Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 26, 2010

RENOVACIONES Y OTRAS ACTUALIDADES DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Aunque sólo he leído la noticia en El País, presumo que la información es veraz y verdadera. A modo de felicitación navideña, María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, remitió a José Bono, presidente del Congreso de los Diputados, una carta reclamando seriedad y celeridad en el proceso de renovación de los magistrados del TC: "Ante el reiterado incumplimiento de las previsiones constitucionales, este Tribunal Constitucional se ve obligado a reclamar que se respete la Constitución y que, por tanto, se cumplan los plazos que esta imperativamente establece para la renovación de todos los magistrados".

Previsiones constitucionales recogidas en el artículo 159 de la Constitución: en su apartado primero, establece que cuatro magistrados constitucionales serán propuestos por el Congreso; en su apartado tercero, dispone que el mandato de los magistrados durará, a lo sumo, nueve años, con renovaciones por terceras partes cada tres. Estas normas están desarrolladas por la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional (arts. 16 a 26). Como dato ilustrativo, la propia Casas es magistrada constitucional desde 1998.

Por lo pronto, sostengo que el sistema que configura la Constitución para la elección de magistrados es acertado. No hay muchas más opciones, ya que los magistrados no pueden salir de la nada o estar totalmente desligados de un control democrático. Sí discrepo del sistema de elección de vocales del Consejo General del Poder Judicial, pero ahí se trata de un poder distinto y hoy no entraré en ello.

Para reforzar la confianza en el sistema, es necesario poner de relieve que, de acuerdo con el artículo 159.5 CE, los miembros del Tribunal Constitucional "serán independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandato". Lo cual entraña que cualquier magistrado puede obrar con plena independencia de criterio y sustraerse a las presiones políticas. El problema es que las personas suelen fallar. Una reforma que fijara una edad mínima para entrar en el TC --sesenta o sesenta y cinco años-- contribuiría a la independencia de los magistrados, quienes, ya con poco futuro por delante, no se someterían tan fácilmente a los partidos con el fin de obtener retiros dorados.

La Constitución exige el voto favorable de tres quintos de los diputados del Congreso para proponer a los cuatro magistrados que luego serán nombrados por el Rey. Semejante mayoría cualificada obliga a los partidos a alcanzar un consenso o, por decirlo con más crudeza, a llegar a retorcidas componendas en las que, desgraciadamente, lo relevante no es la reconocida competencia de los juristas a elegir, sino su vinculación –no siempre explícita, desde luego-- a un determinado partido o tendencia. En una perversión más del sistema, se ha terminado bloqueando la renovación de los magistrados. Esta situación se comprende fácilmente tomando en consideración que sobre la mesa del TC hay pendientes asuntos de mucha envergadura (matrimonio homosexual, aborto...).

En cualquier caso, los intereses partidistas no deben ser un obstáculo que provoque el mal funcionamiento del TC y el incumplimiento de la Constitución. Es sumamente grave que los grupos parlamentarios popular y socialista no acaben de ponerse de acuerdo y que haya tanta batalla por algunos candidatos. Si hasta ahora no han sido capaces de salir del bache, es el momento de las renuncias y las responsabilidades.

Este retraso o la prorogatio de funciones no son problemas achacables al TC, sino a una Cámara Baja que cada día hace más honor a su calificativo. Pero es cierto que el TC no atraviesa su mejor momento. Como supremo intérprete de la Constitución, es un órgano que tendría que acumular el mayor prestigio posible. Es el que vela por que la norma fundamental no se convierta en un papel mojado. Naturalmente, sus argumentos jurídicos podrán convencer más o menos, y pienso que hay que criticar sus sentencias y estar atento a sus movimientos. Ahora mismo, no obstante, me siento más inclinado a defenderlo, a pesar de que su reciente trayectoria no sea de mi agrado.

Su tardanza a la hora de controlar la constitucionalidad del Estatuto (retraso, hay que matizar, motivado por tensiones políticas y agravado por nefastas reformas procesales) y la posterior sentencia, que tanto revuelo levantó, han hecho mella en su imagen. Al propio papel del Alto Tribunal, con la infame Casas a la cabeza, hay que añadir los aberrantes ataques de algunos políticos, que, con sus disparatadas opiniones, propugnaban un Estatuto por encima de la Constitución, y la irresponsabilidad de fondo consistente en hacerle decidir la organización territorial del Estado.

Al calor del Estatuto y del oportunismo del Gobierno, ha habido una deriva muy negativa del TC que espero y deseo se enmiende en un futuro no lejano. Las modificaciones introducidas en la LOTC por la Ley Orgánica 6/2007, de 24 de mayo, merecen más de un reproche. De un lado, la implantación del certiorari (selección por un tribunal de los casos que quiere conocer) supone una rebaja en la garantía de los derechos fundamentales a través del recurso de amparo, toda vez que, según el nuevo artículo 50.1.b) LOTC, únicamente se admitirá a trámite cuando revista "especial trascendencia constitucional", requisito que se deja a la apreciación arbitraria del Alto Tribunal. Sin perjuicio de que el certiorari está dirigido al loable objetivo de reducir el volumen de trabajo del TC y hacerlo más eficaz, no deja de ser paradójico que fuese introducido por un Gobierno que presume de ser un paladín de los derechos civiles. De otro lado, fue impresentable la enmienda del artículo 16.3 para, con todo descaro, prorrogar el mandato de Casas (que expiraba en 2007), permitiendo así que siguiera cocinando una sentencia sobre el Estatuto no demasiado perjudicial para el Gobierno. Sigo pensando que esta enmienda ad hoc para lograr tan grotesco fin es contraria al artículo 160 CE y que debe ser derogada cuanto antes.

sábado, diciembre 25, 2010

MENSAJE DE NAVIDAD

Una vez más, me dirijo a todos mis lectores para, con sinceridad y afecto, desearles una muy Feliz Navidad y un venturoso año 2011 en el que colmen todas sus expectativas y deseos.

domingo, diciembre 19, 2010

CHAMOSA Y LOMANA: ¿FUERA DE LA POLÍTICA?

La portavoz del PSOE en la Comisión del Pacto de Toledo, Isabel López Chamosa, está incrementando su prestigio a marchas forzadas en los estertores de 2010. Un mínimo de decoro me impide reproducir sus textos o sus intervenciones, verdaderos atentados a la lengua española, al sentido común y, en fin, a la comunicación en general. La señora, poco agraciada y sindicalista, ha defendido su analfabetismo funcional explicando que a ella le han elegido los ciudadanos y que así es la democracia. La pobre no es más que una "obrera", alejada de "los que tienen tanta cultura y son tan perfecto" (sic).

En el otro extremo, la inefable Pilar Rahola ponía el grito en el cielo anoche, en La Noria, porque Carmen Lomana, una persona bellísima en todos los sentidos, se había permitido criticar al Gobierno y expresar opiniones políticas. El argumento de Rahola era que una persona con gusto por lo frívolo, la moda y los lujos no está capacitada para hablar de política.

Pues bien, hay que hacer algunas observaciones sobre lo antedicho. En el primer caso, lo que más chirría no es la falta de preparación, sino que la socialista se enorgullezca de su deficiencia. ¿Es que un obrero, según Chamosa, no puede hablar con corrección? Si quiere, claro que puede. Por otra parte, no es de recibo que el PSOE --partido muy preocupado por los portavoces, como es sabido-- coloque en una posición relevante a una mujer que tendrá muchas virtudes, pero que no sabe hablar y da muestras de un grado de confusión mental más que preocupante.

Nunca he pensado que deba ser obligatorio que un alto cargo político esté ocupado por alguien con estudios universitarios o con una vasta cultura. Ello será un punto a favor, una presunción favorable, pero no una contiditio sine qua non. Ha habido grandes líderes políticos que carecían de un excelso nivel académico y que, con todo, realizaron un excelente trabajo. No hay que menospreciar a los autodidactas. Y cuando digo autodidacta, doy por supuesto que un político sí ha de poseer un mínimo de cultura y educación, aparte de que hay determinados departamentos ministeriales muy técnicos que funcionan mejor en manos de especialistas. En suma, no sería aceptable un paleto total, pero hay autodidactas que pueden saber gestionar mucho mejor que un señor con una licenciatura o unas oposiciones.

Además de lo anterior, es esencial que haya menos políticos profesionales, que viven exclusivamente de su partido, y más políticos que se hayan ganado la vida y puedan ganársela sin depender del mismo. Porque esa dependencia genera políticos muy fanáticos y miopes, sectarios con la vista siempre puesta en las elecciones. En honor a la verdad, los políticos profesionales abundan en el PSOE, empezando por Zapatero, que nunca ha sido nada más que un hombre de partido. O sea, muy poca cosa.

En cuanto a Carmen Lomana, confieso mi admiración, mi adoración por ella. ¿Cómo no va a poder esta mujer culta y sofisticada opinar sobre cuestiones políticas y merecer toda atención? La postura de Pilar Rahola es muy cerrada. ¡No sólo de analistas y tertulianos vive el zoon politikon! Me tragué el programa Las joyas de la corona entero y no por ello he dejado de leer o me he convertido en un incapaz. Pocos intelectuales deben de quedar que vivan como en un convento y no tengan distracciones mundanas. Es bueno tener alguna válvula de escape, siempre que no te corrompa. Así pues, por el hecho de que a Carmen le interese la moda y vestirse con exquisita elegancia no puede sentenciarse ipso facto que sus opiniones políticas no tengan valor.

Los japoneses, en su esquema moral, tienen muy bien diferenciado lo que es el círculo de los sentimientos humanos del círculo de las obligaciones serias. Y mientras el primero no afecte al segundo, no hay nada de malo en beber, divertirse y estar con los amigos. Lo cual es aplicable a este caso. Carmen Lomana, obviamente, sabrá más de pasarelas que de los vericuetos más oscuros de la política, lo que no es óbice para que lo que ha dicho del Gobierno y la crisis siga siendo impecable y muy atinado.

domingo, diciembre 12, 2010

LA DICTADURA DE LOS MERCADOS: NO ES INVISIBLE, ES QUE NO EXISTE

Ha escrito Santiago Carrillo en El País un artículo que es todo un compendio de los tópicos en los que se ha envuelto la izquierda en relación con las crisis de endeudamiento y solvencia que han hecho que Grecia e Irlanda tuvieran que ser intervenidos por la UE. Trazando una artera distinción entre crisis financiera y económica (como si no tuvieran parentesco alguno), carga contra el sistema financiero, contra la banca y contra los mercados, "monstruo de cabeza y cuerpo opacos", y lamenta que Europa se halle en manos de "los poderes financieros", añadiendo que Europa "parece decidirse por un cambio hacia el modelo que tiene su enseña en Wall Street". Qué conmovedor resulta descubrir a este vetusto comunista tan concernido acerca de la Europa de los pueblos. Él, que tanto tiempo vivió al calor de la URSS y sus maravillas, debería explicarnos su visión de Europa y qué entiende por "refundar el capitalismo".

En el texto de Carrillo late una idea con la que se ha venido jugando desde que la gravedad de la crisis obligó a hacer severos sacrificios: que hay una dictadura de los mercados que se ha situado por encima de las democracias. Pero la realidad tozuda es que el mercado, dominado por la autonomía de la voluntad, no puede obligar a nada por medio de la coacción, a diferencia del Estado. El mercado no forzó a Grecia a hacer trampas en sus presupuestos o a que España incurriera en un elevado déficit derrochando irresponsablemente. Los políticos y legisladores han hecho durante mucho tiempo lo que han querido, y ahora resulta absurdo y manido hablar de conspiraciones de los mercados con el fin de no asumir que hay que hacer reformas y ajustes dolorosos pero necesarios.

El otro día leí una noticia en ABC que revelaba que el Gobierno había concedido 24 millones de euros a una ONG afín al PSOE a pesar de que, según un informe de la Abogacía del Estado, no cumplía con su personal lo establecido en el Estatuto de los Trabajadores. A la vista de este clientelismo, de este favoritismo y de este desparpajo, no puede causar temor que los mercados hayan reformado al Estado, como admite Zapatero, sino alivio y tranquilidad.

