Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 30, 2012

PRIMER AÑO DE GOBIERNO POPULAR: JUSTICIA Y HACIENDA (Y II)

El Ministerio de Hacienda ha sido uno de los que más actividad ha desarrollado durante este primer año de Gobierno popular, si no el que más. Lo cual habla a favor de la capacidad de trabajo de su titular, Cristóbal Montoro, pero conlleva estar más expuesto a las críticas y a incurrir en errores. No obstante, estaba claro que la tarea de este departamento era fundamental para enderezar la situación heredada en diciembre del año pasado.

Aunque lo fácil sería descalificar a Montoro por su recién nacida pasión por subir impuestos, hay que ser justos y afirmar que ha habido decisiones y proyectos acertados. Entre ellos, el plan de pago a proveedores de la Administración, el desarrollo legal del principio de equilibrio presupuestario recogido en el nuevo artículo 135 de la Constitución y la declaración tributaria especial para regularizar bienes y derechos no declarados (amnistía fiscal). Asimismo, hasta el presente momento Montoro ha demostrado firmeza frente a las Comunidades Autónomas que peor están llevando a cabo la reducción del déficit. Es de esperar que dicha firmeza no se debilite si llega a darse el supuesto de tener que intervenir una Comunidad Autónoma. Ésa será la prueba de fuego.

Huelga decir que no comparto la estrategia de subir los impuestos para combatir el déficit, sobre todo si a esa estrategia se encomienda más de la mitad del éxito del ajuste que tiene que realizar el sector público. Han subido el IRPF, el IVA y los impuestos especiales; además, han eliminado muchas deducciones del Impuesto de Sociedades. Se está exigiendo un esfuerzo enorme a ciudadanos y empresas, aunque, como era obvio, los niveles de recaudación han sido menores de lo previsto, pues de donde no hay no se puede sacar deprimiendo aún más la actividad económica. "En la economía real, los incentivos fiscales son muy importantes para acelerar o frenar el crecimiento", ha recordado Arthur Laffer. El furor impositivo al que se han entregado Montoro y compañía no es el mejor aliado del consumo o de la inversión empresarial.

El último pilar importante de la actividad del Ministerio de Hacienda, y auténtica piedra de toque de Montoro, ha sido la lucha contra el fraude fiscal. Bien está que se dote a la Agencia Tributaria de más medios y personal, y que se persiga al defraudador con tenacidad. No obstante, en su conjunto la Ley 7/2012, de 29 de octubre, que refuerza los poderes de la Agencia Tributaria para perseguir el fraude fiscal (en la práctica, el reverso tenebroso de la amnistía fiscal), es, a mi modo de ver, un ataque demasiado incisivo contra los derechos de los contribuyentes y posiblemente muchas de las medidas que se contienen en ella sean discutibles desde distintos puntos de vista. Pienso en el ejemplo de las medidas cautelares que ahora puede adoptar la Administración tributaria en el proceso por delitos contra la Hacienda Pública sin consultar al juez --aunque éste tenga que convalidarlas con posterioridad--, aun en el caso de que el proceso no sea consecuencia de una previa inspección tributaria.

La lucha contra el fraude fiscal, o dicho de otra forma, que todos cumplan correctamente sus obligaciones tributarias, es imprescindible e inexcusable, haya o no crisis. Pero me preocupa que la demagogia antifraude en la que está cayendo el Ministro se traslade a los textos legales, con perjuicio de la calidad de las leyes tributarias y su adecuación a los principios que rigen en un Estado de Derecho.

En este preciso sentido, la idea de Montoro de publicar una lista de morosos y defraudadores, que aireó con suma vulgaridad en sede parlamentaria, no sólo atenta contra la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria (el art. 95 establece el carácter reservado de los datos con transcendencia tributaria), sino que no respeta el derecho a la intimidad y al honor protegido constitucionalmente (art. 18 CE), "no se puede decir más claro y en plata".

