Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 28, 2013

LA SAGA/FUGA DE LUCÍA ETXEBARRÍA

Ha abandonado Lucía Etxebarría el programa Campamento de Verano entre llantos y temblores, culminando un drama en la que ella misma se ha atribuido el papel de víctima. Alega que ha sufrido el acoso de sus compañeros, que la dirección del programa no ha hecho nada por ampararla… No me lo creo. Antes de entrar en la arena, esta escritora, dos veces plagiadora, ya había intentado dejar patente su superioridad respecto a los demás: “Sé que me voy a un programa basura y sensacionalista, a un programa que yo misma he criticado millones de veces”. Y se degradaba a tal cosa, decía, para ganar dinero con que pagar sus deudas con Hacienda, subrayando este dato como una especie de diferencia frente a sus compañeros, como si ellos fueran allí sólo por gusto.

No ha hecho ningún esfuerzo por adaptarse o por resistir las bromas de los otros. Quizá esperaba un ambiente como el de la Checa de Bellas Artes y se topó con gente un tanto zafia con la que hay que aprender a convivir. Su actitud prepotente y egocéntrica --propia de una diva ofendida-- debió de granjearle aún más antipatías por parte de sus compañeros, que obviamente no gozan de mi admiración, pero entiendo que sea difícil soportar a una mujer tóxica como Etxebarría. Ya la primera noche ofreció un espectáculo deleznable causado por un malentendido que puso de manifiesto que esta señorita, a la que no le importa publicar fotos de ella desnuda, no puede dormir con alguien que gime o gruñe un poco mientras duerme. Y le dio igual acusar a dicha persona a sus espaldas.

Es normal que el grupo se una para atacar al diferente, al que destaca por algo. Pero esta escritora se lo puso demasiado fácil, con comentarios altivos y un comportamiento errático (un día se iba ya, al otro no…), siempre tratando de ser el centro de atención. Esa pose imposible de genio rodeado de bárbaros. José Cadalso ya se refirió aceradamente a ese tipo de sujeto delirante que “se figura a sí mismo tan incomprensible como los demás le conocen necio”.

Tal vez me hubiese puesto de parte de otra persona, pues tiendo a identificarme con el que está enfrentado al colectivo. De ella no, debido a su propensión a pasar como víctima. En 2011 anunció que dejaría de escribir porque no le rentaba… Poco después siguió haciéndolo. Y todo sin que a nadie le importara lo más mínimo, por más que presuma de ventas y seguidores delante de las cámaras.

Uno de los personajes de El regreso de don Quijote, de Chesterton, es un sindicalista furibundo, John Braintree, capaz de debatir con los más rancios nobles sobre la situación de los mineros desplegando un verbo afilado y profundos conocimientos, moviéndose en los ambientes selectos con absoluta maestría. En cambio, cuando su amigo Douglas Murrel, otro noble, le lleva una noche a las tabernas populares, Braintree enmudece. Se da de bruces con el pueblo, con la clase trabajadora, y descubre que las palabras no acuden a su boca, que no entiende bien a esa gente ni congenia con ella. Etxebarría es un exponente de esa izquierda exquisita que se pasa la vida soltando peroratas demagógicas sobre el pueblo llano aunque, si se encuentra con él, se da la vuelta y sale corriendo en dirección a su urbanización vallada.

¡Pobre Lucía! ¡Qué incomprendida! ¡Cuánto maltrato a manos de un programa en el que participó porque ella quiso! Toda una vida escribiendo lúcidos escritos feministas y en pro de los desfavorecidos y no recibe a cambio más que burlas y descalificaciones de mujeres de sobresaliente pechera. La imagen de Lucía con su ridícula camiseta verde a favor de la educación pública (pagada por otros, claro, a juzgar por esos persistentes problemas con Hacienda, menos temibles que unos cuantos paletos con poca educación), contando sus insignificantes penas una vez ha descubierto que la realidad no se ajusta a sus fantasías progresistas y rousseaunianas, sino que es un lugar donde a veces hay que negociar, defenderse o padecer críticas y mofas, es el retrato de una izquierda eternamente adolescente que nunca entenderá la naturaleza humana.

