Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 26, 2010

RENOVACIONES Y OTRAS ACTUALIDADES DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Aunque sólo he leído la noticia en El País, presumo que la información es veraz y verdadera. A modo de felicitación navideña, María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, remitió a José Bono, presidente del Congreso de los Diputados, una carta reclamando seriedad y celeridad en el proceso de renovación de los magistrados del TC: "Ante el reiterado incumplimiento de las previsiones constitucionales, este Tribunal Constitucional se ve obligado a reclamar que se respete la Constitución y que, por tanto, se cumplan los plazos que esta imperativamente establece para la renovación de todos los magistrados".

Previsiones constitucionales recogidas en el artículo 159 de la Constitución: en su apartado primero, establece que cuatro magistrados constitucionales serán propuestos por el Congreso; en su apartado tercero, dispone que el mandato de los magistrados durará, a lo sumo, nueve años, con renovaciones por terceras partes cada tres. Estas normas están desarrolladas por la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional (arts. 16 a 26). Como dato ilustrativo, la propia Casas es magistrada constitucional desde 1998.

Por lo pronto, sostengo que el sistema que configura la Constitución para la elección de magistrados es acertado. No hay muchas más opciones, ya que los magistrados no pueden salir de la nada o estar totalmente desligados de un control democrático. Sí discrepo del sistema de elección de vocales del Consejo General del Poder Judicial, pero ahí se trata de un poder distinto y hoy no entraré en ello.

Para reforzar la confianza en el sistema, es necesario poner de relieve que, de acuerdo con el artículo 159.5 CE, los miembros del Tribunal Constitucional "serán independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandato". Lo cual entraña que cualquier magistrado puede obrar con plena independencia de criterio y sustraerse a las presiones políticas. El problema es que las personas suelen fallar. Una reforma que fijara una edad mínima para entrar en el TC --sesenta o sesenta y cinco años-- contribuiría a la independencia de los magistrados, quienes, ya con poco futuro por delante, no se someterían tan fácilmente a los partidos con el fin de obtener retiros dorados.

La Constitución exige el voto favorable de tres quintos de los diputados del Congreso para proponer a los cuatro magistrados que luego serán nombrados por el Rey. Semejante mayoría cualificada obliga a los partidos a alcanzar un consenso o, por decirlo con más crudeza, a llegar a retorcidas componendas en las que, desgraciadamente, lo relevante no es la reconocida competencia de los juristas a elegir, sino su vinculación –no siempre explícita, desde luego-- a un determinado partido o tendencia. En una perversión más del sistema, se ha terminado bloqueando la renovación de los magistrados. Esta situación se comprende fácilmente tomando en consideración que sobre la mesa del TC hay pendientes asuntos de mucha envergadura (matrimonio homosexual, aborto...).

En cualquier caso, los intereses partidistas no deben ser un obstáculo que provoque el mal funcionamiento del TC y el incumplimiento de la Constitución. Es sumamente grave que los grupos parlamentarios popular y socialista no acaben de ponerse de acuerdo y que haya tanta batalla por algunos candidatos. Si hasta ahora no han sido capaces de salir del bache, es el momento de las renuncias y las responsabilidades.

Este retraso o la prorogatio de funciones no son problemas achacables al TC, sino a una Cámara Baja que cada día hace más honor a su calificativo. Pero es cierto que el TC no atraviesa su mejor momento. Como supremo intérprete de la Constitución, es un órgano que tendría que acumular el mayor prestigio posible. Es el que vela por que la norma fundamental no se convierta en un papel mojado. Naturalmente, sus argumentos jurídicos podrán convencer más o menos, y pienso que hay que criticar sus sentencias y estar atento a sus movimientos. Ahora mismo, no obstante, me siento más inclinado a defenderlo, a pesar de que su reciente trayectoria no sea de mi agrado.

Su tardanza a la hora de controlar la constitucionalidad del Estatuto (retraso, hay que matizar, motivado por tensiones políticas y agravado por nefastas reformas procesales) y la posterior sentencia, que tanto revuelo levantó, han hecho mella en su imagen. Al propio papel del Alto Tribunal, con la infame Casas a la cabeza, hay que añadir los aberrantes ataques de algunos políticos, que, con sus disparatadas opiniones, propugnaban un Estatuto por encima de la Constitución, y la irresponsabilidad de fondo consistente en hacerle decidir la organización territorial del Estado.

