliables y centrífugas?

R.- Las dos cosas: ciertamente hay personalismo, como en toda la política, y esto ocurre hasta en los niveles más bajos de la escala civil: personalismo hay en todas partes y forma parte de nuestra esencia natural. Por otra parte, creo que también hay cuestiones ideológicas irreconciliables. Un liberal de conciencia, sea conservador o no, pero liberal en el sentido español de la palabra, no puede sentirse cómodo con Mariano Rajoy y Alberto Ruiz Gallardón. Debo confesar que le doy la bienvenida a esa guerra fratricida: es lo que tiene no permitir un sistema de primarias, donde estas cuestiones, para bien o para mal, ya se hubieran resuelto.

P.- Actualmente, y visto lo visto, ¿es el PP la mejor alternativa al PSOE? ¿Qué opinión le merecen Rosa Díez y su partido, UPD?

R.- Pues he leído el programa de UPD y no me fío, no me acaba de convencer ni el partido ni la señora Rosa Díez. Es un partido con muchos tintes socialistas y centralistas, y no creo que sea una alternativa viable de momento. Es un partido que ahora está muy de moda entre ciertos sectores de la sociedad madrileña descontentos con el binomio PP/PSOE. Sigo creyendo que el PP es mejor alternativa al PSOE. No porque tengan soluciones de momento sino porque soy utilitario y prefiero que si vamos a tener una mala situación, que al menos apeste menos. Y eso, sin lugar a dudas, nos lo ofrece el PP, que al menos tiene una idea de lo que es España y de que los terroristas nunca deberían compartir las instituciones democráticas. Al margen de los dirigentes actuales a nivel nacional del PP, no podemos olvidar de que hay muchísima gente decente integrada en el PP, que cree en España, que saben lo que somos y no deberíamos ser. A mí no me da ningún corte decir que la mayoría de los ciudadanos afiliados al PP son "gente de bien" en todos los sentidos. No puedo decir lo mismo por el PSOE ó sus afiliados, que parece ser que se preocupan más por el "derecho" a magrearse en público que en los derechos fundamentales de los ciudadanos en países como Cuba, China ó Irán.

P.- Usted ha expresado su optimismo respecto a la aparición progresiva de jóvenes liberales a lo largo y ancho de España. Pero siempre está presente el riesgo de corromperse, de desvirtuar el pensamiento liberal. ¿Qué recomienda a los jóvenes que quieran seguir en dicha línea?

R.- Sí, aunque esto va, de momento, por Comunidades Autónomas. Madrid se ha convertido en una cuna importante del liberalismo, junto con la Comunidad Valenciana, otro bastión del liberalismo de centro derecha. Hace ya dos años, dos jóvenes del sur, en concreto de Andalucía, progresistas ellos, me dijeron que "hasta los taxistas jóvenes en Madrid ponen la COPE más que la SER". Y lo cierto es eso: somos una ciudad abierta a nuevas ideas, con ganas de mejorar, y con unas tasas de formación superior a las de muchas otras ciudades españolas. Hay muchos riesgos, no obstante, de que se desvirtúe el pensamiento liberal. Esto ocurre cuando los anarquistas intentan infiltrar el pensamiento liberal, o cuando lo hacen personas falangistas que tienen más que ver con un socialista que con un liberal. Lo que yo siempre recomiendo es lo mismo: leer, leer y leer, formarse, opinar, y también hay que aprender a detectar lo que es y no es liberalismo, saber decir "No y no" cuando haga falta y ser valientes con las ideas. Entiendo que muchos jóvenes se corten cuando tengan que opinar sobre recortes salariales. No creo que haya nadie en su sano juicio que disfrute un recorte salarial o tener que defender la idea en una facultad llena de jóvenes que, como es lógico, se ven pobres o piensan que en España "se gana poco". Pero hace falta hacerlo, siempre. Una cosa son los amigos y otra muy distinta es los enemigos. Eso es algo que yo creo que hace mucho tiempo que no practicamos y lo digo con toda confianza. En la política hay amigos y enemigos: hay que saber distinguir entre los dos.

