Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 28, 2014

EL GOBIERNO HA ENTERRADO LA CABEZA

Legislación abortada. La retirada del Anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Embarazada, uno de los mayores fiascos de la legislatura, ha arrastrado consigo a Gallardón, nefasto ministro y político indeseable, pero, ante todo, revela la cobardía del Gobierno y una ausencia total de estrategia o planificación.

Tiempo atrás apoyé esta regulación; no sin reservas, empero, pues había en ella, a mi juicio, disposiciones muy discutibles, en especial la eliminación del aborto eugenésico. No obstante, pese a las críticas y la polvareda levantada por las feministas, el Gobierno podría haberla aprobado.

Arriola dijo entonces que no, que iba a costar votos, y Rajoy ha reculado. He aquí un nuevo compromiso electoral incumplido, en tanto que Zapatero introdujo una ley de plazos en 2010 sin llevarlo en el programa de 2008 y sin consenso. En resumen, se manifiestan los complejos de una derecha que se avergüenza de sí misma frente al descaro y convicción de una izquierda a la que no se discute su ideología.

Dejando a un lado el fondo del asunto, es preciso examinar la manera en que el Gobierno y el partido que lo sostiene presentaron y arroparon el anteproyecto de ley: bien Gallardón obró por su cuenta y riesgo, sin informar a nadie de los detalles de la nueva regulación, bien los dirigentes del PP, aterrados por la furia abortista de la izquierda, no vieron otra escapatoria que decirse contrarios a la reforma. Sólo así es posible explicar la infame actuación, desde el punto de vista de la comunicación, que ha caracterizado a los populares.

La claudicación envalentona a la oposición y a los movimientos callejeros y decepciona a muchos votantes del PP (los más conservadores, si se quiere, pero votantes a fin de cuentas). Si uno no está dispuesto a batallar hasta el final, no debería anunciar su participación en una refriega. Otra opción habría sido plantear desde el principio una reforma light

El resultado para el Gobierno, al flaquear su voluntad en este asunto, ha sido una pérdida de tiempo y de crédito. Y no le sobra ninguna de las dos cosas. Se ha impuesto nuevamente el Rajoy timorato y pusilánime, el Rajoy de los titubeos, autista, pasivo y de discurso huero, a quien parece que le aburre gobernar, que quiere pasar desapercibido, sin hacer ruido, en un momento en que el país necesita un liderazgo fuerte y un mensaje no constreñido a tópicos y frases hechas.

El 9 de noviembre está a la vuelta de la esquina. Que el coraje que le ha faltado con el aborto lo demuestre el Gobierno en frenar la intentona separatista.

domingo, septiembre 21, 2014

REFORMAR LA SEGURIDAD SOCIAL PARA GARANTIZAR SU SOSTENIBILIDAD

El tristemente desaparecido José Barea, desde mediados de los años noventa, dedicó muchos estudios y reflexiones al crucial asunto de la viabilidad de la Seguridad Social española. El profesor manifestaba su zozobra ante el futuro del sistema de pensiones públicas y reclamaba reformas de alcance. Y es que se trata de un problema que no es coyuntural, es decir, originado por la crisis, sino estructural: en sus raíces se encuentra el envejecimiento de la población española, con una esperanza de vida que se alarga y una tasa de natalidad muy baja. Esta evolución demográfica, siguiendo a Barea, condiciona la evolución del gasto en protección social.

La Seguridad Social aparece consagrada en el artículo 41 de la Constitución, que establece que los poderes públicos “mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo”; y, de acuerdo con el artículo 50, también “garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”. 

La financiación se realiza a través de un sistema de reparto: los cotizantes actuales financian los gastos presentes, con la expectativa de que otros hagan lo propio en el futuro, de forma que, si disminuye el número de cotizantes y aumenta el de beneficiarios, la sostenibilidad del sistema queda amenazada.  

Las advertencias de Barea no eran infundadas, pues el panorama no es nada alentador. Actualmente, crece el número de beneficiarios de prestaciones de jubilación a la par que caen los cotizantes. Lo cual se ha visto agravado por la situación de paro masivo que todavía padece España.

A la luz de estas consideraciones, adelantar la jubilación a los sesenta años, como propone Pablo Iglesias, sólo puede tomarse como una broma pesada o la idea irreflexiva de quienes prometen cualquier cosa con tal de ganar votos. 

El Pacto de Toledo (1995) fue la respuesta a las serias dudas sobre la sostenibilidad del sistema. Desde entonces ha habido numerosas e importantes reformas, dos de ellas no lejanas en el tiempo. La primera fue operada por la Ley 27/2011, de 1 de agosto, sobre Actualización, Adecuación y Modernización del Sistema de la Seguridad Social, cuyas medida más relevantes son la elevación en dos años de la edad legal de jubilación (de los 65 a los 67) y restringir el acceso a la jubilación anticipada.

