Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 25, 2014

LOS TIEMPOS DE LA NINTENDO 64

La primera vez que jugué a la Nintendo 64 fue en casa de un amigo. Probamos el Goldeneye (1997), pionero shooter que se convirtió en la principal razón de que adquiriera esa consola. ¡Era tan distinto a todo lo que habíamos visto! Los entornos tridimensionales daban una sensación de libertad nunca experimentada y los gráficos nos parecieron insuperables. Estábamos entrando en la era de las tres dimensiones: si bien trajo algunos juegos sumamente infames desde el punto de vista gráfico, las obras aceptables o sobresalientes fueron mayoría.

Ser propietario de una Nintendo 64 conllevaba una gran responsabilidad, la de defenderla de los ataques de los seguidores de la PlayStation de Sony. Más que en el catálogo de juegos, el debate giraba en torno a los cartuchos y los cedés. Los cartuchos de la Nintendo 64 eran resistentes, no necesitaban cargar y con ellos no hacía falta una memoria externa para grabar las partidas. Ahora bien, estas ventajas no podían ocultar varios puntos débiles, fundamentalmente que no tenían capacidad suficiente para reproducir cinematic scenes de gran calidad y que impedían piratear la consola, cosa posible con la PlaySation gracias al famoso chip. En realidad, esto último era una clara ventaja para Nintendo, aunque los jugadores viesen limitadas sus opciones. Por otra parte, muchos de los juegos pirateados de la PlaySation funcionaban malamente o se estropeaban al poco tiempo. 

He de decir que no corría muchos riesgos a la hora de comprar un juego, ya que solía guiarme por las críticas de las revistas especializadas. Junto con los anuncios y la tradición oral, tales revistas eran la única fuente de información disponible. Y la elección de un juego no era un asunto baladí (rara vez caían en un año más de dos), por lo que no se podía actuar a ciegas. En consecuencia, iba a lo seguro: Star Wars: Shadows of the Empire (1996), Lylat Wars (1997), The Legend of Zelda: Ocarina of Time (1998), Star Wars: Rogue Squadron (1998)… Los intercambios eran muy habituales y suplían la escasez. Sólo así pude conocer Shadow Man (1999) o Star Wars Episode I: Racer (1999).

Los juegos no estaban traducidos, lo que determinaba una dificultad mayor de lo normal. Los juegos de la Game Boy, en general, eran muy intuitivos y apenas tenían texto. No sucedía lo mismo con muchos de la Nintendo 64. Es el caso del Turok 2 (1998), en el que al inicio de cada nivel se te informaba de los objetivos en una larga charla y era casi imposible enterarse de todo. Ello hacía imprescindible el uso de guías con regularidad, algo que hoy rechazaría. En ese momento, sin embargo, no había más remedio, y curiosamente a mí me gustaba leer guías, inclusive de juegos que no tenía. Suelo poner el ejemplo de la guía de la Nintendo Acción para Castlevania 64 (1999), un texto muy entretenido que casi podía leerse como una narración independiente.

La Nintendo 64 inició su agonía con la llegada del nuevo milenio, siendo sucedida en 2001 por la GameCube. Antes dejó alguna obra maestra adicional, como The Legend of Zelda: Majora’s Mask (2000) y Paper Mario (2000). Precisamente fue mi intención que Paper Mario fuera el último cartucho que compraba para mi querida Nintendo 64. No pudo ser, pues estaba agotado (¡!), y me conformé con Banjo-Tooie (2000).

Mi consola duerme hoy en el sueño de los justos, a salvo del polvo y el óxido, y sé que un día volveré a ella. Nada será como antes, pero hay mundos que deben ser revisitados, sea por nostalgia o por placer.

domingo, mayo 18, 2014

Y CAÑETE DISPARÓ CONTRA SU PROPIO PIE

Muchos analistas desprecian la influencia de los debates electorales en el resultado de unas elecciones. Indudablemente, no cambiará la decisión de los partidarios de uno u otro candidato, pero puede afectar a los indecisos. Además, aunque tenga una audiencia modesta, al día siguiente va a ocupar las portadas de los periódicos, las mesas de debate de las tertulias… Y, en todo caso, es un ejercicio dialéctico interesante en el que los candidatos muestran sus capacidades. En definitiva, la perfecta ocasión para lucirse. 

Confieso que esperaba más de Arias Cañete en el debate con Elena Valenciano. Dicen que es Pedro Arriola el responsable de que los candidatos del PP ocupen la mayor parte de sus intervenciones en un debate recitando datos o enseñando gráficas, o bien leyendo declaraciones un tanto insulsas. En vez de un Cañete mordaz, incisivo, con buen humor y dispuesto a ridiculizar el discurso hueco y la falta de ideas de su rival, apareció un Cañete asustadizo, con dificultades de expresión, desganado al leer e incapaz de ofrecer un mensaje medianamente elaborado.