Al calor del Estatuto y del oportunismo del Gobierno, ha habido una deriva muy negativa del TC que espero y deseo se enmiende en un futuro no lejano. Las modificaciones introducidas en la LOTC por la Ley Orgánica 6/2007, de 24 de mayo, merecen más de un reproche. De un lado, la implantación del certiorari (selección por un tribunal de los casos que quiere conocer) supone una rebaja en la garantía de los derechos fundamentales a través del recurso de amparo, toda vez que, según el nuevo artículo 50.1.b) LOTC, únicamente se admitirá a trámite cuando revista "especial trascendencia constitucional", requisito que se deja a la apreciación arbitraria del Alto Tribunal. Sin perjuicio de que el certiorari está dirigido al loable objetivo de reducir el volumen de trabajo del TC y hacerlo más eficaz, no deja de ser paradójico que fuese introducido por un Gobierno que presume de ser un paladín de los derechos civiles. De otro lado, fue impresentable la enmienda del artículo 16.3 para, con todo descaro, prorrogar el mandato de Casas (que expiraba en 2007), permitiendo así que siguiera cocinando una sentencia sobre el Estatuto no demasiado perjudicial para el Gobierno. Sigo pensando que esta enmienda ad hoc para lograr tan grotesco fin es contraria al artículo 160 CE y que debe ser derogada cuanto antes.

sábado, diciembre 25, 2010

MENSAJE DE NAVIDAD

Una vez más, me dirijo a todos mis lectores para, con sinceridad y afecto, desearles una muy Feliz Navidad y un venturoso año 2011 en el que colmen todas sus expectativas y deseos.

domingo, diciembre 19, 2010

CHAMOSA Y LOMANA: ¿FUERA DE LA POLÍTICA?

La portavoz del PSOE en la Comisión del Pacto de Toledo, Isabel López Chamosa, está incrementando su prestigio a marchas forzadas en los estertores de 2010. Un mínimo de decoro me impide reproducir sus textos o sus intervenciones, verdaderos atentados a la lengua española, al sentido común y, en fin, a la comunicación en general. La señora, poco agraciada y sindicalista, ha defendido su analfabetismo funcional explicando que a ella le han elegido los ciudadanos y que así es la democracia. La pobre no es más que una "obrera", alejada de "los que tienen tanta cultura y son tan perfecto" (sic).

En el otro extremo, la inefable Pilar Rahola ponía el grito en el cielo anoche, en La Noria, porque Carmen Lomana, una persona bellísima en todos los sentidos, se había permitido criticar al Gobierno y expresar opiniones políticas. El argumento de Rahola era que una persona con gusto por lo frívolo, la moda y los lujos no está capacitada para hablar de política.

Pues bien, hay que hacer algunas observaciones sobre lo antedicho. En el primer caso, lo que más chirría no es la falta de preparación, sino que la socialista se enorgullezca de su deficiencia. ¿Es que un obrero, según Chamosa, no puede hablar con corrección? Si quiere, claro que puede. Por otra parte, no es de recibo que el PSOE --partido muy preocupado por los portavoces, como es sabido-- coloque en una posición relevante a una mujer que tendrá muchas virtudes, pero que no sabe hablar y da muestras de un grado de confusión mental más que preocupante.

Nunca he pensado que deba ser obligatorio que un alto cargo político esté ocupado por alguien con estudios universitarios o con una vasta cultura. Ello será un punto a favor, una presunción favorable, pero no una contiditio sine qua non. Ha habido grandes líderes políticos que carecían de un excelso nivel académico y que, con todo, realizaron un excelente trabajo. No hay que menospreciar a los autodidactas. Y cuando digo autodidacta, doy por supuesto que un político sí ha de poseer un mínimo de cultura y educación, aparte de que hay determinados departamentos ministeriales muy técnicos que funcionan mejor en manos de especialistas. En suma, no sería aceptable un paleto total, pero hay autodidactas que pueden saber gestionar mucho mejor que un señor con una licenciatura o unas oposiciones.

Además de lo anterior, es esencial que haya menos políticos profesionales, que viven exclusivamente de su partido, y más políticos que se hayan ganado la vida y puedan ganársela sin depender del mismo. Porque esa dependencia genera políticos muy fanáticos y miopes, sectarios con la vista siempre puesta en las elecciones. En honor a la verdad, los políticos profesionales abundan en el PSOE, empezando por Zapatero, que nunca ha sido nada más que un hombre de partido. O sea, muy poca cosa.

En cuanto a Carmen Lomana, confieso mi admiración, mi adoración por ella. ¿Cómo no va a poder esta mujer culta y sofisticada opinar sobre cuestiones políticas y merecer toda atención? La postura de Pilar Rahola es muy cerrada. ¡No sólo de analistas y tertulianos vive el zoon politikon! Me tragué el programa Las joyas de la corona entero y no por ello he dejado de leer o me he convertido en un incapaz. Pocos intelectuales deben de quedar que vivan como en un convento y no tengan distracciones mundanas. Es bueno tener alguna válvula de escape, siempre que no te corrompa. Así pues, por el hecho de que a Carmen le interese la moda y vestirse con exquisita elegancia no puede sentenciarse ipso facto que sus opiniones políticas no tengan valor.

