Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 12, 2017

LA (ESCASA) RELEVANCIA DEL 15-M


Desde la aparición de Podemos en 2014, se ha venido exagerando la importancia en la política española del movimiento del 15-M o de los indignados. De esta forma, pareciera que muchos de los cambios que se han producido últimamente y gran parte del discurso político actual se deben a dicho movimiento. Lo cual es falso y no resiste el menor análisis.
 
Sin embargo, a la izquierda española le ha interesado apropiarse de ese símbolo y concederle una significación que no tuvo. Ello se ve con claridad, por ejemplo, en la placa que el Ayuntamiento de Madrid pretendía colocar en la Puerta del Sol, que decía así: “Dormíamos, despertamos”. Dejando al margen la cursilada, habitual en las gentes de Podemos, salta a la vista esa voluntad de magnificar un acontecimiento más bien anecdótico.
 
El quince de mayo de 2011 una muchedumbre se reunió en la Puerta del Sol; muchos de sus participantes acamparon allí los días siguientes. Eran, sobre todo, jóvenes que habían llegado a la peligrosa conclusión de que los demás les debían algo. También reclamaban una democracia real que ellos pusieron en práctica: vimos asambleas donde se decidía a mano alzada sobre lo humano y lo divino. En la Puerta del Sol se instaló una especie de poblado chabolista y se organizaron comisiones para todo. Se dijo que los indignados expresaban el hartazgo de la sociedad española ante la crisis, los recortes y la corrupción, y que no pertenecían a una ideología determinada, a pesar de que la mayoría de sus ideas eran propias del colectivismo más ramplón. 
 
Era primavera, hacía buen tiempo y, como apuntó un analista, Zapatero estaba deseoso de unirse a los que protestaban en las plazas. La bobada se puso de moda. A la postre, ¿cuál fue su verdadero efecto? El PP ganó de forma abrumadora las elecciones municipales y autonómicas. Los jóvenes rebeldes acabaron abandonando las plazas, supongo que se fueron de vacaciones. En las elecciones generales de diciembre de 2011, el PP obtuvo mayoría absoluta. Los objetivos de los indignados, así pues, no se vieron respaldados por las urnas. Y tampoco alumbraron ninguna propuesta política novedosa. Todo el programa de los indignados se resumía en que los otros les pagaran sus sueños. 
 
Con todo, es cierto que fue un tipo de protesta relativamente novedosa en España y que supuso un toque de atención a la clase política. Desde mi punto de vista, lo alarmante fue descubrir el grado de infantilización de la llamada generación mejor preparada de los tiempos y su anhelo de intervencionismo estatal en todos los campos. Es evidente que eso dio pistas a sujetos como Pablo Iglesias sobre la existencia de un granero de descontento que podría aprovechar con facilidad. 
 
¿Y por qué a la izquierda le interesa tanto? Además de compartir ideario con los indignados, hay que tener en cuenta que muchos extremistas y comunistas como el pijo Agarzón viven una vida de frustraciones, pues quisieran hacer una revolución, pese a que seguramente no podrían organizar una ni en el patio del colegio. Para ellos, lo acontecido el 15-M, con esas plazas privatizadas por los indignados para sus improductivas actividades y sus eslóganes fáciles, es lo más parecido que verán a una revolución, por lo que les interesa capitalizar el movimiento y convertirlo en la base de su actuación política.  
 
En cuanto a Podemos, el intento de ligar su origen al 15-M tiene la misma explicación. Sin embargo, Podemos no se formó en las plazas ni en asambleas inspiradas en el 15-M, sino en los despachos de cierta facultad desacreditada, y su éxito se debe más a los esfuerzos de dos televisiones privadas que a la toma revolucionaria de las calles.

domingo, enero 29, 2017

UNA PARTICIPACIÓN INDESEABLE



El Ayuntamiento de Madrid está promoviendo la participación ciudadana. Así, ha jugueteado ya con presupuestos participativos y con consultas a los vecinos sobre ciertos temas. ¿Hasta qué punto pueden funcionar o ser saludables estas fórmulas?
 
Es grande mi escepticismo. En una democracia representativa, la toma de decisiones corresponde a los representantes, tarea para la que han sido elegidos. Consultar de forma constante a la ciudadanía no es sino una vía de eludir responsabilidades por parte de los políticos. Si algo sale mal a posteriori, siempre podrán poner como excusa que el pueblo decidió. La trampa radica en que las más de las veces los ciudadanos no cuentan ni con la capacidad ni con la información necesarias para enfrentarse a esas decisiones, de manera que se deja guiar por lo inmediato, lo visceral o lo más apetecible a corto plazo. La opinión pública es sumamente voluble. 
 
Las últimas iniciativas del Ayuntamiento gobernado por la enajenada Manuela Carmena ejemplifican lo expuesto hasta ahora. En una carta dirigida a los vecinos, un tal Gregorio Planchuelo, alto cargo municipal, llama a votar sobre varias propuestas (una de ellas es un catálogo de disparates ecologistas concebido por un grupo de presión verde). Las deficiencias de esta supuesta invitación a participar son múltiples. 
 