Y conviene mencionar igualmente la Ley 23/2013, de 23 de diciembre, reguladora del Factor de Sostenibilidad y del Índice de Revalorización del Sistema de Pensiones de la Seguridad Social. Modifica ciertos aspectos del factor de sostenibilidad, introducido por la Ley 27/2011, que es un instrumento que con carácter automático permite vincular el importe de las pensiones de jubilación a la evolución de la esperanza de vida de los pensionistas. En cuanto al índice de revalorización, considera el total de ingresos y gastos, incluido el efecto sustitución y el número de pensiones, estableciendo además unos límites máximo y mínimo que garantizan que en ningún caso el incremento de las pensiones será inferior al 0,25% ni superior al IPC más el 0,25%.

Estas reformas no han sido del agrado de los progresistas ultramontanos y sindicatos, que no tienen más receta que actuar sobre los ingresos del sistema, a pesar de que saben o deberían saber que, además de nocivo para la economía, sería insuficiente.  

domingo, septiembre 14, 2014

EL SISTEMA FINANCIERO Y UNO DE SUS TITANES

El sistema financiero es vital para el buen funcionamiento de la economía. En palabras de Schumpeter, “los servicios proporcionados por los intermediarios financieros –movilizar el ahorro, evaluar proyectos, gestionar el riesgo, supervisar a los gestores de las empresas y facilitar la realización de transacciones— resultan esenciales para impulsar la innovación tecnológica y el crecimiento económico”.

Los bancos –entidades de crédito-- no son más que intermediarios que ponen en contacto a ahorradores con prestatarios. Un servicio que está mal visto por esa izquierda trasnochada que continúa arremetiendo contra la banca y el capital, a pesar de que tiene dinero en fondos de inversión (Llamazares) o pide créditos para pagar deudas con Hacienda (Izquierda Unida).

Al más reciente cuestionamiento del sistema financiero han contribuido algunos tópicos y manipulaciones muy extendidos, de difícil erradicación.

Por un lado, se piensa que los bancos, además de ser los responsables de la crisis, tuvieron que ser rescatados con el dinero público. Pues bien, el Banco Santander, por citar el banco español más importante, no ha recibido ayudas públicas, a diferencia de todas esas cajas de ahorros pésimamente gestionadas por amigos de politicastros y sindicalistas. Pero algunos siguen tratando de engañar a la gente y hablan de un rescate a los bancos que nunca existió.

Por otro, hay una creencia muy fuerte que afirma que el sistema financiero, hijo enloquecido del capitalismo salvaje que nos asola, se halla desregulado, libre de ataduras, y que tal fue la causa de la crisis, la ausencia de una intervención pública que pusiera coto a la avaricia de los banqueros. Nada más alejado de la realidad, evidentemente, pues, tal y como apunta Rodríguez Braun, pocas actividades hay más reguladas que las que tienen que ver con el dinero y las finanzas. Quien lo dude no tiene más que echar un vistazo a la flamante Ley 10/2014, de 26 de junio, de Ordenación, Supervisión y Solvencia de las Entidades de Crédito.

A ojos de la izquierda a la que aludía arriba, Emilio Botín cometió el doble pecado de ser banquero y rico. No obstante, posiblemente lo que más irritaba a los progresistas era que gracias a su buena gestión el Santander se hubiera convertido en uno de los grandes bancos del mundo.

Su muerte ha vuelto a poner de relieve que gran parte de la izquierda hace política desde el lodazal más infecto. No hace falta sostener que Botín fue una figura inmaculada para sentir asco por todos los escupitajos que han arrojado sobre su tumba los rencorosos de turno. 

Es conocido que en España quien alcanza el éxito y se enriquece es objeto de vituperios, calumnias y rechazo. En lugar de emular a los triunfadores, se les desprecia con una avilantez digna de mejor causa. Políticos como Pablo Iglesias y su limpiabotas, Alberto Garzón, indudablemente prefieren a los pobres: por eso sus políticas crean millones de ellos cada vez que se aplican en algún país desgraciado.