Aunque pueda parecer anecdótico, de tales dispendios vienen estos aprietos. El superávit del que gozó España en la época de crecimiento debería haber sido mucho mayor de lo que fue, pero aquí siempre se ha gastado demasiado y no se tuvo en cuenta lo que podía suceder en el futuro. El resultado implica, por ejemplo, vender malamente una parte de Loterías y Apuestas del Estado, fuente de suculentos ingresos. Porque no es posible vivir eternamente por encima de las posibilidades propias. Y de la crisis sólo se va a salir, en lo referente a lo que se puede hacer desde el sector público, con reformas más profundas e imaginativas.

En otro orden de cosas, la conclusión que se desprende de artículos como el de Carrillo es que la izquierda abjura con dignidad de la dictadura del mercado, que no existe, al tiempo que, por cobardía, conveniencia o complicidad, ha renunciado a criticar a las verdaderas dictaduras, la china, la cubana, la norcoreana... Del mismo modo, tal y como ha puesto de relieve David Gistau, la izquierda prefiere defender con fervor al licencioso Julian Assange antes que hacer lo propio con el disidente chino Liu Xiaobo. Escolapio, pueden comprobarlo, está enamorado del primero. Reconozco que, al margen de que no hay nada nuevo en la trastienda de la diplomacia, los cotilleos al por mayor con que nos ha obsequiado Assange son muy jugosos, pero no justifican tantas pasiones. Y tampoco está justificada esa cruzada contra una dictadura, la de los mercados, que sólo hace daño en las mentes calenturientas de los permanentemente trasnochados.

domingo, diciembre 05, 2010

MIENTRAS TANTO, EN ESPAÑA...

Desde el domingo anterior, cuando escribí la crónica del concierto de Alice Cooper, ha transcurrido una auténtica semana de locos en España. Conviene hacer un repaso de los principales acontecimientos, ya que dan buena medida de la decadencia en la que se está sumergiendo gradualmente el país, lastrado por un sistema necesitado de reformas y por unos políticos de muy baja calidad.

De los controladores se están escribiendo ríos de tinta, con lo que no hay mucho que decir. A pesar de que el Gobierno no ha sabido negociar con ellos y suavizar el conflicto latente, fueron demasiado lejos con su huelga encubierta y salvaje. Tal actuación extrema, absolutamente disparatada, ha dañado enormemente la imagen del país, las vacaciones de cientos de miles de personas y las economías de muchos bolsillos. Puedo entender el deseo de la mafia de controladores de mantener sus privilegios, de rebelarse frente a las imposiciones del Gobierno, siempre que se haga dentro de la legalidad y del orden: recurriendo a los tribunales u organizando una huelga en condiciones, no ilegal. Lo que han hecho, sin embargo, sólo puede ser calificado de abuso de derecho y sedición: no se puede pretender defender un derecho o interés propio pisoteando los de los demás y cometiendo uno o varios delitos. Los controladores han de asumir las consecuencias de la derrota. Vae victis. Cuerda de presos para ellos y mando militar para que no se descontrolen más.

Hay que hacer una valoración desigual de la respuesta del Gobierno. De un lado, ha hecho lo que tenía que hacer: defender el interés general y buscar la forma de restablecer el servicio y arreglar el caos. De otro, ha habido, como poco, imprevisión. ¿Es que nadie en el Gobierno conocía la conspiración? Y en caso de haberla anticipado, ¿por qué no se actuó? Es más, ¿por qué desde principios de año, cuando se aprobó el Real Decreto-Ley 1/2010, de 5 de febrero, origen de todo el conflicto, no se venía gestando una alternativa a los controladores civiles representada por los controladores militares? En fin, la oposición tiene muchas preguntas que formular.

Con independencia de que parece que el problema se ha resuelto gracias a la declaración del estado de alarma, no termina de convencer su oportunidad: no en cuanto a los presupuestos para ponerlo en marcha, sino en cuanto a su aplicación práctica, toda vez que "la aplicación a los controladores del delito de desobediencia militar del CPM –y no del de desobediencia común del CP-, en el caso de que no acaten las órdenes que emanen de la Jefatura Militar Aérea, debe considerarse dudosa", en palabras del reputado penalista Enrique Gimbernat.

El segundo suceso importante fue el nuevo paquete de medidas liberalizadoras, ya aprobado en el Consejo de Ministros, a fin de calmar a los mercados. La situación es dramática, pero no deja de divertirme ver a Zapatero convertido en adalid del liberalismo, aunque sea a palos y de mala manera, y al PP representando el papel de partido de la justicia social. Gran acierto tanto las privatizaciones parciales (en materia de aeropuertos, la gestión pública no es muy eficiente) como las ayudas fiscales a las pequeñas y medianas empresas, como pone de relieve la furibunda acogida que han tenido entre Escolapio y su turba progresista y moralista. Por lo demás, el incremento de los tipos impositivos del Impuesto sobre las Labores del Tabaco no es la peor subida concebible y, además, tengo la impresión de que con ello sí se van a generar ingresos tributarios, que puede más el vicio que el bolsillo.

Sólo queda por pasar revista a los resultados de las elecciones catalanas, que fueron precedidas de una campaña bochornosa, carente de ideas y pornográfica. Sorprende que la abstención no fuera mayor. Se cumplió con creces el anunciado hundimiento del PSOE en Cataluña, una derrota sin paliativos para Montilla, a la que hay que añadir la de los camisas negras de ERC. Como síntoma de la desintegración socialista, el PSC, sea lo que sea esa basura, en lugar de asumir sus equivocaciones, ha echado la culpa al PSOE de los malos resultados. ¡Como si en el resto de España no actuara el PSC integrado en el PSOE o como si no hubiéramos padecido ministros como Corbacho, Chacón o el propio Montilla! Y no hay que menospreciar lo calamitosa que ha sido la gestión de Montilla al frente de la Generalidad, la de los bonos patrióticos. Cataluña ya no es precisamente la primera economía de España.

Artur Mas y el ascenso del nacionalismo moderado no deben preocupar en exceso, sin perjuicio de que hay que estar en alerta siempre. Mas, que parece sólo un poco menos bruto que Montilla, ha aseverado que no tiene intenciones de plantear un referéndum independentista, básicamente porque lo perderían. A los partidos nacionalistas no les interesa la independencia, les interesa mantener ad infinitum el actual estado de cosas, que les permite contar con un margen de fanáticos babosos y con una excusa perfecta para no reconocer los errores propios, que es echar la culpa de todo a Madrid. De ahí que la gran idea fiscal de Mas sea un nuevo desconcierto económico. Habrá que impedir que se salga con la suya a toda costa.

Una semana muy cargada. Es de esperar que la que entra sea más tranquila, que España necesita reposo.

domingo, noviembre 28, 2010

ALICE COOPER (Y II): CRÓNICA DEL CONCIERTO

Tal vez me habría enterado antes o después, pero el caso es que tuve conocimiento del concierto de Alice Cooper gracias a una serie de coincidencias con origen en el programa Las joyas de la corona, un reality show que tuve la humorada de ver entero y cuyo máximo reclamo era Carmen Lomana, una espléndida y encantadora dama. Alaska, amiga de Carmen, fue una de las invitadas al programa. La cantante escribió en su blog, ubicado en Libertad Digital, sobre su paso por la gala, y así fue como empecé a leerlo con más o menos regularidad. Finalmente, un buen día entré y me encontré con un texto en el que, al final, se mencionaba un concierto de Alice Cooper. ¿En Madrid? Sí. Y, desde entonces, me puse a organizarlo todo.

Curiosamente, en la cola antes del concierto no vi muchas camisetas con portadas de discos de Cooper. De hecho, creo que tan sólo llegué a descubrir dos: una de Brutal Planet (2000) y otra sin referencia a un disco en concreto. El público era mayoritariamente joven. También había vieja guardia, pero no tanta. Lo cual significa que Alice Cooper ha ido renovando a su público. En cuanto a las cifras, no hubo lleno total pero tampoco fracaso. Sigue gozando de una respetable legión de admiradores.

Mi amigo (quien también estuvo conmigo en el concierto de los Rolling Stones, en 2007, reseñado en este espacio) y yo conseguimos situarnos en tercera fila, en una buena perspectiva. Detrás había gente ilustrada y de similares gustos, gente capaz de reconocer la grandeza de Twisted Sister o lo adecuado, en semejantes circunstancias, de que sonara The Boys Are Back in Town. Pues estaba presente la sensación de que regresaba a Madrid un grande que iba a suministrarnos un buen revulsivo para seguir luchando en estos días de mojigatería y dictadura de lo estúpidamente correcto.

El concierto en sí lo disfruté enormemente, fue un espectáculo que no decayó en ningún momento. ¡Estábamos viendo a Alice Cooper con botas de montar y vara de mando! El nombre de la gira, Theatre of Death, y su lema, ya comentado en el artículo anterior, cobraron todo su significado. Fue un concierto escabroso, salvaje, con grandes dosis de humor negro y violencia gratuita: hubo diversas ejecuciones, empalamientos, maltratos, decapitaciones, camisas de fuerza y monstruos, y todo al ritmo de la mejor música de Cooper, que recurrió, al tratarse de un concierto conceptual, por así decir, a una lista de canciones que tenían que ver con las sangrientas acciones que se desarrollaban sin pausa en el escenario.

Las tres primeras canciones fueron tres memorables himnos destinados a enloquecer al público: School’s Out, No More Mr. Nice Guy y I’m Eighteen. Como ya he dicho, muchas de las canciones estaban directamente relacionadas con el dantesco teatro de la muerte al que asistía el deleitado público y en el que se había sumergido por completo Cooper, que tan pronto era decapitado como ahorcado. Fue el caso, por ejemplo, de Poison (lógicamente, la canción más coreada), From the Inside, Nurse Rozetta, Only Woman Bleed, Vengeance Is Mine, Dirty Diamonds, Billion Dollar Babies, Killer o Feed My Frankenstein. Pocas de los años ochenta y noventa y mayoría cualificada de las de los setenta. En Elected, Cooper, consciente de la decadencia de Zapatero y de la clase política española en general, apareció con una bandera de España y pidió el voto para arreglar los problemas de nuestra maltrecha patria: "Kids want a saviour, don't need a fake".

Cooper, a sus 62 años, está en plena forma y no se cansó de encender al entregado público, de dirigir el asunto y de ser el protagonista de las ejecuciones más crudas, aparte de que cambió de vestimenta unas cinco veces. Regaló, en resumidas cuentas, una actuación impresionante. Hay que valorar el buen hacer de su banda, formada por músicos jóvenes de gran talento que dan el soporte perfecto a su indestructible líder. Fue un concierto en el que se arrojaron muchas cosas al público: desde la vara de Cooper hasta collares y dinero falso, pasando por las inevitables púas. ¡Y yo me quedé sin nada! No hubo suerte esta vez.

Tras muchas canciones y mucha diversión, Cooper clausuró su teatro con School’s Out (otra vez). A la salida, mi amigo y yo vimos a Alaska en un extremo del mostrador de la tienda oficial. Lucía su sempiterno vestido negro y un rostro satisfecho. No tuve ocasión, pero le hubiera dicho que gracias a ella me había enterado del concierto. En ese puesto, un niño de unos diez años adquirió una camiseta Bien hecho, ahí está el futuro, pero it’s bed time.

En fin, aun a riesgo de sonar poco o nada original, sólo puedo concluir con una exclamación llena de gozo y que los seguidores de Alice Cooper entenderán a la perfección: "He is back!".

"From the moment I leave my house or my hotel room, the public owns me. The public made Alice Cooper and I can't imagine ever turning my back on my fans." (Alice Cooper)

domingo, noviembre 21, 2010

ALICE COOPER (I): ANTES DEL CONCIERTO

Alice Cooper es una vieja leyenda del rock and roll. Nacido en 1948, su carrera musical arranca en 1969 y se extiende hasta la actualidad con un ritmo muy regular, sin paréntesis considerables, lo que da idea de su magnitud. Por ello, es sumamente apropiado el lema que ha adoptado para su última gira de conciertos: "They keep killing them... and he keeps coming back!". Es incombustible, imparable. Aparte de su gira, ya prepara un nuevo disco para 2011.