Los japoneses, en su esquema moral, tienen muy bien diferenciado lo que es el círculo de los sentimientos humanos del círculo de las obligaciones serias. Y mientras el primero no afecte al segundo, no hay nada de malo en beber, divertirse y estar con los amigos. Lo cual es aplicable a este caso. Carmen Lomana, obviamente, sabrá más de pasarelas que de los vericuetos más oscuros de la política, lo que no es óbice para que lo que ha dicho del Gobierno y la crisis siga siendo impecable y muy atinado.

domingo, diciembre 12, 2010

LA DICTADURA DE LOS MERCADOS: NO ES INVISIBLE, ES QUE NO EXISTE

Ha escrito Santiago Carrillo en El País un artículo que es todo un compendio de los tópicos en los que se ha envuelto la izquierda en relación con las crisis de endeudamiento y solvencia que han hecho que Grecia e Irlanda tuvieran que ser intervenidos por la UE. Trazando una artera distinción entre crisis financiera y económica (como si no tuvieran parentesco alguno), carga contra el sistema financiero, contra la banca y contra los mercados, "monstruo de cabeza y cuerpo opacos", y lamenta que Europa se halle en manos de "los poderes financieros", añadiendo que Europa "parece decidirse por un cambio hacia el modelo que tiene su enseña en Wall Street". Qué conmovedor resulta descubrir a este vetusto comunista tan concernido acerca de la Europa de los pueblos. Él, que tanto tiempo vivió al calor de la URSS y sus maravillas, debería explicarnos su visión de Europa y qué entiende por "refundar el capitalismo".

En el texto de Carrillo late una idea con la que se ha venido jugando desde que la gravedad de la crisis obligó a hacer severos sacrificios: que hay una dictadura de los mercados que se ha situado por encima de las democracias. Pero la realidad tozuda es que el mercado, dominado por la autonomía de la voluntad, no puede obligar a nada por medio de la coacción, a diferencia del Estado. El mercado no forzó a Grecia a hacer trampas en sus presupuestos o a que España incurriera en un elevado déficit derrochando irresponsablemente. Los políticos y legisladores han hecho durante mucho tiempo lo que han querido, y ahora resulta absurdo y manido hablar de conspiraciones de los mercados con el fin de no asumir que hay que hacer reformas y ajustes dolorosos pero necesarios.

El otro día leí una noticia en ABC que revelaba que el Gobierno había concedido 24 millones de euros a una ONG afín al PSOE a pesar de que, según un informe de la Abogacía del Estado, no cumplía con su personal lo establecido en el Estatuto de los Trabajadores. A la vista de este clientelismo, de este favoritismo y de este desparpajo, no puede causar temor que los mercados hayan reformado al Estado, como admite Zapatero, sino alivio y tranquilidad.

Aunque pueda parecer anecdótico, de tales dispendios vienen estos aprietos. El superávit del que gozó España en la época de crecimiento debería haber sido mucho mayor de lo que fue, pero aquí siempre se ha gastado demasiado y no se tuvo en cuenta lo que podía suceder en el futuro. El resultado implica, por ejemplo, vender malamente una parte de Loterías y Apuestas del Estado, fuente de suculentos ingresos. Porque no es posible vivir eternamente por encima de las posibilidades propias. Y de la crisis sólo se va a salir, en lo referente a lo que se puede hacer desde el sector público, con reformas más profundas e imaginativas.

En otro orden de cosas, la conclusión que se desprende de artículos como el de Carrillo es que la izquierda abjura con dignidad de la dictadura del mercado, que no existe, al tiempo que, por cobardía, conveniencia o complicidad, ha renunciado a criticar a las verdaderas dictaduras, la china, la cubana, la norcoreana... Del mismo modo, tal y como ha puesto de relieve David Gistau, la izquierda prefiere defender con fervor al licencioso Julian Assange antes que hacer lo propio con el disidente chino Liu Xiaobo. Escolapio, pueden comprobarlo, está enamorado del primero. Reconozco que, al margen de que no hay nada nuevo en la trastienda de la diplomacia, los cotilleos al por mayor con que nos ha obsequiado Assange son muy jugosos, pero no justifican tantas pasiones. Y tampoco está justificada esa cruzada contra una dictadura, la de los mercados, que sólo hace daño en las mentes calenturientas de los permanentemente trasnochados.

domingo, diciembre 05, 2010

MIENTRAS TANTO, EN ESPAÑA...

Desde el domingo anterior, cuando escribí la crónica del concierto de Alice Cooper, ha transcurrido una auténtica semana de locos en España. Conviene hacer un repaso de los principales acontecimientos, ya que dan buena medida de la decadencia en la que se está sumergiendo gradualmente el país, lastrado por un sistema necesitado de reformas y por unos políticos de muy baja calidad.