No es mi deseo santificar a Botín, pero sí que se reconozcan sus méritos y la solidez del Banco Santander, en el que confían millones de clientes. Y que no caigan en el olvido su generosa actividad filantrópica y su colaboración con las universidades. Hemos perdido a un hombre de los que no abundan en la ajada piel de toro.  

domingo, septiembre 07, 2014

LA BATALLA CONTRA PODEMOS HA COMENZADO

A finales de agosto me encontraba hablando de política en una reunión con amigos. Uno de ellos, viendo que la conversación no tomaba una orientación clara, me hizo la pregunta clave: “¿Qué hay que hacer para detener a Podemos?”. Hoy el director de El Mundo da cuenta del ascenso del partido de Pablo Iglesias y ofrece recetas con la finalidad de frenarlo. Aunque este tema puede ser ya cargante, creo que la gravedad de las circunstancias requiere insistir.

España encara al comienzo de este curso político tres desafíos relacionados entre sí. La secesión de Cataluña, la recuperación económica y la pujanza del extremismo izquierdista de Podemos se hallan interconectados. Fracasar en uno de tales desafíos implica fracasar en los demás. 

Contesté a mi amigo que el Gobierno tenía no tanto que tomar decisiones espectaculares cuanto dejar de cometer errores tan palmarios como el de la reforma electoral; y, por otra parte, vender mejor sus propuestas más atractivas, como la reforma fiscal, y tratar de convencer a la opinión pública de que el populismo no es la solución a las dificultades actuales. Y añadí que los ciudadanos también podían contribuir a mermar la fuerza de Podemos, poniendo en entredicho sus propuestas o el historial de sus líderes y no dejándose intimidar por quienes tratan de silenciar a todo el que no considere a Podemos como una especie de salvación milagrosa. 

No es una tarea fácil. Podemos ha sabido aglutinar el enfado de buena parte de la sociedad española empleando unas formas novedosas y aparentemente inclusivas --uso masivo de redes sociales, asambleas-- y encaramado a un discurso complaciente, un discurso tramposo destinado a menores de edad mental. Conforme al mismo, la responsabilidad en los males propios y en los que padece la patria siempre es de otros (los ricos, la casta, los banqueros, Merkel, Bruselas…). El pueblo, cuando se haya liberado de ese yugo y de la democracia representativa, será feliz y próspero. Y esta revolución, con las incontables prebendas que traerá consigo, no tendrá coste alguno, porque se atribuye a la política y al voto unas propiedades taumatúrgicas. No es extraño, en este sentido, que el mismo nombre del partido revele cierto voluntarismo pueril.

En Podemos anida una variopinta representación de la sociedad española. Hay jóvenes que, convencidos de que son los mejores y más preparados, gritan: “Lo queremos todo y lo queremos ya (y que lo pague el vecino)”; hay radicales, antaño marginados, que ven su oportunidad de alcanzar el poder; hay miembros de la izquierda caviar que, hartos del PSOE y de la rancia IU, desean vivir emociones fuertes; hay gente mayor y casposa que pretende llevar a cabo ahora la ruptura que los españoles rechazaron en los años setenta; y hay, en fin, gente de buena fe, los ilusos que se han entusiasmado ante la mercancía averiada que con prodigiosa y frívola charlatanería les ha endilgado Pablo Iglesias. Los argumentos contra Podemos deben dirigirse preferiblemente hacia los primeros y los últimos.

Varias encuestas muestran un espectacular crecimiento del partido, pero es posible que la realidad de las urnas sea distinta. En todo caso, es mejor no confiar en que este fenómeno se desinfle solo o antes de causar daños graves. El problema es que la clase gobernante no está en las mejores condiciones --ni siquiera intelectuales-- para hacer frente a estos bolcheviques de nuevo cuño. De ahí la importancia de partidos como UPyD o Ciudadanos, de pensadores independientes y críticos y, cómo no, de los ciudadanos en general, que no deberían dejarse engañar tan fácilmente. Por suerte, he conocido ya unos cuantos casos de gente que, tras una primera impresión favorable de Podemos, se ha ido percatando de su radicalismo, de su cercanía a las fracasadas ideas chavistas (el naufragio de Venezuela no ayuda a los que, como Iglesias, Errejón y Moneypenny, han sido formados allí para actuar aquí) y de lo inviable o perjudicial para la economía de su programa. 

Mi consejo es tener presentes los siguientes argumentos y ser capaces de usarlos cuando alguien empiece a hablar elogiosamente de Podemos. Primero, que, aun cuando España no esté en su mejor hora, el bacalao que vende Pablemos no va a aliviar la sed de nadie. Segundo, que Pablemos no es un partido que deba gozar de inmunidad por el mero dato de su novedad o haber obtenido unos resultados llamativos en unas elecciones secundarias. Tercero, que en España los jueces y tribunales están investigando y castigando la corrupción y que no hay razones serias para sustituir por completo el régimen constitucional de 1978. Y cuarto, que la economía está recuperándose y que para vivir bien no es necesario entregar nuestra alma a un partido que promete un paraíso colectivista.