Mi conclusión es que el Ministerio de Hacienda debería abandonar esa vertiente demagógica y centrarse en proponer reformas más razonables. Y, ante todo, tiene que ser riguroso con los recortes de gasto público que han de practicar las Comunidades Autónomas. La vigilancia y, en su caso, la intervención son armas al servicio del equilibrio en las cuentas públicas y no hay que dejar que se oxiden.

martes, diciembre 25, 2012

MENSAJE DE NAVIDAD



Quiero desear a todos mis lectores, nuevamente, una Feliz Navidad y un venturoso 2013. Venga como venga el año, más o menos difícil, seguiremos luchando por la supervivencia.

domingo, diciembre 23, 2012

PRIMER AÑO DE GOBIERNO POPULAR: JUSTICIA Y HACIENDA (I)

De resultas de mi formación e intereses, los dos departamentos gubernamentales que más hondamente me afectan son Justicia y Hacienda. Después de un año de Gobierno del Partido Popular, es claro que las decepciones han sido más que las satisfacciones, especialmente en los dos departamentos citados, en los que voy a concentrar mis críticas.

En enero escribí, ingenuo de mí, que la “reforma clave para la regeneración de la Justicia es la del sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, que ya no serán exclusivamente elegidos por el Parlamento, recuperándose, pues, el sistema de elección original, el más acorde con lo que dicta la Constitución en su artículo 122”. Pensaba por aquel entonces que Gallardón haría honor a su palabra y reformaría el CGPJ en ese preciso sentido. Hoy ya es conocido que la reforma va a dejar todo prácticamente igual, siendo los cambios meros retoques cosméticos. Con suma desvergüenza se ha vanagloriado Gallardón de que, gracias a que va a dejar todo en esencia igual que antes, ha podido llegar a un acuerdo con el PSOE. Una componenda propia de Gallardón. El hecho de que el PSOE estuviera en desacuerdo era, en todo caso, una señal inequívoca de que la reforma iba por la buena senda. Ahora se ha echado a perder por completo.

Pero no se ha limitado Gallardón a defraudar promesas, sino que también se ha sacado de la manga unas tasas judiciales abusivas, chapuceras e inconstitucionales. Las tasas son útiles en muchos ámbitos como medio de financiación de servicios públicos, pero en la Justicia y en su versión actual sobrepasan, en razón de su cuantía y extensión (antes sólo las abonaban las grandes empresas), cualquier límite razonable y menoscaban el derecho a la tutela judicial efectiva consagrado en el artículo 24 CE.

Como injuria añadida, hay que aludir a la chapucera técnica legislativa empleada en la Ley 10/2012, de 20 de noviembre, denunciada por Andrés de la Oliva, que ha reflejado en sus escritos un buen número de objeciones a este atropello de Gallardón. Tal fue la chapuza, que el día de su aprobación no había formularios del Ministerio de Hacienda con los que liquidar las tasas, por lo que hubo que retrasar su aplicación. Este episodio revela que el Ministerio de Justicia está hoy en manos de incompetentes y que el único valor político que atesora Gallardón es saber usar divinas palabras. Cuando se trata de gestionar, fracasa, y eso lo pagan los contribuyentes y la seguridad jurídica.

Los argumentos que se manejan para justificar la aplicación de unas tasas tan elevadas no son convincentes. Cualquiera puede comprobar, revisando los datos, que el número de litigios en España está descendiendo, no aumentando. Por tanto, no hace falta obstaculizar el acceso a la Justicia con la finalidad de evitar un número excesivo de procesos. Y, sin perjuicio de lo anterior, el mensaje que se traslada a la ciudadanía, esto es, que los conflictos no hay que dirimirlos en los tribunales, es muy poco presentable en un Estado de Derecho. Por último, esa intención, reflejada en el texto legal, de que lo ingresado por las tasas se destinará a financiar la asistencia jurídica gratuita no es más que una vestimenta políticamente correcta para tapar las vergüenzas de una norma nefasta.

Si a Gallardón no le dieran alergia los pensadores liberales, debería leer A Protest Against Law Taxes (1795), de Jeremy Bentham, que afirmaba que las tasas judiciales eran el peor y más injusto tributo posible: “It is a well-known parliamentary saying, that he who reprobates a tax ought to have a better in his hand. A juster condition never was imposed. I fulfil it at the first word. My better tax is---any other that can be named”. Pero quizá, habida cuenta de la importancia que otorga este hombre a la familia, bastaría con que leyera lo que su padre, José María Ruiz Gallardón, consignó en una enmienda a un proyecto de ley de supresión de tasas judiciales en 1986: “Con el fin de hacer efectivo el abaratamiento de la Justicia, no sólo es preciso suprimir las tasas y el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, sino también el Impuesto sobre el Valor Añadido, que grava las actuaciones de los profesionales que intervengan en toda clase de procesos”. ¡Qué diferente el padre del hijo! ¡Cuánto degeneran las dinastías políticas de una generación a otra!

