Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 24, 2011

EL TELEGRAMA DE EMS (I)

En esta semana (y en la siguiente), en la que ha cumplido años Napoleón III (nació el 20 de abril de 1808), uno de los pocos hombres a los que hubiese querido servir, voy a tratar de explicar sucintamente qué fue el Telegrama de Ems, un documento aleccionador sobre el poder de la palabra escrita y la manipulación informativa. Puede afirmarse que este telegrama, de infausto recuerdo, fue el casus belli de la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), que sepultó el Segundo Imperio francés (1852-1870) y dio paso al Segundo Reich alemán (1871-1918).

Para situar los hechos, es necesario viajar a España. En pleno Sexenio Democrático (1868-1874), el hombre fuerte de la situación, el general Juan Prim, está buscando una nueva dinastía que sustituya a los desprestigiados Borbones en el trono español. En este sentido, contactará con Carlos Antonio Hohenzollern-Sigmaringen, primo del Rey de Prusia, Guillermo I. La intención de Prim, azuzada por el canciller Bismarck, es que el hijo de Carlos Antonio, Leopoldo, reine en España. Por su parte, Bismarck albergaba otros propósitos, como los acontecimientos iban a revelar.

En tanto, Francia está viviendo el declive del Segundo Imperio. El régimen ha hecho todas las concesiones posibles, han desaparecido los rasgos más acusados de autoritarismo y la oposición es cada día más fuerte. Napoleón III, lejos ya de sus días gloriosos, está decepcionado, enfermo y cansado. Frente a la emergente Prusia, capitana de la unidad alemana desde la Guerra Austro-Prusiana (1866), Francia atraviesa horas bajas; pero la opinión pública, los imperialistas más exaltados e incluso la oposición republicana se embarcarán decididamente en una escalada de indignación ante la mera posibilidad de que un Hohenzollern, un prusiano, ocupe el “trono de Carlos V”, en palabras del duque de Gramont, Ministro de Negocios Extranjeros, inspiradas por Émile Ollivier, el Primer Ministro.

El temor consistía en que Francia quedara atrapada entre los Pirineos y el Rhin, temor en buena parte infundado, pues era bien claro que la España del siglo XIX distaba mucho de la del XVI. Sin duda, el inflamado orgullo francés, junto con un deseo de truncar el auge de Prusia y la unidad alemana, fueron también razones de peso. Bismarck, el estadista más astuto y maquiavélico de su tiempo, supo explotar tales elementos en su beneficio.

La candidatura del príncipe Leopoldo, a consecuencia de las protestas de Francia, había quedado aparcada en febrero de 1870. Ante un rebrote del asunto en junio, la tensión entre ambos países fue incrementándose, si bien el ladino Bismarck presentaba el posible conflicto como algo privado no concerniente al Estado prusiano, sino a la familia Hohenzollern.

Sea como fuere, el embajador francés, Benedetti, viajó a Ems, una pequeña localidad en la que se encontraba tomando los baños Guillermo I. Como jefe de su familia, él podía hacer que se retirara la candidatura. Y así fue, merced a distintas presiones y negociaciones. El problema, aun así, no estaba resuelto debido a ciertas formalidades. El príncipe Leopoldo ya había adquirido compromisos con los enviados españoles y echarse atrás suponía un deshonor. Por ello, tuvo que ser su padre el que hiciera pública la renuncia el 12 de julio. Bismarck, muy contrariado, pensó en dimitir. Él buscaba una guerra que uniera a los Estados alemanes del sur en contra de Francia.

En Francia, en pleno delirio patriótico, la renuncia pareció insuficiente. La prensa oscilaba entre la burla y la arrogancia. ¿Cómo se toleraba que fuese el “padre Antonio”, ridiculizado y vejado por los columnistas, el que tratara con Francia, en lugar de ser Guillermo I el que resolviera de una vez por todas el entuerto? Se pretendía la aprobación formal del Rey de Prusia –a la que estaba dispuesto en aras de la paz-- y, también, que al desistimiento presente se uniera la seguridad de que no habría nuevos intentos en el futuro.