A Alice Cooper se le asocia con el estilo provocador, rebelde y excesivo que triunfaría en los ochenta. Muchos grupos de esos años prodigiosos y libres le tuvieron de modelo. Es un tipo de cantante y compositor atrevido, desenfadado, refrescante y, sin duda, con mucho espíritu, alguien que lo da todo. Y, al tiempo, nada endiosado o con pretensiones de infalibilidad. No es de esos artistas que pretende erigirse en guía moral de su pueblo más allá del contenido –nada despreciable— de sus canciones. En lo personal, es cristiano, republicano y golfista.

Es conocido por sus conciertos generalmente macabros y sangrientos, lo que ha originado muchas controversias, espasmos puritanos e intentos de censura. Es un artista del shock, al modo de Dalí, que fue seguidor suyo. Si tuviese que adscribirle a un estilo musical, me decantaría por el hard rock en sentido amplio.

A pesar de su larga carrera, opera aquí un sesgo ochentero que conduce a muchos a creer que sólo tuvo grandes éxitos en los ochenta. Desde luego, los obtuvo, en especial con Trash (1989), su disco más vendido y famoso. Pero, en rigor, su época dorada tuvo lugar en los setenta. Tras iniciar su carrera en solitario (Alice Cooper comenzó siendo un grupo), va a encadenar una serie de discos, muchos de ellos conceptuales, realmente impresionantes. Cabe destacar Welcome to My Nightmare (1975), Goes to Hell (1976) y From The Inside (1978). En ellos, y en los del grupo Alice Cooper (particularmente, Love It To Death, de 1971, Killer, del mismo año, School’s Out, de 1972, y Billion Dollar Babies, de 1973), se contienen sus himnos más memorables, reconocibles y legendarios.

Los inicios de los ochenta fueron difíciles para Cooper dados sus problemas de alcoholismo. Había sido tratado con anterioridad en una clínica de desintoxicación, experiencia que reflejó en el ya citado disco From The Inside. Se conoce que en los ochenta recayó en su adicción, muy fuerte y destructiva, hasta el extremo de que Cooper ha perdido, en una suerte de amnesia alcohólica, los recuerdos de la grabación de dos de sus discos de principios de la década. Otra vez hospitalizado y por fin curado, se tomó un descanso de la industria musical, pues no regresaría, ya perfectamente adaptado a las corrientes de los ochenta, con Constrictor (1986) y Raise Your Fist and Yell (1987), dos discos arrolladores, alcanzando poco después el auge con Trash.

Los noventa marcan el inicio de un progresivo declive de Cooper: aun estando plenamente consolidado, ya no va a disfrutar de éxitos tan sonados y espectaculares. Su disco Hey Stoopid (1991) es, a mi juicio, el último resplandor del glam metal de los ochenta frente a las tendencias grunge y el cambio cultural. Con todo, él ha seguido en la industria, luchando en muchos frentes (cine, radio, diversos espectáculos...) y lanzando nuevos discos (The Last Temptation, de 1994, Brutal Planet, de 2000, etcétera, siendo el más reciente Along Came a Spider, de 2008). No cabe duda de que es un grande, un icono. Lo bueno es que no sólo tiene un inmenso legado a sus espaldas, sino que continúa agrandando su fama y complaciendo a sus incondicionales. Ha afirmado que dejará los escenarios seis años después de que lo hagan los Rolling Stones, otros tan inmortales como él mismo.

Y como me cuento entre sus seguidores, acudiré el próximo miércoles al concierto que ofrecerá en Madrid. La segunda parte de este texto sobre Alice Cooper, obviamente, estará dedicada a la crónica de ese concierto.

"If you're listening to a rock star in order to get your information on who to vote for, you're a bigger moron than they are. Why are we rock stars? Because we're morons. We sleep all day, we play music at night and very rarely do we sit around reading the Washington Journal." (Alice Cooper)

domingo, noviembre 14, 2010

QUE LOS SOCIALISTAS NO SE LO CREAN. NO LES DEBEMOS NADA

Cuentan que, en sus tiempos de estudiante en León, Zapatero estaba más interesado en los poemas de su profesor de Derecho Mercantil que en sus explicaciones sobre la función económica de la letra de cambio. Un dato muy revelador, característico del personaje, que ayuda a comprender por qué España no sale de la crisis por culpa, en parte, de la mala política de su Gobierno. A pesar de que pueda estar superada, la letra y su regulación ponen sobre la mesa temas importantes, como la circulación permanente del crédito, la confianza... En cambio, a Zapatero le atraía más la poesía. Beatus ille, un tópico renacentista que le pega a Zapatero y cosa incongruente en un supuesto servidor público.

En su ambiente favorito, que es el del mitin, donde todo son aplausos de los borregos, Zapatero ha berreado hoy mismo dos afirmaciones inaceptables y que merecen una contundente contestación. Y ninguna tiene que ver con Cataluña. En ese aspecto, lo que sostiene Zapatero no es que sea inaceptable, es que es la suma de la ridiculez y de la farsa, si bien, tratándose de la política catalana, que es una política de campanario, no desentona.

El presidente del Gobierno, de entrada, ha explicado a sus fieles que el culpable de que la crisis haya golpeado más fuertemente a España es el PP, ya que basó su modelo de crecimiento en la construcción. Zapatero, en su borrachera de poder, piensa que el poder político puede cambiar o alterar sustancialmente el modelo de producción con ideas de saldo como la de la economía sostenible. Aun aceptando que el PP hubiera creado y planificado la burbuja inmobiliaria, nada dijo o hizo Zapatero contra ella hasta el instante en que no le quedó más remedio que aceptar la existencia de la crisis. Sólo entonces se empezó a hablar de cambiar el modelo.

Después, ha venido a decir que todas las mejoras sociales y bienestar de los españoles han llevado la firma del PSOE. Hasta aquí llegó. De ninguna manera hay por qué seguir tolerando la fatal arrogancia socialista que entiende que, si los ciudadanos viven bien y con desahogo, es gracias a su acción y a su bondad. Hay que desterrar la superstición política denunciada por Herbert Spencer, la creencia de que el poder político todo lo puede y todo lo ha de hacer. Naturalmente, el Estado tiene su esfera de competencias; es necesario para garantizar la seguridad y el cumplimiento de las leyes, y es decisiva una política fiscal y presupuestaria acertada. Pero, por lo demás, son los individuos los que deben procurarse su propio bienestar, es decir, ganarse la vida en un marco que, obviamente, será mejor o peor y que es donde deben actuar los políticos.

No es admisible esa tendencia socialista que lleva a la dependencia, al pesebre, que no hace sino conducir a la esclavitud. "Cuanto más se extiende la acción gubernativa, tanto más cunde entre los individuos la creencia de que todo debe hacerse para ellos y nada por ellos": la frase de Spencer no podría ser más adecuada al caso ni estar más cargada de razón.

Así pues, cuando Zapatero se crezca y olvide que allí donde vaya va a ser abucheado y despreciado con toda justicia, hay repetir sin descanso que él y los suyos negaron la crisis y trataron de engañar a los españoles con una contumacia nunca vista. Que, una vez asumida la crisis, la consigna fue no hacer nada, y no hubo ninguna reforma seria hasta 2010; en el ínterin sólo se malgastó dinero público a espuertas, con las consecuencias conocidas. Y, last but not least, que ha impuesto --obligado desde fuera-- unos ajustes insuficientes en algún caso, mal planteados en otros y, en todos los casos, sin acuerdo con la oposición, o sea, realizados a golpe de decreto-ley. Así se las gasta el paladín del diálogo.

Y todavía habrá que darle las gracias por prometer que el Papa no impondrá leyes en España. ¡Es justo lo que necesitábamos oír de su divino verbo!

domingo, noviembre 07, 2010

A SU MANERA: RAJOY EN ESTADO PURO

Como era de esperar, el Gobierno y el PSOE ya están en campaña electoral y –no es la primera ni será la última vez— el gran argumento contra el PP es el argumento del miedo. El miedo a una derecha que no debe gobernar jamás y que debe ser aislada mediante un cordón sanitario. El miedo a una derecha con una agenda oculta y perversa con la que tratará de desmantelar el Estado de Bienestar. En este sentido, la última entrevista a Mariano Rajoy en El País ha suministrado munición a Rubalcaba y sus palmeros, sin que haya aportado mucho a la causa de su partido. Rajoy sigue cayendo en las trampas más burdas y no ha perdido sus esencias.

Aunque tenga las encuestas a su favor, el líder del PP, contra lo que comenta el entrevistador, sigue siendo muy dubitativo, muy inescrutable. En parte, es bueno que no muestre todas sus cartas. Haga lo que haga, el PSOE le va atacar, bien por tener una agenda oculta, bien por querer destruir cualquier atisbo de política social. Así pues, ya habrá tiempo para explicarse en la campaña de 2012.

Rajoy, que tiene días buenos y días malos (y tocaba malo), se deja acorralar demasiadas veces por el afilado entrevistador. Frente a la atractiva bajada de impuestos que plantea, en concreto del IS y del IVA, antepone el entrevistador la resobada objeción de que cómo va a ser posible reducir el déficit si a la caja de la Hacienda Pública entran menos ingresos provenientes de la tributación. Falacias ya aducidas por los socialistas en tiempos pasados y que fueron refutadas por la fuerza de los hechos: de lo que se trata es de estimular la actividad económica, de que el ciudadano tenga más dinero en el bolsillo, de que se generen nuevos puestos trabajos y de que, en consecuencia, haya quien pueda pagar impuestos (razonables). De esta forma sí se puede combatir el déficit, ya que ahora, como no hay de dónde sacar dinero, la recaudación es forzosamente baja. Los socialistas mienten cuando sostienen que no se pueden bajar los impuestos sin grave quebranto para la Hacienda. Puede hacerse con responsabilidad y en el momento preciso. Y aunque Rajoy lo dice, no sólo lo hace con poca convicción, sino que se deja llevar por el entrevistador, que le acosa con sus absurdas inquietudes sobre cuánto se dejará de recaudar.

En su mejor estilo, Rajoy alberga ideas un tanto peregrinas. Por ejemplo, la prohibición del déficit por ley me parece de dudosa eficacia. Otra cosa es que, en el marco del Estado autonómico, se haga necesario incentivar la responsabilidad fiscal. Pero aquí se vuelve a caer en el error de pensar que la legislación tiene propiedades mágicas y que va a convertir a unos políticos derrochadores en unos austeros administradores. También se echa en falta más valentía en algunos aspectos. Ya he alabado su prudencia más arriba, pero podría mencionar alguna propuesta de reforma del sistema educativo, del Poder Judicial, del mercado de trabajo...

Respecto a nuevos ajustes y recortes, lo que no puede hacer Rajoy es alabar a Cameron y asegurar que haría algo similar en España y, acto seguido, dedicarse a desmentirlo explícita o implícitamente. Todo lo que propone es light, poco comprometido. Le pido a Rajoy que sea mínimamente coherente.

Dos años atrás pensaba que era imposible que Rajoy llegará a La Moncloa. Hoy día, puede conseguirlo. Va a depender mucho de la recuperación de la economía y de su capacidad de aguante. Su ventaja personal es su amplia experiencia, haber resistido y superado muchas crisis y el hecho de que es un hombre cabal, moderado, previsible... Este perfil lo está haciendo valer el propio interesado, y es uno de sus aciertos. España necesita un gestor eficaz curado de ocurrencias y delirios. Además, tiene a su lado a Cristóbal Montoro, que es un economista solvente capaz de revisar "todos los papeles económicos" y presentar "un programa como Dios manda para cuatro años". Por lo demás, Rajoy sigue sobreviviendo gracias a sus arrebatos y a una política que "se sustenta en el silencio y la paciencia", como ha escrito Martín Ferrand. Al final, lo va a lograr a su manera.

domingo, octubre 31, 2010

BREVE CONVERSACIÓN CON UNA MOMIA (Y EL COMIENZO DE LA BATALLA)

El 31 de octubre de 2045, al caer la noche, traspasé las puertas del Palacio de La Moncloa armado con una grabadora y una buena dosis de escepticismo. Cuando dejé atrás el control de seguridad, albergaba la impresión de que, en vez de trabajar, iba a asistir a un espectáculo de dudoso gusto.

