Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 31, 2014

LA LIBERTAD DE EMPRESA Y LA COMPETENCIA SE ABREN PASO

Es una tradición de la progresía española –y de gran parte de la derecha— sostener un discurso de protección del pequeño comercio frente a las grandes superficies, siendo su motivación el resentimiento hacia las empresas que obtienen pingües beneficios antes que una especial querencia por los débiles. Una de las propuestas del partido de Pablo Iglesias es penalizar de algún modo a las empresas que, a su entender, crezcan demasiado.

Así las cosas, la libertad de horarios ha sido vista con recelo, por lo que durante muchos años no se permitió, ya que con su implantación estos pequeños comercios serían barridos del mapa. O al menos eso dictaminaba el pensamiento único. La crisis y una cierta pérdida de complejos por parte del PP, sin embargo, lograron eliminar aquella restricción, y en Madrid se pudo aprobar la Ley 2/2012, de 12 de junio, de Dinamización de la Actividad Comercial en la Comunidad de Madrid, que liberalizó los horarios por completo (mientras tanto, en Cataluña, donde el lobby de pequeños comerciantes es muy poderoso, se han aferrado a las viejas e ineficientes prohibiciones). Junto a ello, se suprimieron las licencias previas, quedando sustituidas por la declaración responsable de quienes deseen abrir un comercio.

Como era de esperar, las predicciones agoreras de la izquierda, siempre temerosa de la libertad, no se cumplieron. El sector comercial de Madrid, el más libre de España, creció en número de empresas y puestos de trabajo.

Las grandes superficies, obviamente, cuentan con ventajas en un entorno de libertad de horarios, pero eso no forzosamente condena a la extinción al comercio de proximidad. Puede competir aprovechando sus puntos fuertes, como la cercanía, la calidad, la atención al cliente o la tradición. Tratar de cobijarse bajo el manto protector de los poderes públicos, perjudicando con ello a los consumidores, es, a la larga, un error.

La competencia no es mala. En La competencia en España: Balance y nuevas propuestas, informe de 1995, el desaparecido Tribunal de Defensa de la Competencia expresaba que “la competencia conduce a una asignación de recursos más eficiente, estimula la inversión y el crecimiento económico e impone una férrea disciplina en los mercados que contribuye a frenar el crecimiento de los precios”. Y seguía afirmando que “a largo plazo todos nos beneficiamos de la introducción de competencia”.

Gracias en buena parte a la Unión Europea, el legislador español ha ido aprobando normas más respetuosas con la libertad de empresa y cuyo objetivo es reducir trabas injustificadas o desproporcionadas y promover la iniciativa privada en un entorno menos opresivo. Y una regulación menos compleja favorece a grandes y pequeños. Ejemplo fundamental fue la Ley 17/2009, de 23 de noviembre, sobre el Libre Acceso a las Actividades de Servicios y su Ejercicio, que incorporó al ordenamiento jurídico español la Directiva 2006/123/CE, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 12 de diciembre de 2006.

Ésta es la senda correcta y la que puede generar prosperidad. Menos restricciones a la libre competencia y más libertad de empresa. En cambio, el intervencionismo que propugnan Pablo Iglesias y sus mariachis es la vía directa al fracaso, el estancamiento y la miseria.

domingo, agosto 24, 2014

DOBLE O NADA

Entre 1993 y 1995 se estrenaron varias películas basadas en videojuegos. El fracaso sin paliativos de Super Mario Bros. (1993) no impidió nuevas adaptaciones: Street Fighter (1994), Double Dragon (1994) y Mortal Kombat (1995). Esta trilogía de películas con origen en videojuegos de máquinas recreativas es, en su conjunto, un cochambroso festival de artes marciales, pero tanto Street Fighter como Mortal Kombat contienen elementos que permiten su salvación. No ocurre lo mismo con Double Dragon, la de menor presupuesto de las tres y la más infame.

La película narra la lucha por el control del Double Dragon, un medallón con poderes mágicos dividido en dos mitades. Una la obtiene el villano al comenzar la película; la otra está en poder de Satori, la tutora de los hermanos Lee (Mark Dacascos y Scott Wolf), los protagonistas.

La historia se desarrolla en 2007, en una Los Angeles devastada y sumida en el caos por culpa de los terremotos y otros fenómenos naturales destructivos. El ambiente de la ciudad es todavía el propio de esas películas de los ochenta que muestran un escenario urbano apocalíptico, sombrío, descuidado... La policía, incapaz de mantener el orden y seguramente siguiendo los consejos de algún progresista apaciguador, ha firmado una tregua con las múltiples bandas callejeras, que no actúan de día pero tienen carta blanca de noche. Sólo una banda jóvenes virtuosos, los Power Corps, intenta cambiar esta situación. 