P.- Recibió gran parte de su formación en Estados Unidos... ¿Cómo valora hoy esa experiencia?
R.- He pasado importantes años de mi vida, por diversas circunstancias personales, en los EEUU y creo que la experiencia ha sido una de las mejores de mi vida porque he podido aprender cosas nuevas, reactivar ciertos instintos que tenía sobre lo que es y no es liberal, me ha permitido ver los fallos que veo en EEUU y que no quisiera que se repitan en España. También, al revés: EEUU tiene cosas muy positivas que más nos valdría tener si queremos sobrevivir como país en las generaciones del futuro y defender la libertad. También me ayudó a conceptualizar mi preferencia por vivir en España debido a que cuando uno vive entre dos países puede hacer comparaciones que, aunque personales, nos ayudan, precisamente porque son personales. Uno de mis retos personales es convencer a más jóvenes españoles que se lo puedan permitir a pasarse un año o dos en EEUU estudiando, al menos un máster. Más bien porque (no lo sé tanto ahora) pero hasta donde yo sé, las universidades allí son mucho mejores que las españolas debido a su alta competitividad y, claro, hablo de las privadas, que son mejores en EEUU que las públicas. Pero me gustaría ver más presencia española porque es indudable que aquí tenemos a muchos jóvenes bien formados que podrían hacer cosas ejemplares en EEUU y darle un buen nombre a España. Esto, de hecho, lo han hecho muy bien los indios, y en muchas universidades americanas tienen fama de laboriosos y bien formados, como los coreanos. España tiene muy buenos ingenieros y arquitectos; no estaría mal exportar a algunos por un tiempo a ciertas universidades de los EEUU para que vuelvan aquí con una perspectiva que nos ayude a todos en conjunto. Me siento muy orgulloso de haber dado, en mi universidad, la imagen de un español de derechas, ya que muchos universitarios allí pensaban que todos los europeos eran unos socialistas sin remedio. Era un honor, para mí, el hecho de que muchos compañeros de la universidad me consideraran una especie de Cánovas español a lo siglo XXI.

P.- Es bien conocido que está inmerso en la creación de un nuevo agregador para liberales en Internet. ¿Qué nos puede adelantar de él?

R.- Pues varias cosas. El nombre del agregador es Liberalismo Democrático porque defendemos el liberalismo, la expansión de la democracia en apoyo a los países que no la tengan como Cuba, y también porque vamos a defender las ideas del liberalismo bajo el imperio de la ley, con limitaciones parlamentarias y controles. No vamos a tener los amiguismos endogámicos que se han visto en Red Liberal. Vivimos en un país donde si se quiere este tipo de personalismo mezquino y pasarse el rato calumniando con falsedades a los demás ya existen los patios de vecinas.

Por otra parte, he tardado mucho en abrir esa página del agregador porque quiero construirla yo y ya estoy aprendiendo HTML. Ya tengo una idea de su diseño, etcétera. Y, por último, que vamos a dar la batalla contra los apologistas anarquistas del terrorismo anti-Estado, y contra todo individuo que pretenda mezclar liberalismo con lo que no es.

P.- Gracias por responder a estas preguntas, Alfredo. Tiene la última palabra.

R.- Sólo quiero darle las gracias por esta entrevista y animar a todos mis lectores amigos a que se suman a la lucha contra la pobreza de ideas que sufre el liberalismo español, que quieran defender nuestros intereses nacionales en el exterior y en el interior. ¿Cabe alguna duda de que España sufre de una clase política impresentable a nivel nacional? Tengo esperanza en la juventud de este país; pese a todos los informativos negativos, sigo pensando que la juventud española es, en muchos aspectos, una gran esperanza para la libertad. Y los jóvenes de mi edad y menos deben tenerlo claro: no hay ninguna otra formación que más represente un espíritu juvenil, porque creemos en el progreso auténtico, sin trabas y sin complejos administrativos. Una parte de nosotros seremos la clase política de mañana: nuestros padres nos dejaron un gran legado pero ya carecen de ideas para hacer frente al nuevo mundo en el que vivimos. Ahora nos toca seguir mejorando y construyendo sobre los cimientos sólidos que nos legaron. Muchas gracias.

domingo, febrero 08, 2009

UNA LISTA INFINITA

Como ustedes saben, soy un gran aficionado a la lectura, un lector empedernido y obsesivo que siempre tiene tres o cuatro libros abiertos y otros tres o cuatro pendientes. Empero, en época de exámenes uno debe concentrarse en un tipo de libros que no levantan precisamente pasiones: gruesos manuales, cursos o tratados de Derecho. Aun así, algunos están muy bien escritos y son obras ambiciosas, rigurosas, accesibles, del todo recomendables, como los tres tomos que constituyen el Tratado de Derecho Constitucional, de mi antiguo profesor Jorge de Esteban, o los Ensayos penales de Enrique Gimbernat --también profesor mío--, recopilación de sus artículos y ensayos divulgativos y de carácter científico hasta 1999.

El problema es la acumulación, es decir, aunque mantenga unas mínimas lecturas, los libros se van amontonando y la tarea pendiente es, así, enorme e inabarcable. Ahora mismo, estoy leyendo un libro sobre dirección de empresas y Edad prohibida, de Torcuato Luca de Tena, el cual me ha enganchado bastante, pues, habiendo sido publicado en 1958, sigue plenamente vigente. En la lista de espera se encuentran los dos volúmenes de El Solitario y su tiempo, de Cánovas del Castillo (es una biografía de su tío Serafín Estébanez Calderón), una novela de William Golding, varias de Anne Perry y algunos grandes éxitos que ansío merendarme. No olviden que, en mi opinión, Stephen King o Michael Crichton son autores de mayor importancia que la mayoría de los españoles actuales, que dan grima o provocan sopor. La literatura española es casi tan lamentable como nuestra industria del cine.