El vetusto palacio, convertido en museo desde hacía veinte años, me resultó tétrico, húmedo y recargado de mobiliario, adornos y vitrinas. Los antiguos presidentes del Gobierno me observaban desde sus oscuros retratos colgados en las paredes, y sentí que en aquel polvoriento lugar debía de morar más de un espíritu atormentado.

Guiado por una encargada ya anciana y encorvada, atravesé las diferentes estancias del museo, recorrí los pasillos alfombrados y bajé unas escaleras hasta llegar a la lúgubre cripta subterránea donde me había citado con mis anfitriones. Era una habitación circular de paredes de yeso y suelo de mármol en la que destacaba poderosamente un elemento: una mesa de operaciones sobre la que descansaba una momia.

Era la momia de María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno y Ministra de la Presidencia entre 2004 y 2010, una de las mujeres más poderosas e influyentes de su época, mano derecha de José Luis Rodríguez Zapatero, una competente, eficaz e incansable servidora pública.

No esperaba encontrarme tan pronto y tan directamente con la momia, por lo que, asustado y asqueado a partes iguales, desvié la mirada. Pero ya había visto lo suficiente. De la Vega tenía muy mal aspecto, un aspecto horripilante, cabría decir. Hallábase el huesudo rostro de la mujer chamuscado y demacrado, plagado de profundas arrugas y marcas oscuras. Sus labios eran muy finos, casi invisibles, y estaban surcados por líneas verticales: el conjunto se asemejaba a un código de barras que hubiese sido estampado sobre su boca. Unos quebradizos cabellos despeluchados y amarillentos le caían sobre la frente. Finalmente, tuve una visión de sus manos, cruzadas sobre el inexistente pecho y crispadas como garras, recubiertas de una tostada piel apergaminada. La esquelética y desagradable momia, por suerte, no estaba desnuda, sino vestida con uno de sus modelos preferidos en vida.

Confieso que desde un principio me había tomado toda la historia como una broma o, a lo sumo, como la idea inofensiva de un orate. Pero después de mi encuentro con la momia, después de ver el espantajo sobre la mesa de operaciones, ya sólo tenía ganas de meterme debajo de la cama y de rezar para que no se apareciese en mis pesadillas, alargando hacia mi vulnerable cuello sus brazos largos y espeluznantes...

Percibí en ese instante una presión en mi hombro y me di la vuelta como una centella, esperando encontrarme con lo peor.

--Bienvenido, amigo mío --me saludó un hombre con facciones agradables, pelo canoso y ojos azules. Apartó su mano de mi hombro y me la ofreció para que se la estrechase. Ya le conocía. Era el doctor Gens, el promotor del experimento. Junto a él había otros dos hombres, serios y compungidos, ataviados con sendas batas blancas, que me saludaron con una leve inclinación de cabeza--. Espero que no se haya asustado --agregó el doctor, divertido--. Ustedes los periodistas son muy impresionables.

Los tres eran unos eminentes científicos enviados expresamente desde la capital, Benidorm. El doctor Gens era catedrático de Filosofía Natural, al igual que otro de los presentes, el doctor Sierra. El tercer científico, el más joven de todos, era un prestigoso médico experto en las reanimaciones más extraordinarias, el doctor Salinas. Trabajaban en un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Salud e Higiene Pública.

Suspiré, aliviado, ante la presencia tranquilizadora de los tres hombres de ciencia.

--En absoluto, doctor, no he pasado ningún miedo --mentí sin sonrojarme, y luego señalé a la momia, sin mirarla--. Creía que las técnicas de embalsamiento habían mejorado desde al antiguo Egipto. Quien hizo este trabajo firmó ciertamente la mayor chapuza de su vida. ¡El cadáver está desompuesto!

--Se equivoca de plano, señor --terció el doctor Sierra con voz susurrante y trasluciendo irritación--. Yo mismo la embalsamé hace más de veinte años, nada más morir, y le garantizo que está tal y como pasó a mejor vida. Incluso conserva sus órganos internos, lo que hará posible su... resurrección.

--Bueno, hay que ponerse en marcha --resolvió el enérgico doctor Salinas, quien, velozmente y haciendo gala de un gran domnio de la situación, caminó hasta la mesa de operaciones y encendió una extraña máquina conectada a la momia mediante unos cables con pinzas--. Disculpe que no dedique más tiempo a las presentaciones, pero es tarde y el experimento debe comenzar. Su trabajo, según entendido, es documentar todo lo que suceda para un reportaje y, si es posible, hacer la entrevista del siglo. Le pido que tenga los ojos muy abiertos y no intervenga en la fase de reanimación.

--No hay de qué preocuparse, señores --les aseguré--: no les molestaré lo más mínimo.

El doctor Gens, que era sin lugar a dudas el más disparatado de los tres científicos, me guiñó un ojo y, acto seguido, se unió a sus compañeros.

Estuvieron un rato ocupados en no sé qué preparativos. Alejado de la mesa, no sabía qué hacer y me limitaba a examinar el techo y dar pequeños paseos. Por fin, el doctor Salinas, excitado por la marcha del experimento, tuvo a bien darme algo de información:

--Nos ha costado mucho obtener la autorización del Gobierno de Benidorm, pero esto va a ser un éxito, un hito científico de inconmensurable magnitud --anunció, apretando más botones de la máquina y analizando unas pantallas llenas de datos que me eran incomprensibles--. No se preocupe por los detalles técnicos. Básicamente, vamos a aplicar galvanismo a esta momia junto a una dosis de un compuesto secreto que yo mismo he concebido.

Habían cerrado las puertas de la habitación, que carecía de ventanas. ¿Y si algo salía mal? ¿Y si resucitaban a un cadáver con el cerebro fundido o con ansias de venganza? Ya no dudaba tanto como antes de las posibilidades del experimento, pues el cerebro humano es fácilmente sugestionable cuando contempla a una momia en tales circunstancias. Me eché hacia atrás hasta dar con mi espalda en la pared. Sin previo aviso, el doctor Gens bajó una palanca de la máquina y la corriente eléctrica fluyó hacia el cuerpo inanimado de De la Vega.

La máquina vibró y se quejó. Saltaron chispas. La luz, debido a la intensidad de la corriente, empezó a titilar. Y olía, o mejor dicho, apestaba a quemado. Finalmente, el doctor Salinas clavó una larga aguja donde debía estar el corazón de la momia.

Nada ocurrió. La momia seguía sobre la mesa de operaciones, tan muerta como antes. Los tres doctores estaban visiblemente decepcionados y pronto se enzarzaron en una violenta discusión. Todo había acabado. En tanto solucionaban sus disputas, volví a acercarme con curiosidad a la mesa de operaciones, y miré directamente a los ojos cerrados de aquella mujer enjuta y severa. Súbitamente, retrocedí con espanto.

La momia había abierto los ojos.

--Doctores..., doctores, deberían ver... esto --balbuceé. La momia se había levantado y tenía un gesto torcido sumamente inquietante.

Los tres científicos me miraron primero a mí como reprochándome que interrumpiera su debate. Después, con una mezcla de incredulidad y expectación, a De la Vega, que, desprendiendo volutas de humo, tambaléandose y tratando de mantener el equilibrio, les apuntó con un dedo seco y quemado.

--Creo que me deben una explicación --gruñó, sumamente enojada.

Diez minutos después, pasado el susto inicial, pude dar comienzo a mi entrevista con los tres doctores --aún mortalmente pálidos y enormenente alterados-- vigilando cada uno de los movimientos de la momia. Habíamos decidido trasladarnos a una salón más acogedor y apropiado para una conversación. Allí, sentado frente a De la Vega en un mullido sillón, con té y pastas en la mesa que nos separaba, me forcé a superar mis temores y afrontar la entrevista con normalidad. A mis espaldas, los tres doctores, de pie, no perdían detalle de nada. Cada poco, se daban al cuchicheo:

--Ha funcionado su teoría sobre el galvanismo aplicado a tejidos muertos --comentaba el doctor Salinas al doctor Gens.

--Pero parte del mérito está en el suero elaborado por el doctor Salinas --recordaba el doctor Sierra.

--Y a su magistral momificación de la señora, doctor Sierra --remataba el doctor Gens.

Les pedí silencio, pues ya tendrían tiempo de hablar de su éxito y de estudiar el objeto de su experimento, y volví a dominar mis temores para que no se convirtieran en temblores que me delataran como un pésimo entrevistador. No sólo estaba impresionado por la perspectiva de entrevistar a un ser arrancado a las garras de la muerte, sino también por la propia figura de De la Vega, que, altiva y displicente, aguardaba mis preguntas.

--Bueno, ¿cómo se siente, señora? --dije tras encender la grabadora.

De la Vega, ignorándome, se empezó a sacudir el polvo de su chaqueta rosada y sólo cuando terminó la operación de limpieza se dignó a mirarme con aire despectivo y responder:

--Francamente mal. No sé yo si esto es muy natural... --Tomó su taza de té y la acercó a sus labios con código de barras--. Doctores, ¿cómo es que les permiten hacer semejantes experimentos con damas ya muertas y enterradas?

Tras un largo silencio, y empujado por los otros dos, el doctor Gens explicó:

--Los comienzos del siglo XXI fueron muy, ejem, mojigatos y limitados en este tipo de cuestiones. Había mucha ética de por medio, mucha legislación restrictiva... Así pues, fue necesario volver al espíritu del siglo XIX y principios del siglo XX, épocas donde la ciencia podía ponerse al nivel de las más complicadas fantasías.--El doctor trató de componer una sonrisa--. Y el caso es que hemos avanzado mucho, como puede usted comprobar...

De la Vega cruzó las piernas, enfundadas en un pantalón de seda, y volvió a centrar en mí su atención. Parecía que en cualquier momento se le fuese a desprender el dedo con el que sujetaba la taza de té.

--¿Y qué tiene que preguntarme que es tan jodidamente importante como para despertarme del sueño eterno de los mortales? --me espetó, escupiendo las palabras. Poseía una voz no ya de vieja pelleja, sino de ultratumba.

Nervioso, me froté las manos y bebí algo de té para ganar tiempo. La cinta de la grabadora corriendo era lo único que se escuchaba.

--No todos los días, señora, se tiene la oportunidad de entrevistar a una política de su talla, con su relevancia y experiencia --dije al fin, con ánimo adulador--. Por eso fui invitado a participar en este experimento, para recoger su testimonio de primera mano sobre unos años determinantes que hoy se estudian a fondo en los libros de texto. Esta entrevista será su primer paso en el retorno a la vida pública. Un retorno por todo lo alto, se lo aseguro. Si quiere, puede hacer un resumen de cómo fueron sus años en el Gobierno.

Ahora De la Vega parecía mas cómoda, en su salsa. Unió ambas manos formando una especie de triángulo místico. Como había estudiado al personaje y repasado docenas de vídeos, conocía bien ese gesto: De la Vega se disponía a soltar un discurso tan extenso como carente de contenido.

--Fueron años de igualdad, prosperidad, política social, derechos civiles, avances democráticos, servicio público, atención al ciudadano --enumeró la momia con facilidad, y se disponía a seguir cuando tuve el atrevimiento de interrumpirla, no sin cierto temor a ser reprimido.

--Perdón, ¿sería tan amable de concretar más?

De la Vega me fulminó con sus ojos inyectados en sangre y ojerosos. No obstante, no manifestó furia alguna y, adoptando un tono pedagógico y tranquilo, continuó hablando:

--Estuve siempre al lado del Presidente. Participé en la elaboración de importantes leyes. Me ocupé de ser la voz del Gobierno incluso en los momentos más difíciles. Realicé giras internacionales en favor de la justicia social y el desarrollo de los países pobres. Por tanto, no lo hice nada mal, nada mal... Sí, la verdad es que fui la leche en polvo. Modestia aparte, claro está.

--Dicen que era usted, recordando a Golda Meir, el único hombre del Gabinete Zapatero. ¿Es una afirmación exacta? --pregunté, ya más animado.