Napoleón III, bajo la perniciosa influencia de la belicosa Emperatriz, Eugenia de Montijo, y de alguno de sus ministros y allegados, y recogiendo el sentir popular, consintió en que se ordenara a Benedetti que redoblara la presión y obtuviera garantías por parte del monarca prusiano. Ello se hizo en la noche del 12 de julio. A partir de aquí, se desarrolló el malentendido que más tarde manipularía Bismarck.

domingo, abril 17, 2011

LA FALACIA DE LA GENERACIÓN MÁS PREPARADA DE TODOS LOS TIEMPOS

La generación más preparada de todos los tiempos salió a manifestarse por las calles de Madrid en demanda de trabajo y vivienda. Destaco sólo dos lemas: “Más becas, menos hipotecas” y “Si no puedo trabajar, cómo voy a cotizar”. No es que se hayan lucido mucho, ciertamente, a pesar de su supuesta capacidad.

El de la generación mejor preparada es un tópico y una auténtica falacia que se viene repitiendo de un tiempo a esta parte, cada vez con más frecuencia y convicción. Y lo preocupante es que los jóvenes se lo han creído. Que la juventud española se arrogue tan alta distinción es una vana y letal pretensión. No sólo infla el ego sobremanera: también destruye energías y convierte en resentimiento los fracasos.

No entiendo las razones que sustentan dicha proclamación. Para empezar, ¿de qué generación se trata? ¿La nacida entre los ochenta y noventa? No hay un criterio claro sobre esta delimitación. En segundo término, ¿por qué es la mejor preparada? Se dice que es la más y mejor formada, la que más idiomas conoce, la que más ha viajado, la que mejor maneja las nuevas tecnologías... Pero todo ello, en España, no ha evitado una cifra escandalosa de paro juvenil (43,6% de paro entre menores de 25 años) y unas esperanzas aguadas y pisoteadas.

Hay un error en el punto de partida, consistente en pensar que una generación está mejor formada y predispuesta al éxito únicamente por la acumulación de conocimientos de muchos de sus individuos y por la posibilidad de acceso a información casi limitada. Sin embargo, en mi opinión, una generación estará bien, adecuadamente formada cuando responda a las necesidades, desafíos y objetivos de su época; y cuando, a la postre, supere el listón fijado. En términos absolutos, cualquier generación posterior, al menos desde el siglo XIX, ha estado mejor formada stricto sensu que la anterior gracias a los avances en educación, al desarrollo de las comunicaciones, a la difusión del conocimiento... En términos relativos, considero muy atrevido sostener que esa generación de jóvenes entre 25 y 30 años es la más óptimamente preparada para la época que le ha tocado vivir. Como es natural, un joven de hoy en día sabrá defenderse con el inglés y podrá usar un ordenador, cosa impensable e inexistente a principios del siglo XX. Pero eso no quiere decir que las generaciones de antaño fuesen inferiores. Sencillamente, el mercado en el que se movían era muy distinto, así como las potencialidades. Y el esfuerzo de sus componentes mejoró su posición personal e hizo que la sociedad progresara.

En El Mundo ha aportado hoy Miguel Ángel Mellado una serie de datos que fundamentan mi escepticismo ante la exagerada afirmación que nos ocupa: el 31% de los jóvenes españoles abandona sus estudios; sólo hay un 19% que completa los estudios de grado medio; su nivel cultural se sitúa en el duodécimo lugar de los 15 países más importantes de la UE. Datos que hacen dudar de esa especie de letanía a modo de consolación en que se ha convertido la apelación a la generación más preparada.

Existe una confusión entre los individuos y el conjunto. Hay jóvenes con mucho talento, brillantes, superiores a sus antecesores en todos los campos, y son excelentes. Junto a ellos, existe una masa informe inculta y sin inquietudes, abonada a las borracheras y fiestas de fin de semana y con aspiraciones tan mediocres como su entorno. Por tanto, hay que diferenciar entre individuos sobresalientes –que los hay-- y el conjunto de la generación, que no es tan buena como aparenta.

No sé por qué la generación más preparada se siente agraviada. La crisis ha destruido las expectativas de muchos jóvenes y ha empeorado su situación, cierto, pero el paro juvenil no surgió ayer. La crisis no tiene la culpa de todo. Por otra parte, los que salieron a manifestarse por Madrid pedían que se les resolviese la vida, que los poderes públicos, gratia et amore, les proporcionasen vivienda y empleo. La permanente mezcla entre deseos y derechos. Tal vez debieran pensar más en salir a ganarse la vida con todas sus energías y dejar de quejarse con lloriqueos. Sospecho que en este comportamiento inútil influye la frustración de quien cree pertenecer a la generación más preparada y, con todo, no ha llegado a nada.