NOTA: Cerrado por vacaciones desde ahora. La próxima actualización será el 18 de agosto.

domingo, julio 21, 2013

OTRA VEZ SOBRE LA GESTIÓN DE LA SANIDAD PÚBLICA MADRILEÑA

Semanas atrás, caminando por la calle, me encontré con unos individuos con mal aspecto que se dedicaban a repartir papeletas para votar en la consulta popular sobre la sanidad pública madrileña auspiciada por sindicalistas. Cogí una de las papeletas. Como esperaba, la pregunta no podía ser más manipuladora, pues uno tenía que elegir entre la privatización o no de la sanidad, no sobre su gestión, que es lo que realmente está en juego en Madrid. No se puede confundir la privatización del servicio con la privatización de la gestión. Éste es un ejemplo de las muchas falsedades y tergiversaciones que rodean este asunto, en el que desde el principio los sindicalistas están intentando engañar a la gente.

Ellos, por supuesto, se alzan en favor del derecho a la salud de los pacientes y de las dogmáticas virtudes de lo público, aunque, en el fondo, les mueve el sectarismo ideológico y, aún más, sus intereses particulares. No quieren que un empresario meta la mano en su coto privado, donde hacen y deshacen a su antojo.

¿Repugna a la figura del servicio público su gestión por parte de particulares? En absoluto. En la propia noción de servicio público como actividad de prestación que asume la Administración para satisfacer necesidades generales conforme a un régimen especial (exclusiva o predominantemente de Derecho público) está ínsita la posibilidad de la gestión indirecta mediante concesión u otras fórmulas. Fue así ab initio: en los orígenes de la actividad de servicio público ésta no se concebía si no era destinada a ser gestionada por un particular, según expone José Luis Meilán Gil: “Contenido económico y gestión indirecta son esenciales en la configuración originaria del servicio público”.

El servicio público ha ido sufriendo una evolución, muy acentuada en la segunda mitad de los noventa, cuando fueron objeto de privatización y liberalización los grandes servicios de redes (telecomunicaciones, energía, servicios postales y transporte). Se fue a un régimen de libre competencia, dejando a salvo una serie de obligaciones de servicio público que protegen el interés general. A día de hoy, cabe afirmar que la disciplina de mercado en dichos servicios ha redundado en beneficio del consumidor (precios más bajos y diversificación de la oferta).

Pero no está en los planes de nadie la privatización de la sanidad pública madrileña, tan sólo la gestión indirecta de determinados hospitales y centros de salud, una técnica que, ya se ha dicho, no es extraña al concepto de servicio público.

La pregunta entonces es si hay alguna razón para descartar una colaboración entre el sector público y el privado en este ámbito. La Constitución, en su artículo 43, recoge el derecho a la protección de la salud y a la atención sanitaria de todos los ciudadanos. La Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad establece como principios del Sistema Nacional de Salud la financiación pública, la universalidad y la gratuidad de los servicios en el momento del uso. En ninguna parte se dice qué tipo de gestión es la adecuada o si se puede hacer negocio o no con la sanidad, una cuestión a la que podrían responder --dicho sea de paso-- muchos de los implicados en la llamada rebelión de las batas blancas, que por la mañana se manifiestan voceando consignas (“Queremos pacientes, no clientes”, proclaman) y por la tarde pasan consulta en sus clínicas privadas.

Por lo demás, sobran los motivos económicos para explorar nuevas fórmulas en la gestión de la sanidad que optimicen recursos y ahorren costes. La sanidad pública padece un problema de financiación cuyas causas puede entender cualquiera: la crisis económica y, al mismo tiempo, los cambios demográficos experimentados por la sociedad española, cada vez más envejecida, junto con los avances en tratamientos y tecnología, que han disparado los costes. Una sanidad endeudada no será viable en el futuro.

Por ello, y justamente para asegurar este servicio, no para destruirlo, se está ensayando esta propuesta en Madrid. Es verdad que, a priori, la gestión pública podría ser igual de eficiente que la privada. Pero la realidad pone de manifiesto que un empresario que se juega su dinero se preocupará más de la excelencia de la gestión que un burócrata designado por los políticos.