En fin, la Justicia está necesitada de reformas serias. Por ejemplo, no se explica cómo puede ser que cada Comunidad Autónoma haya implantado un sistema informático distinto que dificulta la comunicación entre órganos judiciales. Gallardón, sin duda, no es la persona adecuada para encargarse de esta materia. Sugiero que se le nombre embajador de algún país alejado de España y que vaya allí a soltar discursos engolados y tragarse sesiones de ópera.

domingo, diciembre 16, 2012

SHINZO ABE Y LA CARPA JAPONESA

Las elecciones celebradas hoy en Japón han devuelto al poder al Partido Liberal Democrático y, por ende, Shinzo Abe va a a disfrutar de una segunda oportunidad como inquilino del Kantei. El cambio que se produjo hace tres años no ha dado los resultados esperados (la economía no ha ido a mejor, la respuesta al tsunami y terremoto de 2011 fue torpe y en el exterior Japón está retrocediendo) y los japoneses han decidido votar masivamente al PLD, que retorna así a su condición plena de partido dominante. Por lo pronto, la estabilidad está asegurada.

Sería difícil definir las ideas de este partido, en el poder en Japón desde 1955 menos entre 1993 y 1994 y 2009 y 2012. Surgió como cortafuegos frente a los socialistas y, en línea con el pragmatismo político japonés, no se ajusta a una ideología clara. En los setenta y los ochenta fue fijando más concienzudamente sus posiciones y, a día de hoy, es un partido defensor del libre mercado, de la cooperación estrecha con Estados Unidos y del mantenimiento de la tradición japonesa. Es, al mismo tiempo, mucho más liberal y conservador que el PP, por buscar un punto de comparación con el escenario patrio. En todo caso, su funcionamiento por facciones en competición y su largo período como partido gobernante determinan que sea una formación más bien absorbente y experta en acuerdos y equilibrios.

Por lo que se refiere a su actual líder Shinzo Abe, primer ministro entre 2006 y 2007, fue y será un digno sucesor del ya legendario y ejemplar Junichiro Koziumi. Shinzo Abe probó el sabor de la derrota cuando tuvo que dimitir en 2007: justamente por eso creo que ahora está más preparado y es totalmente consciente del desafío que ha de abordar. La prensa le llama halcón, pero aún tiene mucho que demostrar. Las visitas a Yasukuni, que no encuentro censurables, no son suficientes.

Porque Japón no lo tiene nada fácil. Su mayor rival, China, le ha desbancado como segunda potencia económica mundial y no descarta sus ansias expansionistas, que afectan a las Senkaku, un pequeño grupo de islas que pertenece a Japón desde el siglo XIX; y el protegido de China, Corea del Norte, continúa con sus provocaciones lanzando misiles cada cierto tiempo.

El debate sobre la seguridad y la influencia de Japón pasa por el papel de las Fuerzas de Autodefensa. En mi opinión, la modificación del artículo 9 de la Constitución de 1947, que prohíbe el uso de la fuerza armada como medio de resolución de disputas internacionales y la existencia de fuerzas armadas japonesas, constituiría un avance simbólico y útil, pero no lo único que hay que hacer. Shinzo Abe debe reforzar las Fuerzas de Autodefensa con nuevas tecnologías, armas y efectivos, y, en cuanto se presente la ocasión, dejar claro a China que si se propasa con Japón pagará un alto precio. Aun siendo China más poderosa, hay que señalar que otras naciones asiáticas también están sufriendo su hegemonía en la zona, así que Japón no estaría solo en un hipotético conflicto.