La momia se echó a reír. Era una risa parsimoniosa, retorcida, estridente.

--Por supuesto que era el único hombre --convino, tomando una pasta del plato que mordisqueó con delectación--. Usted afirma interesarse por mi época... ¿No vio a ese tal Moratinos llorar como una mujer por lo que no supo defender como un hombre? ¿Y ha reparado en los demás miembros masculinos del Gobierno? Unos invertidos a mi lado. Ahora bien, las mujeres eran tontas, tontas de remate. La señorita Trini, Aída o como se llamase, una alienígena con nombre de pasillo... ¡No sabe lo que tuve que aguantar!

Me estaban gustando sus respuestas y, desde luego, a la antigua vicepresidenta del Gobierno los años en la tumba le habían sentado bien y volvía a la carga plena de energías. Decidí tocar un tema sensible.

--Era usted la que daba la cara, la que lidiaba con los periodistas, la que se batía el cobre en el Parlamento en las sesiones de control... Tengo entendido que gracias a su autoridad, a su seriedad y a su impresionante capacidad de trabajo era usted la más valorada del Gobierno por la opinión pública. Y, a pesar de todo, Zapatero prescindió de usted en la famosa crisis de Gobierno de finales de 2010.

La única lámpara que había en la habitación amenazó con fundirse. Algo de electricidad acumulada en De la Vega parecía estar perturbando el ambiente. Recordar el cese y los malos momentos asociados a él era duro para la momia y debía de estar enfureciéndose. No obstante, se impuso su voluntad y habló como antes, con el mismo tono frío de profesora de estricto internado británico:

--Así fue. Reconozco que estaba quemada, desgastada, sin ideas... Los tiempos de la crisis económica fueron extraordinariamente difíciles. Se hablaba de austeridad, de gasto social, de salida justa de la crisis, pero nada convencía a los ciudadanos. Y la oposición nos golpeaba con eso. Pero podría haber resistido hasta el final, hasta 2012, y haberme hundido con el Presidente.--Una sombra cruzó su rostro arrugado y reseco--. Él prefirió a Salgado y me despreció a mí. Esa señora, por decirlo suavemente, no sabía una palabra de economía, como yo, pero el Presidente la dejó ahí porque hacía bien su papel de florero. Si hubiese puesto a alguien solvente en el Ministerio de Economía y Hacienda, a lo mejor le habría propuesto tomar medidas más decisivas y audaces en materia económica... Claro, no era ésa la prioridad, sino preparse para las elecciones y dejar de lado los impopulares recortes. Por tanto, fui sacrificada para contentar al PSOE más militante y dejar paso a Rubalcaba.

--He leído que usted podría haberse quedado sólo con haber amenazado a Zapatero con darle problemas.

--Sí, es cierto --admitió De la Vega, esbozando una sonrisa maliciosa y pícara--. Un buen día el Presidente, tras haber asegurado por activa y por pasiva que sólo cambiaría al Ministro del Trabajo, esa agonía andante, entró en mi despacho y, como poseído por Rubalcaba, me anunció que iba a cesarme y que los problemas del PSOE los tenían que solucionar los hombres. Le respondí que para hombre yo, y que los tenía bien puestos. Entonces él dudó. Dio un paso atrás. Ni él ni Rubalcaba hubiesen podido conmigo. Sin embargo, yo estaba cansada, física y espiritualmente, y muy harta del PSOE, así que al final le dije al Presidente que abandonaría el Gobierno sin dar problemas con mi salida, de forma mansa y obediente.

Llamaron a la puerta. Era la encargada del museo, que pidió hablar con uno de los doctores. Salió el doctor Gens y, aunque los otros dos científicos intercambiaron algunas palabras, yo retomé el hilo de la entrevista.

--Según mis investigaciones, muchos pensaban que usted albergaría algo de resentimiento hacia Zapatero y que en sus memorias le lanzaría algún dardo o le cuestionaría de alguna forma. Aun así, en su libro Esencias de mujer, publicado en 2012, no hubo nada de eso. Es más, abundaron los parabienes dedicados a Zapatero, ya caído en desgracia tras la victoria de Gallardón en las elecciones.

La momia asintió con la cabeza y cerró los ojos para recordar mejor. Cuando respondió, lo hizo con un deje de nostalgia en su voz aunque manteniendo el rigor de su exposición.

--No quería levantar demasiada polémica. Siempre me he considerado una mujer leal y agradecida. Después de todo, fue Zapatero el que confió en mí para un cargo vital y gracias a él pude realizarme como nunca antes y ponerme al servicio de los ciudadanos. Por tanto, no me pareció correcto expresar mis reticencias sobre su política o sobre mi abrupto cese. Tenga en cuenta que en aquellos años ya estaba de retirada. No quería volver a la política activa por medio de críticas al Gobierno en el que había participado. En vez de ir al Consejo de Estado a hablar con tanto carcamal, prefería quedarme en casa, tumbada en el sofá, viendo el programa de la Campos o el de Ana Rosa los días de diario. Y por la tarde, Sálvame. Qué maravilla. ¿Siguen emitiendo cosas así? De hecho, protagonicé una edición de Sálvame junto con Carmen Lomana --prosiguió De la Vega con menos frialdad--: se trataba de un duelo que ganaría la que tuviese más fondo de armario. Alguna vez hay que desmelenarse en la vida y me harté del papel que me habían endosado de feminista intolerante y jurista seria y preparada. No quería acabar como esa gorda de Cristina Almeida. Yo siempre he conservado un físico estupendo y he cultivado mi elegancia a través de la ropa y el maquillaje. Si me mantuve soltera, sepa usted que no fue por falta de pretendientes, sino por mi selectivo criterio.

La entrevista, para mi desgracia, tuvo que cortarse ahí, en el mejor momento. Nada más pronunciar De la Vega esas últimas palabras, que anunciaban más sorprendentes revelaciones, el doctor Gens interrumpió en la habitación acompañado por dos guardias de seguridad armados con fusiles. No había perdido la calma. El Palacio de La Moncloa estaba rodeado por una peligrosa secta y la vida de todos los que estaban en su interior corría un serio peligro. Los doctores Sierra y Salinas comenzaron a corretear de un lado a otro de la habitación, totalmente acobardados.

--¿Qué secta? --quiso saber De la Vega, que, lejos de mostrarse muy alarmada, siguió bebiendo té--. Por cierto, ¿en qué clase de país vivimos? ¿Cómo se atreven a asediar La Moncloa? ¿Sigue siendo España una monarquía parlamentaria?

Como no había tiempo que perder, me lancé a explicarle a la momia el estado de las cosas en España.

--España es un matriarcado que consiste en que sólo las mujeres pueden votar. El presidente del Gobierno es Fernando Sánchez Dragó.--De la Vega arqueó las cejas, escandalizada, y puso los ojos en blanco--. No se ponga así, por favor, las mujeres le quisieron a él, a un auténtico macho cabrío... Y sí, es muy viejo. Resulta que descubrió de veras el elixir de la eterna juventud. En cuanto a la secta, es una banda terrorista de extrema izquierda que parece salida de un convento y que pretende eliminar a todo aquel que supuestamente desprecie a las mujeres o que, en general, se salga de los estrechos márgenes del pensamiento único que defienden. Son extremadamente moralistas y pacatos, hasta el punto de que, a pesar de ser todos hombres, siempre se refieren a ellos utilizando el masculino y el femenino. También queman libros de autores indeseables para ellos y cosas así.

--Supongo que quieren destruir el retrato de Esperanza Aguirre al desnudo que hay aquí --sugirió el doctor Gens. Y, dada la sorpresa de De la Vega, añadió --: No la soportaron en vida y no soportan su retrato... Al parecer, lo encargó Gallardón en secreto. Ya se sabe lo que cuentan de las relaciones de amor y odio.

De la Vega, por vez primera, estaba conmocionada por el alud de novedades, pero acertó a ponerse en pie. Sus movimientos era aún bastante robóticos, pero estaba seguro de que podría luchar.

Según los guardias, los activistas de la secta pronto conseguirían saltar los muros del complejo. La policía iba a tardar en llegar, ya que Madrid, desposeída de su condición de capital, se había convertido en la cocina del infierno de España.

--Muy bien. Estoy asimilando todo esto --dijo la momia--. ¿Quién lidera la secta?

--El padre Escolar --contesté.

--¿El padre de Escolar?

--No, el padre Escolar --repetí, hablando más alto--. En su juventud ya parecía un viejo debido a su ideología progresista y trasnochada, y se acostumbró tanto a dar sermones que al final se los creyó y ahora va por el mundo asegurando que es un fraile y quemando a quienes ponen anuncios de prostitutas en los periódicos o disfrutan de sexo consentido con menores de edad. Ese hombre está absolutamente loco y desea imponer su moral de todo a cien a España entera.

--¡No hay más tiempo que perder! --exclamó entonces el doctor Gens, que ya había logrado tranquilizar a sus dos colegas--. Debemos armarnos. La encargada me ha dicho que todavía conservan los tres revólveres que Gallardón siempre tenía a mano durante su presidencia por si acaso se le aparecía el espíritu vengativo de Rajoy, el hombre a quien traicionó. Creo que podríamos aprovecharlos. Hay cuatro guardias y todos ellos llevan fusiles. En cambio, los activistas de la secta suelen ir armados con palos y piedras porque están en contra de las armas de fuego.

Ya se podía oír el griterío de la fanática turba. Pero antes de preparar la defensa, debía aclarar una última cosa. Me dirigí a De la Vega.

--Señora, esa secta es a día de hoy la mayor lacra que sufre España. Sin ella, todos podríamos disfrutar más de la libertad y de la prosperidad económica de este tiempo. Pero ellos son la izquierda actual y, como conocedor de su biografía, me veo obligado a preguntar qué va a hacer usted. Puede unirse a nosotros y, en consecuencia, defender el interés general de España; o, por el contrario, unirse a sus filas y volver a la inquisición y el totalitarismo.

No tardó en responder ni un segundo.

--No doy un duro por ese retrato de Esperanza Aguirre --graznó, meneando la cabeza--, pero prefiero el matriarcado de Sánchez Dragó antes que ser gobernada por ese cura laico llamado Escolar. Así que elijo lo primero. Ya me ocuparé de fundar una nueva izquierda más compatible con los tiempos que corren.

Tomamos, pues, las armas disponibles y fuimos hacia la entrada principal a recibir a tiro limpio a los activistas de la secta, que a voz en grito demandaban la entrega del cuadro para su inmediata quema. Escuché la voz de Escolar entonando La Internacional, e imaginé que iría vestido con su ridículo hábito negro.

Con notable habilidad, De la Vega empuñó su revólver, apuntó a la puerta y apretó el gatillo. La primera bala atravesó la madera y se incrustó en el cráneo de uno de los activistas.

--Bien, vamos a patear traseros --proclamó, encantada--. ¡Es lo que mejor se me da!

Y todos comenzamos a disparar a fin de hacer retroceder a las huestes reaccionarias a sus putrefactas cavernas.

De nuevo, mis disculpas a Edgar Allan Poe y, además, a mi ídolo John Carpenter. Quería homenajear a De la Vega y se me ha ido la cabeza. Y a los demás, feliz noche de Halloween.

domingo, octubre 24, 2010

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA LEGISLATURA

Mucho ha dado que hablar la última crisis de Gobierno. Demasiado, sin duda, para tan poca sustancia. Y sí, no voy a ser menos y voy a hablar de ella, aunque mi comentario será reducido toda vez que, en este momento, importa bien poco --en términos de arreglar los problemas que acucian-- el cambio de Gobierno, con sus salidas y entradas documentadas ad nauseam por los periodistas. El nuevo Gobierno ha sido formado, de acuerdo con el propio Zapatero, sobre la base de dos criterios: que sea capaz de soltar mucha propaganda; y que valga para hacer oposición a la oposición. Nada gestión eficaz o especialistas en materia económica: el Presidente cree o quiere hacer creer que lo peor ya ha pasado y que toca centrarse en las elecciones y resistir hasta entonces. Es el principio del fin de la legislatura y, a partir de este punto, lo que resta es una larga campaña demagógica en la que el Gobierno sólo va a incluir en su agenda intereses partidistas.