El malo (interpretado por Robert Patrick con un notable histrionismo) se hace llamar Koga Shuko (bien podría ser Sucker, en atención a su baja estofa) y es un tipo vestido de negro, provisto siempre de unas gafas de sol y con laca en el pelo que reside en un rascacielos. Su propósito no es otro que dominar “una sola ciudad”, Los Angeles, lo que parece absurdo, dado el estado en que se encuentra la ciudad y los problemas que presenta. A diferencia de la OCP en Detroit, Shuko no pretende realizar ningún proyecto urbanístico faraónico y sólo quiere el poder por el poder.

La película es muy simple. Cada salto en la trama se produce con una irrupción en la guarida o refugio del rival correspondiente (los malos en el monasterio o aldea donde está escondida la primera mitad del medallón y en el teatro abandonado en que viven los Lee; los Power Corps en el rascacielos de Shuko; y Shuko y sus secuaces en la guarida de los Power Corps). 

Voy a destacar alguno de los puntos fuertes de la película. En primer lugar, el coche de los hermanos Lee, cuyo combustible son papeles quemados en un horno. En segundo lugar, Abobo, líder de una banda al que Shuko, usando su tecnología, convierte en una abominación… totalmente inútil. Por último, esos divertidos diálogos –supuestamente ingeniosos— típicos de toda película astrosa de acción.

El poder del medallón es un tema aparte. Una mitad da poder sobre el alma y la otra sobre el cuerpo. En la práctica, la primera mitad permite a su poseedor volverse una sombra que puede entrar en otros cuerpos y controlarlos; la segunda hace invulnerable el cuerpo o algo así. La combinación de ambas, en principio, otorga un poder invencible.

La realidad que ve el espectador es bien distinta. Me atrevo a decir que la mitad de de Shuko (poder sobre el alma) es mejor que el medallón completo, puesto que, cuando consigue reunir las dos, el resultado no es sino su transformación en dos engendros que son fácilmente derrotados por los Lee una vez les da un poco de luz (eléctrica). Y lo único que obtienen los hermanos al juntar el medallón es ropa nueva.

Double Dragon es una mala película que, pese a sus carencias, divierte gracias a su falta de complejos. De todas maneras, para pasar un buen rato me quedo con cualquiera de sus dos hermanas.

domingo, agosto 03, 2014

EL PENSAMIENTO DE CARMEN SEVILLA

Una figura muy querida, respetada y entrañable de la televisión de principios de los años noventa fue Carmen Sevilla, hoy enferma y retirada de la vida pública. Como niño que creció en esa época, guardo un recuerdo afectuoso de ella. Y voy a rendirle homenaje rescatando del olvido su autobiografía, Mis Secretillos (Editorial Blancur, 1993), publicada en el momento álgido de su etapa como presentadora de Telecupón

La primera parte del libro es una entrevista en la que Carmen Sevilla opina sin reservas sobre los más diversos asuntos. Ahí centraré mi atención. 

Se trata de una mujer conservadora que, por supuesto, está contra las drogas, el aborto, la excesiva vida sexual en la juventud… No obstante, de vez en cuando se ven signos de apertura. Por ejemplo, sí encuentra justificable el aborto cuando ha habido violación. Considera que la promiscuidad es mala, excepto “si se lleva metódicamente y bien”. Y no le parece mal que una mujer saque adelante a sus hijos “como sea, incluso puteando […]”. No le asquean, por añadidura, los homosexuales. 

Preguntada por el terrorismo, concretamente si tiene éste alguna disculpa, Sevilla es mucho más rotunda que Pablo Iglesias: “No, ninguna”. Su receta para esos casos es la pena de muerte. 

También expresa su parecer sobre la monarquía: “Lo que es un ejemplo para España y para el mundo son nuestros Reyes”. Destaca de ellos la seguridad y serenidad que aportan al país. Y remata con una afirmación con la que no podría estar más de acuerdo: “España, sin nuestros reyes, ya no sería España”.

A Franco le describe, sin complejo alguno, como “una figura imponente y maravillosa de la historia de España”. Recordando los años de aislamiento internacional, resalta “el tesón de Franco”. Hoy habría sido crucificada por estas palabras. 

La verdad es que es un alivio, viendo cómo está el panorama, leer algo de tan escasa corrección política. Los ejemplos son continuos. Para ella, el servicio militar es beneficioso. Del “último libro erótico de Madona [sic]” [imagino que Sex, 1992] señala que, si encontrara a su hijo pequeño leyéndolo, “me encantaría y le pediría que me lo prestara”. Tal declaración, en la actualidad, le habría valido la condena de los puritanos y sus observatorios e instituciones de control social. 

Termino con su opinión sobre Aznar. Aunque no le conoce, piensa que sería “un gran Presidente”, como efectivamente lo fue. “Me parece un gran hombre”, confiesa. En 1993 Felipe González estaba ya en decadencia, pero no eran muy frecuentes las alabanzas directas a Aznar. 

Esta autobiografía, como se ha visto, no tiene desperdicio, y queda claro que en los noventa se podía hablar con más libertad que ahora. ¡Qué lástima que ya no podamos disfrutar del salero y la gracia de Carmen Sevilla, artista inmortal!

NOTA: Este espacio permanecerá cerrado por vacaciones hasta el próximo día 24.