Como la carpa Koi de sus leyendas, Japón todavía puede sobreponerse a las adversidades, remontar el río de aguas turbulentas y transformarse en un imponente dragón, su verdadero destino. A Abe le corresponde liderar esa lucha por la supervivencia de su pueblo. Le deseo suerte y fortaleza. Lo va a necesitar.

domingo, diciembre 09, 2012

UN DIQUE CONTRA LA MAREA BLANCA

Muy recientemente, he tenido que pasar por el trance de que me extrajeran una muela del juicio problemática. Era necesaria la intervención de un cirujano maxilofacial y acudí a la sanidad pública. Pude ver fuera y dentro del hospital muchas pancartas y carteles contra los planes de la Comunidad de Madrid denominados privatizadores por los profesionales del sector sanitario. Eran carteles con rimas malas y manifiestos trufados de tópicos y falacias. A los médicos les había colocado en un altar, y creo que son de los más importantes profesionales en una sociedad, pero a la hora de protestar están demostrando tener un nivel muy bajo. Gregory House se echaría las manos a la cabeza.

No estoy en contra de la sanidad pública, de la que soy usuario. Durante demasiado tiempo, la izquierda agitó en Madrid el bulo de la privatización, a sabiendas de su falsedad. Lo que en verdad ocurría es que se abrían nuevos hospitales y los usuarios reflejaban su satisfacción en las encuestas. Pero la crisis pasa factura y se imponen cambios en un sector tan costoso como es el sanitario. En todo caso, la sanidad madrileña no se privatiza, sino que la gestión de varios hospitales va a ser adjudicada a empresas privadas, en la previsión de que prestarán un servicio sanitario más eficiente y ahorrarán dinero.

Este plan, obviamente, supone cambios nada cómodos para la generalidad del personal sanitario afectado. Hay puestos de trabajo y condiciones laborales en juego. Y los médicos, siempre muy celosos de su poder, ven con malos ojos que un empresario les organice. Tienen derecho a protestar y a exponer las insuficiencias del modelo propuesto, que las tiene. Pero lo que no pueden hacer es mentir descaradamente.

Están tratando de confundir a la opinión pública. En ningún caso se va a proceder a una privatización de la sanidad madrileña, que seguirá siendo gratuita y universal. Los usuarios no van a notar el cambio, como pone de manifiesto el hecho de que en hospitales de gestión privada ya operativos se atiende bien, sin merma de la calidad, y así lo reconocen los interesados. Con su huelga indefinida, son los médicos y enfermeras los que realmente están perjudicando a los pacientes. No sé por qué claman contra lo privado si ellos mismos son los primeros en defender sus intereses estrictamente particulares cuchillo en boca.

Los médicos, que en hospitales de gestión privada ya no serían funcionarios, se acogen a consignas ñoñas y baratas. “La sanidad no es un negocio”, dicen. Y lo dicen sin empacho alguno, a pesar de que muchos de ellos, entre los que cabe incluir a los líderes de la protesta, regentan clínicas privadas de las que obtienen grandes beneficios. Socialistas y comunistas, por su parte, también se oponen. Habría que recordar que en Andalucía abundan los conciertos con la sanidad privada. Y allí no gobiernan los neoliberales, sino PSOE e IU. En esta historia no hay que creer ciegamente a los que están detrás de la pancarta. Es muy fácil exaltar lo público, pero conviene no dejar de lado los datos y los argumentos serios. Las posturas irreductibles son las que más daño hacen en un contexto de crisis en el que los cambios son imprescindibles y, en ocasiones, forzosos.

¿Cuál es el problema de fondo en esta polémica? Cuando el Estado decide proveer un servicio público, en este caso la sanidad, la producción del mismo puede ser pública o privada. O dicho en términos jurídicos, hay que distinguir entre titularidad y gestión del servicio. Ambas alternativas son imperfectas. La Comunidad de Madrid ha entendido que es preferible una gestión privada (al menos en determinados hospitales) porque piensa que se reducirán los costes y no será afectada la atención sanitaria. Ello no significa el fin de la sanidad pública madrileña. Indudablemente, a la CAM debe exigirse un proceso transparente y que se eviten a toda costa los favoritismos y los chanchullos. También ha de negociar con el personal sanitario a fin de minimizar los efectos negativos de la externalización sobre situaciones particulares.