El consejo que puedo formular, también dirigido a mí --un joven a punto de acabar sus estudios--, es el siguiente: Hagamos lo posible no para que nos llamen, en el presente, la generación más preparada de todos los tiempos, sino para que, en el futuro, se nos recuerde con ese distintivo por todo lo que conseguimos luchando por salir adelante en medio de la adversidad y sin pensar que merecíamos más que nuestros padres sólo por atesorar un título.

domingo, abril 10, 2011

POR QUÉ VOY A VOTAR A ITURMENDI Y NO A CARRILLO

Sigo con las elecciones a Rector de la Universidad Complutense de Madrid. Afortunadamente, el candidato por el que apuesto, José Iturmendi, pasó a la segunda vuelta desbancando in extremis al sucesor de Berzotas, Carlos Andradas, gracias al apoyo masivo y fiel de los alumnos de la Facultad de Derecho, donde la participación fue muy alta entre ese colectivo. Ahora Iturmendi tendrá que medirse con José Carrillo. Siendo imperativo que gane Iturmendi a fin de que la UCM recupere el esplendor perdido, hay que votarle de nuevo el día 13. Pero se enfrente a un rival duro de roer.

Vaya por delante que tan absurdo es denigrar a Carrillo por su apellido como votarle justamente por eso. Y huelga decir que sectores muy extremistas y fanáticos le están apoyando no porque crean en su programa, sino porque le consideran una especie de redentor progresista que traerá a la UCM lo que menos necesita: tensiones con la Comunidad de Madrid, sectarismo y politiqueo barato.

Carrillo ya fue Vicerrector y no puede afirmarse que sea un candidato renovador. En 2007 abandonó por no encontrar a Berzotas y su segundo demasiado progresistas. El año pasado participó en el acto sedicioso en apoyo a Garzón organizado por los sindicatos en la Facultad de Medicina, una obscena orgía totalitaria en la que se exigió, literalmente, carta blanca para Garzón. En otras palabras, que pudiera actuar al margen del Derecho o situarse por encima de él. Habría que preguntarle al señor Carrillo si ésa es su concepción del Estado de Derecho y si aprobaría nuevos actos de esa clase.

Pasando a la campaña electoral, Carrillo ha impedido que se instalaran urnas en los centros adscritos y hospitales universitarios, a pesar de que lo había pactado con Iturmendi, después de percatarse de que perjudicaba sus intereses electorales. Si se hubiese opuesto desde un principio no habría nada que objetar al ser una medida excepcional, pero este cambio de postura tan interesado produce vergüenza y le deja en evidencia.

Por supuesto, los infundios y libelos contra Iturmendi abundan, y se han redoblado al existir posibilidades reales de que gane las elecciones. Ha habido un texto en particular, titulado “Por qué voy a votar a Carrillo y no a Iturmendi”, que hasta ha tenido acogida en Público, el primer diario gratuito que se vende. Es un texto infantil, plagado de incorrecciones, fundado en meros rumores y habladurías y, cómo no, con una exquisita mezcla de mala intención y sectarismo de izquierdas. Sobre Carrillo no dice nada, pues el único motivo que tiene para votarle es una especie de odio inducido hacia Iturmendi, un hombre, según el autor, cercano al PP, conservador, reaccionario, que quiere acabar con lo público, que manipula a los alumnos con paellas... En fin, hay que inventarse cualquier cosa con tal de establecer el cordón sanitario.

Es posible que se imponga la cordura y gane Iturmendi. Su victoria sería como abrir las ventanas de una cargada aire viciado y mal administrada. Ha escrito César Alonso de los Ríos que su derrota, por el contrario, haría dueños de la Complutense a los sindicatos, grandes valedores de Carrillo: “Los sindicatos universitarios, es decir, la abstracción más acabada de la forma más liberada de existir”.