Salvando las distancias, este lance me trajo a la memoria el primer debate entre Ronald Reagan y Walter Mondale en la campaña de 1984. El normalmente carismático Reagan no tuvo su mejor día y se aferró a los datos y porcentajes proporcionados por sus asesores. El resultado fue un Reagan aburrido, confundido y desacertado. Por suerte, en el segundo debate corrigió sus errores y volvió a ser él mismo.

Cañete no tendrá una segunda oportunidad. Los dirigentes del PP ya deberían haber aprendido que en un debate hay que tratar de desarmar al contrario como sea y convencer a los votantes, sin que ello implique recurrir a los eslóganes o al sentimentalismo impostado de los socialistas, pero teniendo en cuenta que hace falta entrar en la refriega dejando a un lado los complejos y disparar andanadas continuamente.

No me explico, pues, cómo Cañete, teniendo a su disposición tantas frases antológicas de Valenciano, no usara ninguna para mofarse; o cómo no puso de manifiesto el fracaso del “modelo andaluz” que los socialistas pretenden exportar a Europa; o cómo permitió que la socialista le corrigiera (“No se dice discapacitado, sino persona con discapacidad”) y quedara sin réplica, cuando podría haber criticado los circunloquios que a nada conducen del lenguaje políticamente correcto, que cada vez nos atonta más (antes eran discapacitados en vez de disminuidos o minusválidos). 

Con todo, es muy osado concluir que la socialista venció, aun cuando le reconozco una soltura considerable para hacer propaganda de su bisutería progresista. El mayor problema para Cañete, en realidad, no vino durante el debate, sino después del mismo, al pronunciar la desafortunada frase que todos conocemos. Una frase de la que estoy seguro de que se arrepintió al segundo siguiente de haberla dicho. 

Y es que, a pesar de su extensa carrera política, no parece ser de los que llevan preparadas de antemano las respuestas a las preguntas que saben que necesariamente les van a plantear los periodistas, a fin de evitar deslices o comentarios torpes. 

En el PSOE están aprovechando bien el regalo de Cañete. No les dará la victoria, pero una ayuda siempre es bienvenida… El PP, en un momento tan delicado, no se ha pertrechado adecuadamente y ha vuelto a caer en las mismas trampas de siempre, algunas colocadas en su camino por asesores como Arriola. Parafraseando a Jesucristo en Johnny cogió su fusil (1971), es un partido con muy mala suerte y no tengo palabras.  

domingo, mayo 11, 2014

LA UNIÓN EUROPEA NO DEBE QUEDARSE ATRÁS

La crisis en Ucrania, que va para largo, ha vuelto a poner en evidencia que la Unión Europea cuenta bien poco en lo concerniente a acción exterior y seguridad, a pesar de que el Tratado de Lisboa intentó avanzar en ese ámbito. Inicialmente, la UE apoyó a la Ucrania que quería acercarse a ella. Después, sin embargo, ha empequeñecido frente a Rusia. No hay una sola voz y la tibieza es la nota dominante.

La UE cobra sentido precisamente en asuntos así, porque ahora --y en el futuro-- Europa compite con potencias emergentes inmensas, sobradas de población y recursos, celosas de sus intereses y cada vez mejor armadas. Cuando me dicen que la UE no debe limitarse al mercado único, contesto que es cierto, que una respuesta conjunta a los desafíos internacionales es necesaria para no ser aplastados por el peso de los competidores. 

Ello no tiene por qué traducirse en nuevas y enrevesadas regulaciones o en el enésimo cambio institucional, sino en que haya una toma de conciencia de la magnitud de los retos con la finalidad de articular una voluntad política. A veces basta con un líder decidido que guíe al resto, aunque no hay muchos así en Europa. 

La UE teme enfrentarse al poder ruso, un poder que está más basado en la audacia y en la imagen que en una economía sólida y unas instituciones fiables. También posee un ejército poderoso, ¿pero es que los países europeos están indefensos? Ni siquiera la dependencia energética, no tan alta como se piensa, es un factor determinante. ¿Por qué entonces sale ganando Rusia? ¿Por qué Estados Unidos se queja de la inacción europea? 