Por lo pronto, considero una grosería que el señor Planchuelo trate de tú al vecino en su carta, en vez de usar el tratamiento de usted, que es el más respetuoso en español y el que cabría esperar de una Administración que se dirige al ciudadano. En segundo lugar, la información sobre ambas propuestas sometidas a consulta es incompleta, ya que ni en la carta ni en la página abierta en Internet se precisa o al menos estima el coste presupuestario que tendría su implementación: esta clase participación ciudadana es fraudulenta, porque no se puede decidir únicamente sobre la base de unas proclamas muy adornadas pero probablemente costosas. Por último, los muy someros informes sobre la competencia del Ayuntamiento adolecen de imprecisión (por ejemplo, se asegura con total ligereza que el Ayuntamiento “puede  intentar  llevar  a  cabo  la  mayoría  de  las  iniciativas, aunque probablemente no todas sean ejecutables a nivel municipal”), lo que pone de relieve que no se trata tanto de conseguir resultados, sino de vender humor al ciudadano. 
 
Todo esto, además, no sale gratis al contribuyente. Detrás de los cauces participativos hay dinero público financiando personal, instalaciones, páginas en Internet, correspondencia, votaciones… Por tanto, la participación diseñada por Carmena es tan engañosa como gravosa. 
 
Creo que los políticos o representantes deben dedicarse a su papel, el de adoptar decisiones que posteriormente serán examinadas en las urnas, y dejar en paz a los ciudadanos en la medida de lo posible. La participación directa, siempre bajo la premisa de que se proporcione toda la información relevante, debe quedar reservada a casos excepcionales (en los términos del art. 92 de la Constitución).

domingo, enero 08, 2017

"ROGUE ONE": LA ESPERANZA DE JYN Y LAS ASPIRACIONES DE KRENNIC



Toda película con el sello Star Wars siempre genera las más altas expectativas. En el caso de Rogue One: A Star Wars Story (2016), los adelantos pusieron el listón muy alto y, a mi entender, el hecho de que no perteneciese a una trilogía incrementaba el interés por ella, en la medida en que sería una entrega con menos ataduras. 
 
Debo decir que Rogue One no me decepcionó, aunque tenga algunos defectos. No parece necesario compararla con The Force Awakens (2015), que perseguía una finalidad distinta y estaba obligada a sentar las bases de una nueva trilogía, en tanto que Rogue One se desarrolla en un contexto ya conocido por el espectador. 
 
El filme se abre con una brillante escena que me recuerda al inicio de Malditos bastardos (2009). El ambicioso director Orson Krennic (Ben Mendelsohn) exige la ayuda —voluntaria o, si no, a la fuerza— del científico Galen Erso (Mads Mikkelsen), un antiguo colaborador renegado, para completar una poderosa arma de destrucción masiva que garantice la paz en la galaxia, aunque sea la paz de los cementerios. Se produce un tiroteo y la hija de Galen, Jyn, contempla la muerte de su madre y el rapto de su padre. Ella consigue escapar, pero su infancia ha terminado. 
 
La trama, como es de sobra conocido, gira en torno al robo de los planos de la Estrella de la Muerte. Sin llegar tener tanto peso en la trama, este mismo tema —aquí se trataba de los planos de la segunda Estrella de la Muerte— aparecía en la novela Shadows of the Empire (1996), de Steve Perry. En cualquier caso, la misión implica un tour de force harto gozoso (con el consiguiente desfile de nuevas unidades militares y vehículos, tanto imperiales como rebeldes).
 
Rogue One es, sobre todo, una película bélica que no escatima tiros ni explosiones, amén de presentar un aceptable body count. Son numerosos los aciertos, como la apuesta por el tono sombrío y serio, las apariciones estelares de personajes míticos, el final heroico y la trabazón con el episodio cuatro. Lo peor es que sobran explicaciones en el último tramo y que de los adelantos a la película se han perdido varias escenas prometedoras.
 
Un problema puesto de relieve por varios críticos es que los personajes no tienen una buena caracterización, lo que se debe a un ritmo acelerado, a un elenco numeroso y a la sucesión de batallas. Es cierto que Jyn (Felicity Jones) es algo fría y que Cassian Andor (Diego Luna) no da mucho de sí, pero, a pesar de todo, su gesta contra el Imperio es emocionante y hay en ellos un cierto halo fatalista que a mí me seduce. Por su parte, el androide K-2SO (Alan Tudyk) es encantador. 
 
En cuanto al villano, ninguna objeción. Después de muchos Sith, era conveniente alguien más normal, más humano. Krennic no es más que un burócrata que pretende ascender en la jerarquía imperial gracias a un proyecto colosal, la Estrella de la Muerte. Pero su camino a la cima se ve obstaculizado por figuras más principales… En este sentido, creo que es un personaje interesante, pues permite explorar nuevos ángulos de la lucha por el poder en el Imperio.
 
En última instancia, en Rogue One confluyen la esperanza en que Jyn transforma su rencor, pagando un alto precio, y las aspiraciones que finalmente ahogan a Krennic. La conflagración resultante es digna de verse. Una aportación, en definitiva, más que destacable al Universo Star Wars.