De los controladores se están escribiendo ríos de tinta, con lo que no hay mucho que decir. A pesar de que el Gobierno no ha sabido negociar con ellos y suavizar el conflicto latente, fueron demasiado lejos con su huelga encubierta y salvaje. Tal actuación extrema, absolutamente disparatada, ha dañado enormemente la imagen del país, las vacaciones de cientos de miles de personas y las economías de muchos bolsillos. Puedo entender el deseo de la mafia de controladores de mantener sus privilegios, de rebelarse frente a las imposiciones del Gobierno, siempre que se haga dentro de la legalidad y del orden: recurriendo a los tribunales u organizando una huelga en condiciones, no ilegal. Lo que han hecho, sin embargo, sólo puede ser calificado de abuso de derecho y sedición: no se puede pretender defender un derecho o interés propio pisoteando los de los demás y cometiendo uno o varios delitos. Los controladores han de asumir las consecuencias de la derrota. Vae victis. Cuerda de presos para ellos y mando militar para que no se descontrolen más.

Hay que hacer una valoración desigual de la respuesta del Gobierno. De un lado, ha hecho lo que tenía que hacer: defender el interés general y buscar la forma de restablecer el servicio y arreglar el caos. De otro, ha habido, como poco, imprevisión. ¿Es que nadie en el Gobierno conocía la conspiración? Y en caso de haberla anticipado, ¿por qué no se actuó? Es más, ¿por qué desde principios de año, cuando se aprobó el Real Decreto-Ley 1/2010, de 5 de febrero, origen de todo el conflicto, no se venía gestando una alternativa a los controladores civiles representada por los controladores militares? En fin, la oposición tiene muchas preguntas que formular.

Con independencia de que parece que el problema se ha resuelto gracias a la declaración del estado de alarma, no termina de convencer su oportunidad: no en cuanto a los presupuestos para ponerlo en marcha, sino en cuanto a su aplicación práctica, toda vez que "la aplicación a los controladores del delito de desobediencia militar del CPM –y no del de desobediencia común del CP-, en el caso de que no acaten las órdenes que emanen de la Jefatura Militar Aérea, debe considerarse dudosa", en palabras del reputado penalista Enrique Gimbernat.

El segundo suceso importante fue el nuevo paquete de medidas liberalizadoras, ya aprobado en el Consejo de Ministros, a fin de calmar a los mercados. La situación es dramática, pero no deja de divertirme ver a Zapatero convertido en adalid del liberalismo, aunque sea a palos y de mala manera, y al PP representando el papel de partido de la justicia social. Gran acierto tanto las privatizaciones parciales (en materia de aeropuertos, la gestión pública no es muy eficiente) como las ayudas fiscales a las pequeñas y medianas empresas, como pone de relieve la furibunda acogida que han tenido entre Escolapio y su turba progresista y moralista. Por lo demás, el incremento de los tipos impositivos del Impuesto sobre las Labores del Tabaco no es la peor subida concebible y, además, tengo la impresión de que con ello sí se van a generar ingresos tributarios, que puede más el vicio que el bolsillo.

Sólo queda por pasar revista a los resultados de las elecciones catalanas, que fueron precedidas de una campaña bochornosa, carente de ideas y pornográfica. Sorprende que la abstención no fuera mayor. Se cumplió con creces el anunciado hundimiento del PSOE en Cataluña, una derrota sin paliativos para Montilla, a la que hay que añadir la de los camisas negras de ERC. Como síntoma de la desintegración socialista, el PSC, sea lo que sea esa basura, en lugar de asumir sus equivocaciones, ha echado la culpa al PSOE de los malos resultados. ¡Como si en el resto de España no actuara el PSC integrado en el PSOE o como si no hubiéramos padecido ministros como Corbacho, Chacón o el propio Montilla! Y no hay que menospreciar lo calamitosa que ha sido la gestión de Montilla al frente de la Generalidad, la de los bonos patrióticos. Cataluña ya no es precisamente la primera economía de España.

Artur Mas y el ascenso del nacionalismo moderado no deben preocupar en exceso, sin perjuicio de que hay que estar en alerta siempre. Mas, que parece sólo un poco menos bruto que Montilla, ha aseverado que no tiene intenciones de plantear un referéndum independentista, básicamente porque lo perderían. A los partidos nacionalistas no les interesa la independencia, les interesa mantener ad infinitum el actual estado de cosas, que les permite contar con un margen de fanáticos babosos y con una excusa perfecta para no reconocer los errores propios, que es echar la culpa de todo a Madrid. De ahí que la gran idea fiscal de Mas sea un nuevo desconcierto económico. Habrá que impedir que se salga con la suya a toda costa.

Una semana muy cargada. Es de esperar que la que entra sea más tranquila, que España necesita reposo.