La verdad es que hay dos diferencias entre la UE y Rusia. Ésta sí tiene un líder, Putin, digno de admiración, con una voluntad fuerte y sumamente osado. Y, además, Rusia, como declaró Putin, se preocupa de defender los intereses de la patria a toda costa. La UE, al final, pierde fuerza porque prevalecen los diversos intereses nacionales. No apoyo la unión total ni que se pierdan tales intereses en el entramado de Bruselas, pero en crisis como la de Ucrania, esto es, en circunstancias graves y que afectan al porvenir del continente, la desunión impide toda contundencia.

Es dudoso que España pudiera jugar un papel importante en esa UE fuerte y respetada en el exterior que debiera ser la meta de Bruselas o de cualquier político que no desee el ascenso de potencias extranjeras. Nuestro país, con su bajo presupuesto en defensa, su vocación de actor secundario y sometido a otros y su propia incapacidad para hacer valer sus intereses, no puede ser tomado como ejemplo a seguir. 

No quisiera asistir a la decadencia y caída de Occidente. Creo que aún es posible rectificar y recuperar el esplendor perdido, superar la Europa de perdedores, la Europa estancada y bobamente socialdemócrata. Iniciativas como el tratado de libre comercio entre la UE y Estados Unidos son un rayo de esperanza. Ahora esa cooperación y entendimiento deben trasladarse al terreno de la defensa y a buscar el aseguramiento la supremacía occidental en todos los frentes. De todo ello no se hablará en la presente campaña electoral, pero es mejor ir comprendiéndolo antes de que sea tarde.

domingo, mayo 04, 2014

EL COSTE DEL POPULISMO

Ayer noche, representantes de la pléyade de nuevos y pequeños partidos que concurren a las elecciones europeas tuvieron ocasión de explicar sus propuestas. Salvando a Vidal-Quadras y a ratos a Javier Nart, los espectadores presenciaron una perfecta colección de buhoneros que ofrecían bálsamos y ungüentos milagrosos, y que se centraron preferentemente en las grandes cuestiones que determinarán el futuro de la Unión Europea, esto es, los viajes en primera clase y los sueldos de los eurodiputados.

Pero el populismo no es privativo de los partidos surgidos recientemente. PSOE e IU se han abonado a él con entusiasmo, en tanto que el PP opta por insistir en un hueco discurso de recuperación económica, necesario pero insuficiente. 

Es natural que los mensajes de los demagogos calen hondamente en una ciudadanía enfadada con la clase política y las instituciones y que ha sufrido largos años de crisis. Cuando no se hace nada (o muy poco) por contrarrestar tales mensajes, entonces su éxito es total.

Y el problema es que el populismo acarrea costes. En primer lugar, supone vender a la opinión pública una mercancía barata, simple… y averiada. Cuando la realidad pone las cosas en su sitio, el vacío dejado por las expectativas lo ocupa la frustración. Igualmente, contribuye a confundir a la gente, a que crea en imposibles que entorpecen el triunfo de ideas solventes o serias. Por ejemplo, sostienen algunos que la Deuda pública se puede dejar impagada sin que ello tenga consecuencias. Es más, el inefable Elpidio propone destinar parte de lo que no se pague –la parte “debida a la corrupción”— a sanidad y educación. Nunca antes se evidenciaron con tanta crudeza las carencias de los jueces en materia de Derecho Financiero y Hacienda Pública.

Otro ejemplo es el de la energía nuclear y el petróleo. Es tan fuerte el populismo y la superstición en torno a estos asuntos que resulta casi impensable que en España pueda abrirse una nueva central nuclear o que sean explotados los pozos petrolíferos hallados, y si es posible será un proceso plagado de dificultades debido a la oposición del populacho, jaleado por ecologistas, politicastros y otros iluminados. 

Hay muchos más ejemplos: La educación y sanidad sólo necesitan más gasto público; es posible cambiar el modelo productivo apretando un botón; los ricos son todos malas personas y deben ser gravados con impuestos confiscatorios; en las fronteras de Ceuta y Melilla hay que sustituir a la Guardia Civil por azafatas (gracias, Octopusmagnificens); la corrupción se cura expandiendo aún más el sector público; y un largo etcétera. Esta sarta de imbecilidades, que en otra parte no serían sino desvaríos de charlatanes, aquí encuentra acogida en crecientes porciones de la población.  

El peligro real es que el PP, el único gran partido nacional que tiene España, se deje arrastrar por las corrientes populistas y renuncie a formular recetas alternativas o un discurso en contra del simplismo, la ética indolora y la sopa boba. En tal caso, triunfarían los aprendices de brujo que hoy aseveran que la política es sinónimo de magia. El resultado de semejantes conjuros es bien conocido, por supuesto. El aprendiz recibe su merecido, pero no sin antes haber traído el caos. Advertidos estamos.