La jugada de la crisis de Gobierno, respecto a los tiempos, ha sido una cortina de humo destinada a impedir que se atienda demasiado al debate presupuestario, a las escandalosas cesiones de Zapatero a los nacionalistas para mantenerse en el poder y a unos Presupuestos Generales del Estado que contienen unas previsiones de crecimiento de la economía y de ingresos públicos no ya optimistas, sino harto increíbles. El resto poco interesa. Las políticas no van a cambiar. Zapatero es muy presidencialista y no deja libertad a sus ministros, que han quedado reducidos a ser meros portavoces y escudos. El Consejo de Ministros es un órgano colegiado y, teóricamente, un ministro con ideas propias e iniciativa puede emprender grandes proyectos y despuntar, pero de un tiempo a esta parte el presidente del Gobierno ha reunido todo el protagonismo para sí. Véase, por ejemplo, el caso de la Ministra de Economía y Hacienda.

Lo único que merece mayor glosa es la pirueta de la señorita Trini. En una nueva e impresionante semejanza con Obama, ha sido nombrada por Zapatero Ministra de Exteriores la candidata que en las primarias de Madrid fue derrotada por el Obama de Parla, un tipo que antes lucía patillas de bandolero y ahora se la has recortado.

Lo cierto e indudable es que el PP aventaja al PSOE en las encuestas. Pero sería un error de Mariano Rajoy echarse la siesta. Por un lado, debe de haber bastante voto sumergido del PSOE. Por otro, distancias más grandes se han acortado y, conforme se aproximen las elecciones generales, saldrán a la palestra sindicatos, titiriteros y otros mantenidos del socialismo a advertir del peligro de que gobierne la derecha. Dirán que es mejor que siga el PSOE, porque no hay que olvidar la invasión de Iraq, el Prestige, la perfidia de Aznar, etcétera. Huelga decir que el PSOE va a defender sus posiciones con todo lo que tenga a mano, sin remilgos ni complejos, y va a erigir el espantajo de una derecha anticuada, antidemocrática y apocalíptica. Rajoy debe ir preparándose para ello, aunque experiencia no le falta.

Animados por el cambio de Gobierno y espoleados por Zapatero a explicarse mejor, los socialistas han pasado a la carga. José Blanco ya ha manifestado que el PP va a lomos de la crisis hacia La Moncloa (como si hubiese algo de malo en ello) y que se les ve "el plumero, aunque a Mariano Rajoy no es difícil". Los socialistas saben bien que Mariano tiene mucha pluma, que es un "mariposón", en palabras de Alfonso Guerra, y hay que destacarlo y ridiculizarlo. Y como ellos son de izquierdas y Rajoy no tiene unos voluptuosos morros ni se llama Pajín, no es de esperar que nadie pida la dimisión de Blanco, le retire el saludo o le acuse de homófobo.

domingo, octubre 17, 2010

LO QUE HAY DETRÁS DE LOS ABUCHEOS Y UNA CRÍTICA A PROTOCOLOS DE PACOTILLA

En España se tiende a hacer realidad el dicho de que los árboles no dejan ver el bosque. El gran tema de conversación de esta semana ha sido, en consecuencia, el de los abucheos a Zapatero y el Día de la Hispanidad. Esta vez fueron de mayor intensidad que otros años y han levantado una fuerte polémica. Por de pronto, hay formas más educadas e incluso efectivas de expresar discrepancia y, qué duda cabe, fue una hiriente falta de respeto que los abucheos siguieran escuchándose durante el homenaje a los caídos por España, instante solemne donde los haya. Hay que tener en cuenta, en descargo de los manifestantes, que el intento de alejar a las autoridades del público y la supresión de las pantallas habrían impedido que supieran cuándo abroncar al Presidente.

En cualquier caso, el ruido y la furia ocultan el fondo de la cuestión. En primer lugar, se ha centrado el debate en la pitada en sí en lugar de en las causas de la misma, que es lo que debería interesar a los gobernantes, procurar entender a la opinión pública. Cunde el descontento entre la ciudadanía y hay un creciente malestar debido a la pésima gestión de la situación económica y a la mediocridad de la clase política en general. Con millones y millones de parados, con un Gobierno impopular, desacreditado e ineficaz, etcétera, es inevitable que se produzcan desahogos de esta clase, muestras del hartazgo del pueblo. Por ello, no creo que la extrema derecha estuviera detrás de (todos) los abucheos. Y es asombroso que algunos políticos y analistas hayan dictaminado con afán inquisitorial que hubo grupos organizados. ¿Y qué si lo estaban? Aún no es un delito organizarse para pedir la dimisión de Zapatero y hacerle pasar un rato de sonrojo. Por lo demás, condeno sin paliativos los insultos y las groserías de los más exaltados, sobre todo en un día que debiera caracterizarse por la unidad y el orgullo por España.

En segundo lugar, los políticos, en democracia, han de saber que va en el cargo tener que soportar estos malos ratos de vez en cuando. Es algo asumido y no hay por qué escandalizarse tanto. Zapatero ya no puede esperar que le aplaudan las masas.

Preocupada por el bienestar de su amo, Chacón se ha sacado de la manga del smoking la idea de un "protocolo" para evitar que se repitan tan estruendosos abucheos. El Gobierno siempre obsesionado con prohibir. Es repugnante que el Gobierno y el PSOE hayan intentado sacar partido del escándalo, presentando a Zapatero como una víctima de los crueles radicales. Muchos otros políticos han sufrido cosas peores que un abucheo: en Cataluña, hasta intentos de agresión. En tales ocasiones, el Gobierno siempre adoptó una postura más bien tibia. Hace nada ha habido aquí una huelga general en la que muchos trabajadores, por el mero hecho de ejercer su derecho al trabajo, aguantaron insultos, coacciones y ataques por parte de los piquetes. El Gobierno se limitó a alabar la "responsabilidad" de los sindicatos. Y el propio PSOE, en la jornada de reflexión previa a las elecciones de 2004, no tuvo reparo, mediante mensajes de teléfono móvil, en convocar a sus huestes a cercar las sedes del PP, buscando la intimidación, el acorralamiento del contrario.

Por lo tanto, ni los progresistas pueden pretender dar lecciones en esta materia, a no ser que se refieran a cómo reventar actos, ni el Gobierno debe coartar la libertad de expresión de los ciudadanos, que es absolutamente fundamental en una democracia. Al fin y al cabo, se trata de la fiesta nacional. Hay que rechazar protocolos que la desbraven. Ello evoca el "celo indiscreto de no pocos jueces" que, según Jovellanos, en su Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas (1790), les hacía ver que "la suma del buen orden consiste en que sus moradores [de los pueblos] se estremezcan a la voz de la justicia y en que nadie se atreva a moverse ni cespitar al oír su nombre. En consecuencia, cualquiera bulla, cualquiera gresca o algazara recibe el nombre de asonada y alboroto".

domingo, octubre 10, 2010

UNA DEFENSA DE LOS RICOS, DE LA LIBERTAD DE ENRIQUECERSE Y DEL BENEFICIO QUE ELLO TRAE A LA SOCIEDAD

Nada más alejado de mi credo político que el extravagante comunismo del recientemente fallecido José Saramago. Ello no obstó a que admirase y disfrutase su extensa producción literaria, en especial tres novelas: El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995) y Ensayo sobre la lucidez (2004). Ahora ha entrado en mi casa una de sus primeras obras, Levantado del suelo (1980), y, hojeándola, me ha inquietado sobremanera la cita que el autor incluye al principio: "Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico". La frase es de Almeida Garret, escritor portugués del siglo XIX. Y la respuesta la aventuro ya mismo: ninguno. Aparte de la errada duda, lo demás es resentimiento, adornos literarios y falacia.

La cita –y la intención de Saramago al destacarla-- ilustra a la perfección una herencia, una marca del catolicismo –luego asumida por la izquierda marxista y actualmente soslayada por la izquierda exquisita-- en el mundo occidental: el odio al rico, un sospechoso habitual. Se tiende a describir al rico como un malvado o como un explotador, y se exige que se le grave con impuestos más altos o que se aprueben regulaciones contra la especulación, que es una forma de enriquecerse. Todo ello, a mi juicio, es natural, un producto de la envidia y de la necesidad que tiene todo hombre de descargar en otro sus carencias y limitaciones o de rebajar los méritos ajenos para hacer soportables los propios fracasos. Así, muchos insinuarán que algo malo habrán hecho los ricos para serlo y que los grandes patrimonios son negativos. He aquí un error garrafal que hay que enmendar cuanto antes.

Hace tres años, Octopusmagnificens, al que nunca me cansaré de alabar, recogía en su bitácora las opiniones del socialista Hubert Védrine acerca del temor de los franceses a la globalización, que se apoyaba en varias causas: "Las tendencias católicas y marxistas hacia la igualdad, hacia el igualitarismo y el odio al enriquecimiento, así como la repugnancia moral hacia la economía de mercado y su motor: el beneficio". Pues bien, no es razonable mantener esos temores y resentimientos. Para responder a Almeida Garret no hace falta buscar demasiado. Adam Smith ya argumentó, con razón, que la búsqueda del beneficio individual –que es el primer paso hacia la riqueza— conlleva el beneficio de la sociedad. Lo explicó en La riqueza de las naciones (1776): "Al orientar esa actividad de modo que produzca un valor máximo, él [el individuo] busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos", toda vez que en la persecución de su propio interés "fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo", siendo todo ello regulado por la ley de la oferta y la demanda que rige en un mercado libre.

Salvando las distancias, Gordon Gekko, el tiburón de las finanzas de Wall Street (1987), manifestó semejante certeza en su famoso alegato: "La cuestión, señoras y señores, es que la codicia –a falta de una palabra mejor– es buena. La codicia está bien. La codicia funciona. La codicia se abre camino, aclara y captura la esencia del espíritu revolucionario. La codicia en todas sus formas: por vivir, por dinero, por amor, por conocimiento… La codicia ha impulsado el progreso de la humanidad".

Una imagen simple puede ayudar a comprenderlo. Un solo rico y veinte pobres a su alrededor. Sin rico, es insostenible pensar que su riqueza estaría distribuida entre los veinte pobres. Sencillamente, no se habría producido y lo más probable es que hubiera más pobres o que los veinte iniciales lo fuesen aún más. Pues son los emprendedores los que, arriesgando su capital y luchando por el éxito, generan actividad económica y empleos. Y los que, eventualmente, acumulan una fortuna. No se les debe condenar por pura envidia. El creador de Facebook tuvo una idea, aportó el dinero junto con otros y triunfó. Gracias a ese triunfo, no sólo ha fundado una próspera empresa, sino que han surgido otras al calor del éxito de las redes sociales (por ejemplo, empresas que se ocupan de borrar las huellas de una persona en Internet, sobre todo en las redes sociales). La misma peripecia de Mark Zuckerberg ha dado lugar a una película, con todo el trabajo y el movimiento de dinero que eso supone. Película que, a su vez, inspirará a otros a seguir sus pasos, aunque tengan que ganarse unos cuantos enemigos en el proceso.

Distinto es el rico que lo es por herencia o porque le ha tocado la lotería, si bien las ventajas son, de igual modo, innegables. Lo normal será que tenga necesidades, necesidades caras, que gaste dinero a espuertas, que consuma... Se me dirá que hay millonarios como el Tío Gilito, que lo guardan todo en el banco y viven con lo justo. Mejor aún. Ahorro es igual a inversión. ¿Qué sería de la salud del sistema financiero si los bancos no dispusieran de dinero ahorrado por los particulares puesto a disposición, en forma de créditos, de las empresas que desean invertir en un determinado proyecto? Nunca despreciaré los sabios consejos del director del banco que aparece en Mary Poppins (1964): "If you invest your tuppence wisely in the bank, safe and sound, soon that tuppence, safely invested in the bank, will compound! And you'll achieve that sense of conquest, as your affluence expands! In the hands of the directors, who invest as propriety demands!".