Lo diré una vez más. Iturmendi es honrado, trabajador e inteligente. Lleva toda una vida vinculado a la universidad pública y sabe lo que necesita para ser excelente. Le avalan, además, 21 años como Decano de la Facultad de Derecho. Los elogios a su gestión son casi unánimes. En definitiva, no defraudará los intereses de la UCM y de la comunidad universitaria. Por eso voy a votar a Iturmendi otra vez. Será todo un honor.

domingo, abril 03, 2011

POR UN CAMBIO EN LA UCM

El próximo día 6 se celebra la primera votación de las elecciones a Rector de la Universidad Complutense de Madrid. Habida cuenta de que es poco el tiempo que me resta en la universidad (al menos, en esta etapa de mi vida), es un proceso que no debiera distraerme demasiado. Pero la preocupación por el destino de mi alma mater y por los estudios y formación que allí recibirán las generaciones futuras me compelen a inclinarme por uno de los candidatos y a hacer una crítica severa al Rector saliente.

Cuatro años atrás, cuando tuvieron lugar las anteriores elecciones, escribí que se me habían antojado “descafeinadas” y que los programas adolecían de “falta de originalidad, de personalidad y de proyectos interesantes”. Hoy en día sigue sin haber motivos para tirar cohetes, si bien me convence uno de los candidatos: el conservador José Iturmendi, Catedrático de Filosofía del Derecho y antiguo Decano de la Facultad de Derecho. Y no le apoyo sólo porque sea de la casa, sino porque creo que podría modificar el rumbo hacia la decadencia que ha adoptado la UCM. Para empezar, presenta un programa con buenas ideas y, sobre todo, realista, sin los delirios de otras candidaturas. Y es una persona con experiencia, dotada de gran inteligencia y preparación y que busca de veras la tan invocada excelencia.

La gestión de Berzotas (agente del PSOE) desde 2007 sólo puede calificarse de pésima. El Rector se ha preocupado más de sus afinidades y cuitas políticas que de administrar los verdaderos asuntos de su competencia. Actitud que, junto a una cierta pereza, ha tenido consecuencias: el deterioro del campus, la falta de transparencia, las relaciones conflictivas con la Comunidad de Madrid, los agujeros en las cuentas (la UCM debe entre 150 y 180 millones de euros; es difícil precisar la cifra exacta), la proliferación del radicalismo y de sabotajes sectarios contra determinadas personalidades... Para ilustrar este último punto, no hay más que pensar en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, ya tomada literalmente por la intransigencia y abusos de los totalitarios de izquierda, que se han erigido no ya en defensores, lo que sería legítimo, sino en dueños y únicos intérpretes de lo público. Ha habido no poca connivencia del Rector con comportamientos poco democráticos y muy violentos.

Desde luego, espero y deseo que no sea elegido el sucesor de Berzotas, su lugarteniente Andradas, quien ahora pretende distanciarse de su vergonzante maestro pero que representa más de lo mismo. Su cartel electoral, plagado de tópicos y lugares comunes (diálogo, tolerancia, innovación, internacionalidad...), demuestra la poca consistencia de sus ideas y la inercia que esconde.

Repite como candidato Patxi Aldecoa. La reincidencia es comprensible considerando que fue Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde los radicales y extremistas le pusieron contra las cuerdas. En resumen, ha sido incapaz de garantizar un espacio de libertad y debate en una facultad donde esos ingredientes tendrían que ser la regla general. No es de extrañar que quiera escapar de allí.

Otros candidatos son el hijo de Carrillo, que en el cartel sale con una postura de duelo al atardecer, como si estuviera a punto de desenfundar las pistolas, y Luis Perdices, que intenta emular a Obama con idéntica sonrisa, camisa blanca y una corbata que, a falta de ser roja, está confeccionada con la falda escocesa de una colegiala. Bromas aparte, este tipo posee un currículum que me atrae y sabe mucho de Historia del pensamiento económico. Dado su perfil técnico, Iturmendi, en caso de triunfo, podría ofrecerle algún puesto a su lado y juntos gobernarían la UCM.

El lema de Iturmendi, “Vota cambio”, no podría ser más decolorado. Aun así, el cambio es necesario en la UCM, un cambio que comenzará con el fin del binomio Berzotas/Andradas. Los sondeos dan como vencedor a Iturmendi en la primera votación, pero por escaso margen. Desacreditadas aunque con su fanatismo intacto, las fuerzas progresistas, en la segunda vuelta, podrían intentar formar un cordón sanitario. Esta vez sí va a ser una batalla emocionante.