La lista la completan libros y publicaciones de Derecho. No los leo por obligación, sino para reforzar, mejorar mi aprendizaje, y porque me interesan los temas que abordan y deseo profundizar en ellos. Es el caso de Religión y Derecho comparado (Rafael Palomino, Iustel, 2007) y de Estudios de Derecho Matrimonial (Rafael Navarro Valls, Montecorvo, 1977), junto con un largo estudio de 1979 de Federico Trillo que lleva por título “Las Fuerzas Armadas en la Constitución española”.

Con todo esto no intento abrumar o presumir, eso es absurdo. Honestamente, muchas veces siento que jamás podré ponerme al día y que, además, suelo leer sin demasiado criterio, sólo guiado por mis impulsos y preferencias inmediatas, si bien es cierto que a veces he planeado las cosas a largo plazo. Pero me consuela comprender que ustedes, como yo, igualmente tendrán sus listas de espera, quizá de libros, de películas, de discos, de cómics; listas que van creciendo y creciendo... y tienden a infinito.

NOTA: Mañana, lunes, publicaré una entrevista a Alfredo Valcárcel. Mientras tanto, pueden rememorar las que hice a Carajillo, a Octopusmagnificens y a Nicholas van Orton.

domingo, febrero 01, 2009

EL PEOR GOBIERNO Y LA PEOR OPOSICIÓN

No estuvo espeso. Zapatero, en Tengo una pregunta para usted, estuvo directamente plomizo, repetitivo e inaguantable. Es de destacar sus movimientos rígidos y sus imparables gesticulaciones, de todo punto exageradas, los brazos de un lado a otro, las palmas ora juntas, ora separadas, etcétera. Y lo peor es que es un charlatán. Se había llevado al programa un guión aprendido y quiso soltarlo a toda costa, le preguntasen lo que le preguntasen.

Es sumamente preocupante que gente del público reconociese que el Presidente hablaba muy bien y que se explicaba con solvencia. ¿Cómo? Si ya es difícil seguir a Zapatero entre tantos movimientos de brazos y encontrar sentido a su discurso entrecortado y mal construido, resulta que el pobre hombre comete errores de manual. Así, la crisis es "fuertísima", apunta el culto estadista, y "debemos de (sic) hacer esto o lo otro...", indica en repetidas ocasiones, con voz forzada y crispada. Unas veces trata sus interlocutores de usted, otras de tú, careciendo de criterio. En fin, un desastre.

Sea como sea, no es mi intención repasar la lista de mentiras, engaños y barbaridades que desgranó Zapatero el lunes mientras movía los brazos y trataba de articular, con mucha dificultad, cuatro frases aderezadas con un pobre vocabulario. Eso es tan patético que habla por sí solo. Y sin embargo, el principal partido de la oposición aún no ha podido acorralar a Zapatero. ¿Por qué? A mi juicio y explicado de una forma un tanto simplista, cabe decir que, de un lado, cada vez que se dan las condiciones objetivas para ello falla el elemento subjetivo; y de otro, que es un partido con muy mala suerte y que no sabe guardarse las espaldas.

Ejemplo de lo primero fueron los debates electorales de 2008. Los simpatizantes del PP creíamos que Rajoy lo tenía fácil, que podía lucirse, que ganaría sobradamente a un Zapatero desgastado y sin programa, a una persona casi no sabía ni sabe hablar. En cambio, Zapatero se subió a las barbas de Rajoy y hasta le hizo quedar mal, sobre todo en el segundo debate.

Ejemplo de lo segundo, el mal trago que nos están haciendo beber en Madrid y el llamado I Foro Abierto de Militantes. El PP prepara un acto con militantes para mostrar modernidad, unidad, ideas... y es empañado por los escándalos de espionaje en Madrid. Escándalos que probablemente sean fruto de la inquina y manipulación de El País y en los que Esperanza Aguirre no haya tenido nada que ver, pero que si no estuviese de por medio el problema colosal de Caja Madrid no serían, por qué no decirlo, tan escandalosos. En este asunto me ha decepcionado mucho el PP de Madrid.

Muy en el fondo, me da pena el PP y me da pena Rajoy. Podría haber sido un buen Presidente... Pero a día de hoy, aparte de ser un perezoso y un indeciso, ha desaprovechado ya demasiadas oportunidades. Y con su partido pasa lo mismo. Como predice Jesús Cacho, van hacia la derrota final.