Moralmente, no creo que sea reprochable querer ganar dinero y amasar una fortuna, siempre y cuando se haga honrada y legalmente. De la misma opinión es Margaret Thatcher: "The accumulation of wealth is a process which is of itself morally neutral. True, as Christianity teaches, riches bring temptations. But then so does poverty" (Statecraft, HarperCollins, 2002). Desde una perspectiva moral, lo cuestionable será lo que se haga con el dinero. Y la verdad es que, fuera de la ficción, no conozco a muchos ricos que se dediquen a tratar de dominar el mundo o a esclavizar a la raza humana. Esas actividades son más características del Estado, sin duda. No pocos millonarios participan en instituciones benéficas o ejercen el mecenazgo. Asimismo, tributan –y mucho-- al fisco, lo que significa una sustanciosa contribución al sostenimiento de los gastos públicos.

Con todo, no soy ingenuo y no voy a pasar de la defensa razonada al panegírico. Puede que Almeida Garret se refiriese a casos concretos, a casos poco ejemplares. Ahí sí encaja su crítica. Es obvio que habrá grandes fortunas construidas sobre los cimientos de la corrupción, de la estafa, de la competencia desleal... Entiendo, sin embargo, que esos casos serán la excepción. Por lo tanto, hay que desterrar de una vez por todas la opinión peyorativa sobre los ricos y, en general, sobre los que desean maximizar su beneficio. Si se hace respetando las reglas del libre mercado y dentro de las leyes, no saldrá perjudicado el conjunto de la sociedad, sino todo lo contrario.

La alternativa es un país sin ricos (pero con privilegiados más iguales que los demás), un país socialista o, como diría Tony Blair, un sistema de Estado omnipotente en el cual, según enseña la experiencia histórica, la cruda realidad es que en vez de distribuirse la riqueza, se distribuye la pobreza; y en vez de haber igualdad de oportunidades, se impone un igualitarismo opresivo.

domingo, octubre 03, 2010

VINDICACIÓN DE LA RESTAURACIÓN CANOVISTA (Y II)

A la hora de examinar las sombras y fallos de la Restauración, es inevitable reconocer que el sistema bipartidista y pacífico soñado por Cánovas sobrevivía gracias al fraude electoral y al caciquismo. Pero huelga decir que dichas prácticas no eran patrimonio exclusivo de España ni fueron inventadas por Cánovas. En 1890, Sagasta trajo el sufragio universal y Cánovas argumentó que el país aún no estaba preparado, pero lo aceptó y el fraude se hizo masivo.

En cuestiones económicas, el proteccionismo que abrazó Cánovas --postura explicada en su discurso "De cómo he venido yo a ser doctrinalmente proteccionista", de 1891-- quizá fue perjudicial a la larga. Aun así, es otro producto de la época y de las tendencias europeas. En España, la Hacienda Pública dependía mucho de los aranceles y fronteras, aparte de que los empresarios catalanes eran ferozmente proteccionistas y presionaban al Gobierno para que no actuase a favor del libre comercio. Los polos industriales de Cataluña y País Vaco se aseguraron por esta vía. Cánovas, además, creía que la lucha por la vida se había trasladado a las naciones. Desde ese punto de vista, la mejor forma de garantizar la supervivencia de la nación y un Estado poderoso y viable era la defensa de la producción nacional. También influyó en el esquema proteccionista el inicio de la intervención en la cuestión social desde el Estado, materia en la que Cánovas posiblemente tuvo en cuenta las reformas sociales de su admirado Bismarck.

El Desastre de 1898 fue el rudo golpe --más moral que material-- que sufrió España y que, por ende, sufrió el régimen de la Restauración, determinando el inicio de su declive. En el revelador libro Una historia chocante: los nacionalismos catalán y vasco en la historia contemporánea de España (Ediciones Encuentro, 2004), Pío Moa subrayó que, tras 1898, "los partidos enemigos de la Restauración, del liberalismo o de la propia unidad española iban a aprovechar el ‘desastre’ para cargar las tintas, ennegrecer los hechos y crear una sensación de fracaso colectivo, fortaleciéndose de paso ellos mismos". Así fue. En esta etapa de su recorrido, la Restauración tuvo poderosos enemigos que fueron dinamitando las reformas emprendidas y precipitando todo hacia el golpe de Estado de 1923. Me refiero al incipiente movimiento obrero, al terrorismo anarquista, a los intelectuales desagradecidos y desapegados, a los nacionalismos del País Vasco y Cataluña...

Gran parte de la elite intelectual que había medrado en la paz y la tranquilidad reinantes (la Junta para la Ampliación de Estudios data de 1907 y no, como algunos pretenden, de los tiempos de la II República) se puso en contra del régimen, reclamando soluciones cada vez más radicales a los males de España. No habían aprendido nada de la experiencia, toda vez que las soluciones revolucionarias y más utópicas habían fracasado con estrépito, siendo el ejemplo más notable el de la I República (aunque es un ejemplo con justificación: en aquel entonces, se fue a la República porque poca cosa quedaba por ser ensayada).

El necesario regeneracionismo, en su vertiente moderada, no pudo cuajar y las diversas iniciativas fueron cayendo. El sistema podría haber evolucionado, haber superado sus carencias. No le dejaron. Para entenderlo en su justa medida, no hay más que fijarse en el ambicioso programa de reformas iniciado por José Canalejas, programa que, debido a su asesinato en 1912 a manos de un anarquista, quedó en papel mojado. Naturalmente, en este deterioro general tuvieron su parte de culpa los partidos dinásticos, que no supieron o no quisieron adaptarse a la nueva situación y tratar de abordar con más entereza los cambios, y Alfonso XIII, que permitió que regresara a España la práctica de los pronunciamientos militares.

En suma, el sistema podría haberse salvado a través de la revolución desde arriba propugnada por Antonio Maura, es decir, mediante un cambio ordenado, pragmático y pacífico, o bien haberse visto arrastrado por un proceso revolucionario. Se impuso, por el contrario, una idea intermedia, la del "cirujano de hierro" de Joaquín Costa, materializada en la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), que funcionó bien por un tiempo, aun a costa de liquidar el crédito de la monarquía y dejar el país a las puertas de la II República.

Es sorprendente que algunos, en su afán por vituperar este período y la obra de Cánovas, lo tachen de época aburrida, marcada por la monotonía del de Sagasta a Cánovas y de Cánovas a Sagasta. Qué insensatos. Ojalá el Gobierno y la política del día a día aburrieran. Ojalá el Gobierno fuese un gestor silencioso y con menos pretensiones y delirios. Ojalá llegue el día en que las portadas de los periódicos sean ocupadas con noticias sobre un nuevo premio Nobel español, la competitividad de las empresas españolas o una película producida sin subvenciones.

domingo, septiembre 26, 2010

VINDICACIÓN DE LA RESTAURACIÓN CANOVISTA (I)

Ha soltado José Bono, toda una autoridad del Estado, que, hasta 1978, sólo hubo en España 16 años de libertad. No es mi deseo hacer el recuento pertinente, sino reparar una afrenta. Bono ha omitido, a propósito y con mala intención, los años comprendidos entre 1874 y 1923, los brillantes años de la Restauración. Es menester hacer una valoración de esa época, a menudo menospreciada frente a aventuras más utópicas y de desdichado final. No había en aquel tiempo una libertad plena o una libertad en el marco de una democracia, pero no se le puede identificar como un período de represión o tiranía, ni siquiera como un período oscuro y ominoso, por lo que hace falta hablar más de él y destruir viejos tópicos. A mi entender, es un momento clave y muy sugerente en la Historia de España.

Una buena forma de comenzar mi humilde defensa de la Restauración es citar unas palabras del insigne historiador Carlos Seco Serrano, extraídas de un trabajo ya antiguo y en torno a las cuales van a girar mis consideraciones: "La Restauración, el intento más afortunado de convivencia equilibrada que nos brinda nuestra época contemporánea, se resume, históricamente, en anverso y reverso. En su anverso hemos de anotar cuanto tuvo de superación constructiva, de cara a todos los desgarramientos de un siglo de guerras civiles; en su reverso, la escasa comprensión inicial para el nuevo ciclo revolucionario protagonizado por el ‘cuarto estado’, lo que a su vez implicaría el falseamiento de todas las instituciones democráticas".

Cerca del último cuarto del siglo XIX, España arrastraba ya muchos vaivenes entre absolutistas y liberales, moderados y progresistas, enfrentamientos fratricidas, pronunciamientos, un cambio de dinastía y una república de pitorreo y caos... Con altura de miras y un proyecto sólido en mente, el malagueño Cánovas del Castillo supo hacerse cargo de tan lamentable situación y sentar las bases para el desarrollo de un período que se caracterizaría por una extraordinaria estabilidad política y una indudable prosperidad, que es justo lo que había escaseado en la España anterior.

Comenzaba, pues, la Restauración, cuyo texto constitucional, de 1876, era pragmático y flexible, alejado de las denominadas constituciones de partidos, meros programas idealistas. Establecía la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes e incluía una lista de derechos y libertades, aunque la autoridad podía llegar a restringirlos con bastante facilidad. Los demás elementos concurrentes también auguraban el éxito. Con renuncias, cesiones e integración, se instauró un turno pacífico entre los dos grandes partidos, el Partido Conservador y el Partido Liberal. Alfonso XII, uno de los reyes más admirables que ha tenido España, cumplió escrupulosamente sus funciones constitucionales y sirvió fielmente a su pueblo hasta su prematura muerte. Tampoco hay que escatimar alabanzas para la austera y sacrificada Regente, María Cristina, todo un ejemplo de mujer recta y sensata. Y los militares ya no estaban a la cabeza de los partidos ni planeaban tomar el poder aprovechando cualquier crisis.

Por todo ello, justo es concluir que se trataba de una España que no estaba tan mal y en la que se disfrutaba de un importante grado de libertad, para disgusto de José Bono y sus fuentes, si es que las tiene. Pero queda por echar una mirada a ese anverso de la Restauración, en palabras de Seco Serrano.

domingo, septiembre 19, 2010

POR QUÉ HAY QUE OPONERSE A LA HUELGA GENERAL

Uno de los descubrimientos que ha traído la crisis no ha sido, como anunció un filosófico Zapatero, que los que no trabajan en realidad trabajan, sino que los sindicatos –los dos sindicatos más representativos— no han estado a la altura de las circunstancias. Han fracasado como voz crítica con el Gobierno cuando éste yacía en la pasividad, han fracasado en la concertación social con los representantes de los empresarios y van a fracasar en su intentona de huelga general. Durante mucho tiempo estuvieron del lado del Gobierno y su tibia forma de encarar la difícil situación. Cuando el número de parados alcanzó cotas insospechadas y, en especial, cuando empezó la reducción drástica del gasto público, decidieron convocar una huelga general que, cuando menos, puede calificarse de desdichada.

Las huelgas generales se hacen, como norma, con el fin de protestar contra la política de un Gobierno respecto a los trabajadores. Ahora mismo, sin embargo, la cosa está muy repartida: la huelga es contra el Gobierno, es contra la oposición y es contra los empresarios. Los propios sindicatos están exentos de todo atisbo de autocrítica.

Ha de quedar claro que no hay por qué oponerse sistemáticamente a la huelga, ni siquiera a las huelgas generales. Después de todo, es un derecho fundamental que nadie discute, a pesar de que su regulación en España no sea la más completa. Esto dicho, la actual huelga es desacertada por varias razones. En primer lugar, no va a solucionar nada: si de verdad triunfa, su resultado serán graves pérdidas económicas por la paralización del país y el cuadro de una España inestable en el exterior. Y si influye en el Gobierno, hay que pararse a pensar en los siniestros objetivos y planteamientos de UGT y CCOO. Buscan presionar a Zapatero para que cancele los ajustes en marcha y poner fin a la reforma laboral, a la de las pensiones, etcétera. Es verdad que hay mucho que objetar a las medidas del Gobierno, pero los sindicatos pretenden que no se haga nada. Fuera de cuatro tópicos y consignas baratas, no tienen alternativa que presentar, y casi mejor así, a la vista de su carnavalesco análisis titulado Las mentiras de la crisis. Si tal es su visión de la realidad, sus recetas serán para echarse a temblar. Ojalá los trabajadores no los refrenden.