En los hospitales donde ya se está practicando, los usuarios no han percibido diferencias respecto a la situación anterior, y la calidad es la misma, para desgracia de los miopes y fanáticos que testarudamente se oponen a todo cambio.

domingo, julio 14, 2013

BÁRCENAS Y RAJOY: ¿QUÉ HACER?

No comprendo por qué Rajoy se muestra tan renuente a citar a Bárcenas por su nombre, como si se tratara del mismísimo Voldemort, He-Who-Must-Not-Be-Named. Es fácilmente explicable, partiendo de ese detalle, el fracaso del PP a la hora de defenderse de las implicaciones de este caso. Una comunicación errática, confusa y carente de fuerza no conduce a nada en situaciones así. Es mejor pasar al ataque.

Aún no dudo de la honradez de Rajoy. De todo lo demás, sí. Él protegió a Bárcenas hasta el momento crítico, y ahora se niega a dar explicaciones. Rajoy, un hombre que ha hecho del silencio y del mirar a otro lado su estrategia más habitual, está cometiendo un grave error. Puede que otras veces esa estrategia le haya ayudado a capear el temporal, pero en esta ocasión la tormenta está provocando la zozobra del barco y el capitán debe, urgentemente, personarse en el puente de mando. Y una vez allí, dirigirse a la tropa fiel y a sus enemigos, para después tomar decisiones.

Comparto lo que exigió Esperanza Aguirre esta misma semana, esto es, una reacción opuesta a la de otros partidos. Que el PP se adelante a la Justicia en lo tocante a transparencia, depurar responsabilidades y limpiar sus bajos fondos. Rechazo por principio la pasividad y aún más la cobardía que está demostrando Rajoy. Éste debería hacer dos cosas básicas. Primero, comparecer ante el Parlamento. Segundo, dar una extensa rueda de prensa. No vale, por tanto, un discurso leído en Génova. Ambas actuaciones le permitirían fijar ante la opinión pública una posición clara sobre este escándalo, algo de lo que el PP adolece, pese a todos sus aspavientos, amén de que dejaría claro que no teme ninguna pregunta. Eso es necesario a fin de que no se resquebraje la confianza.

Explicarse de esa manera no significaría ceder a ningún chantaje de Bárcenas. ¿Qué chantaje? Si se trata de que no condicione la agenda política, es demasiado tarde para evitarlo. Lo único que consigue Rajoy con su silencio es que se extiendan todo tipo de versiones y teorías –menos la suya– sobre su relación con Bárcenas. Está a tiempo de abandonar su escondite sin explicar sin tapujos todo lo que haya que explicar, desde gastos de representación en el partido al sentido de esos ridículos intercambios de mensajes telefónicos con Bárcenas. El chantaje quedaría, sin ninguna duda, desactivado.

Por lo demás, tan falto de liderazgo está el PP que ni siquiera contraataca eficazmente esgrimiendo la corrupción socialista en Andalucía, mucho más honda y nociva, por supuesto, que toda la que sea imputable al PP y a Bárcenas. Así es el PP de Rajoy. Un partido acomplejado que continuamente está pidiendo perdón por existir y que deja al PSOE el lujo de proclamar que rompe relaciones con él (¿?), en una dramatización propia del mejor Rubalcaba, el del “Pásalo”, con quien Rajoy pacta ricamente fruslerías, crecimiento en vez de austeridad, más Europa, etcétera. Estupideces al por mayor de quien no ha tenido el coraje de reducir el tamaño del sector público.

Estoy asqueado del PP de Rajoy. Y harto. Harto de sus refranes, su discurso hueco y su populismo de saldo. Harto de su patriotismo de partido. Harto de su endeblez, ahora disfrazada de resistencia y conciencia tranquila. Si después de toda una vida política este hombre no es capaz de explicarse en el Parlamento y dar una rueda de prensa decente, recuperando así la iniciativa y zanjando los temas candentes, no merece seguir gobernando. Prefiero la cruda verdad a un Presidente cobarde.