La bata blanca de los médicos es un símbolo de autoridad. Que se asocie ese símbolo a protestas demagógicas e histéricas por medio de las cuales se pretende engañar al ciudadano no les hará bien a la larga. La CAM tiene que lograr que la marea blanca, esa disparatada y suicida rebelión, se estrelle contra un dique construido con razones de peso y capaz de imponerse a la infumable ensalada de lemas, cantos y bailes en que ha degenerado la noble profesión médica.

domingo, diciembre 02, 2012

CUANDO SÓLO QUEDA NOSTALGIA

Lo negarán, pero la nostalgia es lo único que ha unido por unas horas a un PSOE fragmentado, anquilosado y perdido. El acto de homenaje a Felipe González en el treinta aniversario de su primera toma de posesión ha evidenciado que, para el PSOE, cualquier tiempo pasado fue mejor y que, tal vez, no haya mucho futuro. Los socialistas se han arremolinado en torno a su antiguo dios no sólo para rendirle pleitesía, sino también para demostrar que todavía son algo, a pesar de las sucesivas derrotas electorales.

Pero es dudoso. Felipe González es muy superior a Rubalcaba y, por supuesto, a Zapatero. Lógicamente, mantengo ciertas reservas. No puede desconocerse cómo acabaron sus gobiernos, la corrupción a mansalva, los GAL, la voluntad de que el poder político socialista copara todas las instituciones... La situación que heredó el PP era muy mala, crítica. Por ello, no creo que deba mitificarse a González.

No obstante, él supo modernizar el PSOE y convertirlo en un partido aceptable para la mayoría; acometió reformas profundas ya en el Gobierno, con miras de estadista; y, por último, el PSOE albergaba un proyecto ambicioso de carácter nacional y contaba, en general, con gente capacitada en sus filas.

Actualmente ocurre lo contrario. El PSOE está dividido, ayuno de ideas y anclado en el pasado. Además del recuerdo fresco de siete años tras los cuales España ha quedado postrada por la crisis, les lastra lo anticuado de sus líderes e ideas. Hay algunos jóvenes, pero con mentalidad de anciano, como Tomás Gómez, el que una vez lució patillas. Con Rubalcaba al frente, el PSOE no podrá aspirar ni a un mínimo lavado de cara. Porque el señor Rubalcaba es la viva imagen de lo peor del PSOE, si es que hay algo bueno.

Respecto a su programa, solamente tiene dos opciones. La primera es la ejecutada por Tony Blair con el Partido Laborista, esto es, limpiar el partido de viejos dogmas ideológicos y asumir que a la gente le preocupa más su bolsillo que las causas sociales en abstracto. Basta ya de decir a la ciudadanía que gracias a ellos tiene derechos y que sólo ellos pueden interpretarlos. El PSOE, si eligiera esta vía, tendría que parecerse más al Partido Liberal de Sagasta que a la mezcolanza de clichés y lemas de pancarta que es hoy.

La otra opción es la que, por desgracia para ellos, parece que están prefiriendo. Radicalizar aún más su discurso, oponerse con testarudez a los recortes en el gasto público y sumarse al pensamiento altermundista de los indignados. Como bien ha señalado Aznar, en una pelea de radicales gana el más radical. La extrema izquierda ya tiene muchos productos, a cual más aberrante, donde elegir. No necesita uno nuevo, adulterado y plagado de izquierdistas caviar.

A mí, honestamente, el PSOE no me importa nada. Ha hecho más daño que bien a España, sobre todo en los últimos siete años, y es el partido más corrupto de la Historia. Aun así, entiendo que en democracia es saludable la existencia de una alternativa seria al partido gobernante. Y si esa alternativa no es una unión temporal e inestable de chiringuitos extremistas, mucho mejor. Así pues, creo que es necesaria una oposición fuerte y unida. Estoy a favor del bipartidismo, una alternancia que requiere de dos jugadores aseados.

El recambio del PP no tiene por qué ser el PSOE, claro está. Visto lo visto, es posible que el PSOE no recupere jamás la fuerza que tuvo, especialmente si persiste en mantener unos líderes caducos y un discurso trasnochado, contrario a la libertad económica y a las aspiraciones individuales, y si sigue diciendo cosas distintas en función de la región de España a la que se dirija.

Mi sueño, ya lo he dicho otras veces, es que en España se turnaran en el poder dos partidos. Uno liberal y el otro más liberal si cabe. Como está difícil, puedo conformarme con un PP menos intervencionista y con UPyD de recambio. Queda un largo trecho para que este último partido pueda ocupar el lugar del PSOE, pero los socialistas, absortos en su nostalgia, se lo están poniendo fácil.