Más que en defensa de los trabajadores, UGT y CCOO, a través de sus vergonzantes dirigentes, Cándido y Tocho, van a utilizar la huelga general como un enorme escudo que blinde sus subvenciones, sus privilegios y... sus liberados. Los recortes están llegando a todas partes, es tiempo de poda y los liberados sindicales –sobre los que no hay transparencia alguna— se sienten amenazados, empezando por Madrid, donde las intenciones de Esperanza Aguirre han escaldado a Cándido y sus secuaces.

Lo que quieren los parados es trabajar. Lo que quieren los trabajadores es seguir trabajando, no a toda costa, pero sí sin la tutela de estos personajes que en su vida han dado un palo al agua. Apoyar a los sindicatos en esta huelga general es cometer un error, pues los únicos beneficiados van a ser Cándido y Tocho, tanto monta, cuyo temor a que se les acabe el chollo es tangible. "Ganarás el pan con el sudor del de enfrente" bien podría ser su divisa, en palabras de Pedro J. Ramírez, quien añade con ironía: "Pero siempre por el bien de los demás, por los derechos de los trabajadores, por el progreso de la clase obrera, por el fin de la opresión".

El año pasado, tras una manifestación de liberados contra los empresarios, escribí: "Se me antoja que estos sindicatos desean formar un gigantesco ejército de mantenidos y desesperados a los que manipular con facilidad para que el Gobierno les otorgue más poder. Así no se defiende a los trabajadores". Efectivamente, esta suerte de ejército industrial de reserva invertido es lo que anhelan los sindicatos. Porque a estas alturas ya deberían saber que sin sacrificios y sin una reforma del mercado de trabajo que no sea nada con gaseosa aquí no se va a crear empleo en mucho tiempo.

Acabo con dos apuntes prácticos para el día de la huelga. En todo caso, hay que respetar los servicios esenciales de la comunidad mediante los servicios mínimos que fije la autoridad competente. Que alguien saque a Cándido de su extraña confusión. Y, como tiene declarado el Tribunal Constitucional, se permiten los piquetes informativos pero no los coactivos, así que si alguien se ve agredido por ellos tiene en su mano recurrir a la legítima defensa.

domingo, septiembre 12, 2010

APUNTES SOBRE LA BATALLA ELECTORAL EN MADRID

Un buen día, Zapatero, con su habitual desprecio hacia las mujeres, decidió que para ganar en Madrid necesitaba una señora rubia y con salero, o sea, como Esperanza Aguirre, y sólo le vino a la mente el nombre Trinidad Jiménez. Craso error, propio de alguien que piensa que la Presidenta triunfa gracias exclusivamente a cierta dosis de populismo y desenvoltura y a que es una liberal impulsiva y directa. Por encima de su simpatía y naturalidad, Esperanza ha efectuado, con pico y pala, una extraordinaria gestión como Presidenta de la Comunidad de Madrid. Los siete años comprendidos entre 2003 y 2010 han sido años prodigiosos, de gran prosperidad para la región.

Por consiguiente, que no espere Zapatero que con Trinidad Jiménez va a conquistar nada, ya que, aparte de lo mencionado, es una mujer de magro bagaje político. ¿Qué puede ofrecer? Sólo atraso y mediocridad socialista, como ya he apuntado. Y va a encontrarse con grandes dificultades si pretende convencer a los madrileños de que nos va mal con Esperanza Aguirre. Madrid es la región con más libertad económica y una de las primeras en cuanto a renta per cápita, no sólo en España, sino de la Unión Europea. Su tasa de paro es inferior a la media nacional y es una de las comunidades con menos endeudamiento público. Ciertamente, ha tenido un leve crecimiento en el último trimestre de 2009 --de la crisis no se salva nada ni nadie--, pero, aun así, superior a la media nacional. Ni que decir tiene que el mérito de estos magníficos datos no es atribuible únicamente al Gobierno regional. Sin embargo, Esperanza Aguirre ha desarrollado un marco muy favorable para los emprendedores mediante políticas liberales, lo que ayuda a que Madrid tenga un futuro prometedor, a diferencia de lo que sucede en una Cataluña que languidece entre prohibiciones, persecución lingüística, despilfarros de dinero público y exaltación nacionalista. Además, es obligado citar iniciativas dignas de elogio, como la construcción de hospitales con la colaboración de empresas privadas (no privatización de la sanidad pública, falsedad muy repetida por sindicatos y socialistas) o la inversión en colegios bilingües.

Zapatero ha declarado que no se juega nada en Madrid, a pesar de que vive en la capital y es diputado por Madrid. Sus palabras suponen un paso más en sus constantes desaires respecto a la región. Como la propia Esperanza Aguirre ha recordado, no es que no haya invertido ni un euro en obra pública para Madrid, es que ni siquiera se ha dejado caer en actos de tanta relevancia como la celebración del 2 de mayo, el Día de la Constitución, acontecimientos deportivos, etcétera. Son hechos a tener en cuenta.

Por lo demás, el PSOE insulta la inteligencia de los madrileños: gane las primarias Trinidad Jiménez o el de las patillas, no creo que haya ni una sola diferencia en su programa político, un programa destinado a buscar el atraso de Madrid, su regreso a épocas primitivas.

Aún queda legislatura por delante y mucho por hacer. Esperanza Aguirre trabajará con responsabilidad y determinación hasta el final y, cuando llegue el momento, parece claro que los madrileños renovarán su confianza en su proyecto votando la lista del PP. No me preocupa que vaya a estar más de ocho años en el cargo porque mi previsión es que, si el PP gana las elecciones generales, Esperanza tendrá un merecido hueco en el Gobierno que forme Mariano Rajoy.

domingo, septiembre 05, 2010

LA PENA DE MUERTE EN JAPÓN (Y II)

Japón destaca, como dije anteriormente, por su capacidad de adaptación y superación. Cuando fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, no quedó paralizado ni un momento por el trauma de la ocupación americana y el fin de su expansión imperialista. Al contrario, se acomodó a su nueva situación y supo abandonar el camino que había escogido para ocupar su lugar correspondiente en el mundo, explorando, del lado de la potencia vencedora, uno nuevo, el de la paz y el éxito económico, lo que dio lugar al milagro japonés.

También en el Derecho se aprecia tal sabiduría. Nada de rarezas en esta materia: el Derecho japonés es un trasplante del Derecho europeo, fruto de un proceso realizado en el siglo XIX, siendo sus influencias básicas los ordenamientos jurídicos de Alemania y Francia. Japón posee una Constitución (1947) equiparable a la de cualquier país europeo avanzado. La Constitución japonesa declara que la soberanía reside en el pueblo, recoge una lista de derechos fundamentales y renuncia a la guerra en el famoso pasaje del artículo 9: "Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales". Un artículo muy ingenuo que quizá debería ser reformado.

En definitiva, si Japón es un país nada atrasado que imita tanto lo occidental con muy buenos resultados, ¿por qué la pena de muerte concita tal aceptación? Aquí entran en juego otros factores y la respuesta sería que la cultura japonesa está dominada por la idea de que los individuos deben responder ante el mundo de sus actos, en el marco de una sana convivencia. En la obra El crisantemo y la espada (1946; publicada en España por Alianza Editorial, Madrid, 2006), que cité tres semanas atrás, la autora escribe: "El sentido de la responsabilidad personal tiene un significado más profundo en el Japón que en la libre Norteamérica". Y los japoneses atienden a un concepto más severo de la retribución, alejado de las acomplejadas tendencias europeas, lo que no es de extrañar en un país donde la venganza es algo absolutamente deseable para el ofendido.

Aun así, he de hacer una advertencia. No creo que todas las culturas sean igualmente respetables. No soy relativista, con lo que sostengo que el mundo occidental está por encima: sigue vigente el imperialismo porque sigue vigente su piedra de toque. Pero el caso de Japón es distinto. Es uno de los nuestros. Los progresistas, con toda su hipocresía, pretenden cebarse a costa de que mantenga la pena capital. Si les explicas la necesaria la presencia de la OTAN en Afganistán para derrotar a los terroristas y civilizar ese bárbaro país, te dirán –verídico-- que se fían más de los afganos tiradores de piedras, que vivían bajo la opresión de un régimen terrorista que no dejaba salir a las mujeres de casa, que de los invasores. Sin embargo, a Japón sí le critican en aras de su progreso de pacotilla.

El primer ministro Naoto Kan (lástima que Yukio Hatoyama dimitiese, me gustaban sus camisas imposibles) declaró a la prensa española, con ocasión de la visita de Zapatero a su país, que el de la pena de muerte es un tema que "hay que estudiar con mucha cautela, contando con la opinión pública" y teniendo en cuenta "varias opiniones a nivel internacional y los crímenes atroces que hay". Esta respuesta tan cortés, típicamente japonesa, no compromete a nada. Honestamente, no veo posible la abolición en el corto plazo. El señor Kan tiene que ocupase de problemas más importantes, como bien sabe la opinión pública japonesa: el estancamiento económico y la inestabilidad política. La pena de muerte no está en la agenda.

domingo, agosto 29, 2010

LA PENA DE MUERTE EN JAPÓN (I)

La Constitución de 1978, como corolario del derecho a la vida y a la integridad física y moral, establece lo siguiente en su artículo 15: "Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las Leyes penales militares para tiempos de guerra". Y, como es sabido, la Ley Orgánica 11/1995, de 27 de noviembre, abolió la pena de muerte en tiempo de guerra que se contemplaba en el Código Penal Militar. Jorge de Esteban, en su Tratado de Derecho Constitucional II (Servicio Publicaciones Facultad de Derecho de la UCM, Madrid, 2004), expuso las razones del rechazo a la pena de muerte: es una pena ineficaz para reducir los delitos, según las estadísticas; es condenable un homicidio efectuado por el Estado; no cabe en un Estado moderno semejante atavismo; es irremediable, por lo que pueden caer inocentes. En general, respaldo lo que apunta De Esteban y soy contrario a la pena de muerte. Aun así, no soy abolicionista, esto es, soy comprensivo con los países en que está implantada, a condición de que sean Estados de Derecho plenamente democráticos.

En Europa prácticamente ha desaparecido la pena de muerte y, desde aquí, se mira con extrañeza y desprecio a los países que la prevén. Pero, como he dicho, hay que hacer alguna precisión. No se puede comparar la pena capital que se aplica en Estados Unidos, por ejemplo, con la que se pueda aplicar en Irán, Cuba o China. Primeramente, porque no es lo mismo castigar con la muerte el adulterio, la homosexualidad o el impago de impuestos (como hasta hace poco sucedía en China) que castigar así el homicidio o el asesinato, que lesionan un bien jurídico fundamental, la vida. En segundo término, el derecho a un proceso con todas las garantías está a salvo en Estados Unidos, y hay apelaciones y posibles indultos, por lo que a nadie se le ejecuta tras una parodia de juicio y al día siguiente de su finalización, sino que suelen pasar años hasta que eso sucede.

La última nación en la mira de Amnistía Internacional es Japón. La muerte es el castigo anudado a homicidios especialmente graves y a la traición. La ejecución se lleva a cabo por ahorcamiento, y es una pena que goza de gran respaldo popular, según las últimas encuestas. La Ministra de Justicia, Keiko Chiba, quiere abrir un debate sobre la abolición y ha enseñado a los medios de comunicación las cámaras de ejecución, muy limpias y sobrias. A pesar de sus convicciones abolicionistas, esta mujer firmó en julio las sentencias de ejecución de dos criminales (en Japón, de forma sorprendente, ha habido a veces objeciones de conciencia en esta materia, pero generalmente se ha impuesto la responsabilidad de los que ostentaban el cargo).

Defenderé a Japón de las previsibles acusaciones, pues siempre me he sentido cercano al Imperio del Sol Naciente. Japón es el más singular de los países orientales, no sólo por las diferencias en su cultura, religión y desarrollo respecto a los demás, sino también por las enseñanzas occidentales que asumió durante la Era Meiji (1868-1912) y durante la ocupación americana después del Día de la Victoria. Sin perder su identidad y sus raíces, Japón es un país con lo mejor de Occidente. Por ello, merece más respeto y admiración que otros, por su capacidad de adaptación y su innegable prosperidad.