Es una imagen que suelo tener presente la de Diógenes, lámpara en mano a plena luz del día, buscando a un hombre. Rajoy no lo es, según parece. Que le echen ya. Todavía hay hombres el PP, aunque sean mujeres.

domingo, julio 07, 2013

EL HEROICO SNOWDEN Y LA ODISEA DE EVO MORALES

Estados Unidos espía. ¿Es eso una novedad? Creo que no, pero aun así las revelaciones de Edward Snowden han causado un desbarajuste diplomático importante. Supongo que el paso de la simple certeza de que tal espionaje se produce al hecho de que salgan a la luz casos concretos es un salto cualitativo difícil de ignorar.

Empero, no considero que las actuaciones de Estados Unidos merezcan condena alguna, a condición que la información que recopilan la usen con unos fines específicos, es decir, que la dediquen a la lucha contra el terrorismo. Dentro de esos límites, el espionaje es imprescindible. La seguridad de Occidente está sometida a una amenaza global, con múltiples ramificaciones y movimientos soterrados. La información evita atentados y posibilita que se liquide a tiempo a los terroristas musulmanes. Ex notitia victoria. Mantener nuestro estilo de vida y libertades a salvo del fundamentalismo exige, guste o no, sacrificios sobre la privacidad.

No hay que caer en la sensibilidad exagerada, a flor de piel. La privacidad es importante, pero la libertad y la vida son valores superiores. En todo caso, esa información no va a ser utilizada con fines espurios.

La reacción en Europa ha sido sumamente ridícula. ¡Menudo descubrimiento ha hecho Snowden! Los españoles que están protestando contra Estados Unidos --normalmente simpatizantes de los partidos progresistas-- deberían darse cuenta de un hecho paradójico. Ellos, que no osan rechistar al big government, que están encantados con que el Estado les prohíba fumar o que imponga consejos de administración paritarios en las empresas, que abogan por impuestos altos, que reclaman más grilletes, regulaciones y burocracia, que aspiran a que el Estado se ocupe de la formación moral y en valores de sus hijos, han sido los primeros en rasgarse las vestiduras cuando se ha descubierto que Estados Unidos hurga en sus insustanciales correos electrónicos. A otro perro con ese hueso.

Resultaría bien absurdo e incoherente de no ser porque es sabido que estos amigos de lo público odian visceralmente a Estados Unidos, como adolescentes rebeldes a los que molesta que su padre les discipline, y son tibios en relación con el terrorismo musulmán. No verían con malos ojos una negociación, o incluso una rendición que redimiera los pecados que atribuyen a Occidente. Estaban en contra de la guerra abierta; también rechazan la guerra subterránea. Sólo me queda pensar que aspiran a vencer al terrorismo poniendo el culo en pompa y rezando hacia La Meca.

En lo tocante a Snowden, es un traidor y debe ser puesto a disposición de la Justicia norteamericana para que se le aplique un castigo ejemplar. No sólo ha robado información, sino que ha puesto en peligro la vida de muchos agentes que se la juegan a diario para que el ciudadano corriente duerma tranquilo. Es muy revelador que sean los países bolivarianos, que no se caracterizan por un respeto exquisito a los derechos fundamentales, los que más gustosamente le han ofrecido asilo político.

Esta circunstancia entraña un riesgo adicional. Países como Venezuela, en los que se acoge y entrena a terroristas, mantienen vínculos nada inocentes con Irán. Huelga decir que Snowden podría darles información útil para perjudicar los intereses occidentales. Espero y deseo que, antes de que eso suceda, el traidor sea neutralizado. Se le busca vivo, pero si muere no será una pérdida que lamentar.

Concluiré con una nota de humor. Lo pasé muy bien a costa de Evo Morales, risible y esperpéntico, y su odisea para escapar de Europa. Debe entender que es normal que alguien que no deja de hacer el payaso y hablar en contra del imperialismo sea recibido con natural suspicacia en los países amigos del imperio, que deberían andarse con menos miramientos con sujetos de la calaña de Morales. Si hubiese dependido de mí, le habría retenido unas cuantas horas más para disfrutar del espectáculo y soliviantar aún más a sus compinches sudamericanos, siempre tan dispuestos a representar telenovelas de humor.